CAPÍTULO 25 — Un Manuscrito Robado
BLOQUE 1
A apenas cinco kilómetros de Santiago, con la propia tensión acumulada de toda la mañana alcanzando un punto crítico, el ataque finalmente llegó, considerablemente más sofisticado que cualquier intento anterior: un vehículo,
apareciendo desde una vía de acceso lateral que Otero no había logrado cubrir completamente dada la extensión del propio dispositivo de seguridad, embistió deliberadamente uno de los vehículos de apoyo, generando una confusión considerable que varios hombres armados,
surgiendo de inmediato desde la propia vegetación circundante, aprovecharon con precisión evidente.
En el caos resultante, con el propio equipo de seguridad respondiendo de inmediato pero momentáneamente desorganizado por el impacto inesperado, uno de los atacantes logró, en apenas segundos, arrebatar la mochila que Baltasar llevaba consigo, la misma que contenía el propio manuscrito original,
antes de desaparecer corriendo hacia el mismo vehículo de escape que había provocado la propia colisión inicial.
---¡Se lo llevaron! ---gritó Gabriel, con una desesperación considerable, mientras el vehículo de los atacantes se alejaba a toda velocidad por la propia vía lateral.
BLOQUE 2
Otero, coordinando de inmediato la persecución con los recursos disponibles, ordenó al propio helicóptero de vigilancia, todavía sobrevolando la zona por precaución, que iniciara el seguimiento inmediato del vehículo en fuga,
mientras dos coches patrulla adicionales se sumaban a la persecución terrestre.
Baltasar, todavía conmocionado por la propia violencia del ataque pero sin ninguna herida física evidente más allá de algunos golpes menores sufridos durante la propia confusión inicial, sintió una desesperación considerable ante la pérdida del objeto que había protegido durante toda su vida adulta.
---No puede terminar así ---dijo, con la voz quebrada por la propia angustia del momento---. No después de todo lo que recorrimos juntos.
Gabriel, sintiendo la misma desesperación pero intentando mantener la calma necesaria para coordinar una respuesta efectiva, se dirigió a Baltasar con una determinación que buscaba, sobre todo, ofrecer algo de consuelo genuino en medio de aquel momento crítico.
---Tenemos la traducción completa, Baltasar ---le recordó---. El conocimiento está a salvo, exactamente como usted mismo dijo esta mañana. Pero vamos a recuperar también el manuscrito original. No nos vamos a rendir tan cerca del final.
BLOQUE 3
El helicóptero, siguiendo de cerca al vehículo en fuga a través de las calles cada vez más urbanizadas de las afueras de Santiago, confirmó por radio la propia ruta que los atacantes intentaban seguir,
aparentemente buscando perderse entre el tráfico más denso de la propia ciudad antes de que la persecución terrestre pudiera alcanzarlos directamente.
---Se dirigen hacia el propio centro histórico ---informó el piloto, con la voz tensa por la propia velocidad de los acontecimientos---. Van a intentar perderse entre las calles estrechas donde ningún vehículo patrulla puede seguirlos con la misma rapidez.
Otero, procesando aquella información con rapidez considerable, coordinó de inmediato con las unidades a pie ya desplegadas dentro del propio centro histórico como parte del dispositivo de seguridad establecido semanas atrás para proteger el museo catedralicio.
---Necesitamos interceptarlos antes de que lleguen a cualquier punto donde puedan perderse completamente entre la multitud ---dijo, con una urgencia considerable---. Todas las unidades disponibles, conviértanse en esto ahora mismo.
Gabriel, todavía junto a Baltasar mientras el propio vehículo de apoyo los trasladaba de emergencia hacia el centro de la ciudad, sintió que la propia carrera final hacia Santiago, que había imaginado como un momento de alivio y celebración compartida, se había transformado, en cuestión de segundos,
en la persecución más urgente y más incierta de toda aquella larga saga compartida.