CAPÍTULO 22 — Refugio en Lavacolla
BLOQUE 1
Lavacolla, la última parada tradicional antes de la propia entrada final a Santiago, recibió al grupo con un despliegue de seguridad todavía más considerable que cualquiera de las etapas anteriores,
con Otero coordinando personalmente cada detalle junto a refuerzos adicionales que la propia Policía Nacional había enviado desde Santiago dada la gravedad creciente de la situación completa.
---Apenas diez kilómetros nos separan ya de la propia catedral ---informó Otero, mostrando el mapa final del trayecto restante ante todo el equipo reunido---.
Vamos a completar esta última etapa con la máxima protección posible: escolta completa, vehículos blindados disponibles para cualquier emergencia, y coordinación directa con la propia seguridad reforzada que ya establecimos en el museo catedralicio.
Baltasar, considerablemente más cansado tras días enteros de tensión constante, pero con una determinación que parecía, si acaso, fortalecerse a medida que el propio destino final se acercaba, escuchó aquella planificación con una atención considerable.
BLOQUE 2
---Cuénteme sobre esta tradición, doctor Llorente ---pidió, durante un breve momento de descanso compartido junto a Gabriel---. Sé que Lavacolla tiene algún significado histórico particular para los peregrinos, pero nunca tuve tiempo de aprenderlo bien.
Gabriel, agradeciendo aquella breve distracción académica en medio de tanta tensión acumulada, ofreció una explicación que reflejaba su propia formación en simbología del Camino.
---Durante siglos, los peregrinos medievales se bañaban aquí mismo, en el propio arroyo que da nombre al lugar, purificándose antes de entrar finalmente a la ciudad santa ---explicó---. Un último ritual de preparación, físico y espiritual a la vez, antes del momento culminante de todo el viaje.
Baltasar, considerando aquella explicación con una sonrisa cansada pero genuina, ofreció su propia reflexión sobre la coincidencia simbólica de aquel momento particular.
---Entonces esta noche, aquí mismo, representa mi propia purificación final antes de completar lo que mi familia protegió durante generaciones ---dijo---. Me parece apropiado, considerando todo lo que tuvimos que atravesar para llegar hasta aquí.
BLOQUE 3
Lucía, uniéndose a la conversación con la misma calidez que había definido su relación con Baltasar a lo largo de todo el trayecto compartido, ofreció una reflexión adicional sobre el propio significado de aquella última noche antes del final.
---Mañana completamos algo que empezó hace cuatrocientos años, con un monje huyendo de un monasterio sellado, y que continuó durante generaciones enteras de su propia familia ---dijo---.
Me parece que merece, esta noche, algo más que simple vigilancia tensa.
Merece también un momento de descanso genuino, aunque sea breve.
Otero, escuchando aquella reflexión mientras terminaba de coordinar los últimos detalles del propio dispositivo de seguridad para la noche, ofreció su propia garantía sobre la protección completa que mantendrían hasta el amanecer.
---Van a poder descansar con la mayor tranquilidad posible dadas las circunstancias ---confirmó---. Mi gente no va a bajar la guardia ni un solo instante, pero eso no significa que ustedes no puedan aprovechar esta última noche para recuperar fuerzas antes de la etapa final.
Baltasar, aceptando finalmente aquella invitación al descanso con un alivio evidente, se retiró hacia su propia habitación protegida con una calma que reflejaba, después de tantos días de tensión acumulada, la proximidad genuina de un final que llevaba cincuenta años esperando alcanzar.