El último en salir del Portal 7 Capítulo 8 El trabajo de los otros
85%

Capítulo 8 El trabajo de los otros

El trabajo de los otros

Durante los dos días siguientes, el Café Aurora recuperó una parte de su ruido habitual.

Volvieron las cucharillas contra los platillos, las conversaciones junto a la ventana y las personas que pedían un café mientras buscaban dinero en todos los bolsillos.

La puerta del patio siguió cerrada. Las cajas no podían devolverse todavía.

Clara procuraba atender sin mirar el teléfono cada vez que se iluminaba.

Pilar había guardado las listas en una carpeta. En la libreta nueva anotaba horarios y pedidos. El sobre de Inés estaba preparado; habían quedado en entregárselo cuando se acercara al café. Ramiro seguía recibiendo preguntas sobre la vajilla. Doña Amparo había dejado de repetirlas.

—Cuando devuelvan las fuentes, se notará —dijo una mañana—. Teresa tendrá que hacer varios viajes.

Migas intentaba entrar en una caja vacía de servilletas. La idea de que hacía falta más espacio no parecía preocuparlo. Metió primero la cabeza, luego una pata y, por último, una parte del cuerpo que la caja no estaba preparada para alojar. Pilar se agachó y lo sacó antes de que volcara.

—Esta tampoco.

Clara apartó la caja del paso. Era nueva y no contenía vajilla, pero la cogió con un cuidado que antes no habría tenido. El teléfono sonó cuando estaba guardándola. Aranda le pidió que pasara por la comisaría con sus notas.

Los resultados que esperaban habían llegado.

* * *

Clara terminó de servir una mesa antes de salir. Pilar se quedó detrás de la barra.

—¿Te ha dicho algo más?

—Que quiere repasar conmigo unas cosas.

Clara sacó las hojas del cajón. Había anotado el recuerdo de la fuente, las palabras de Darío y la última conversación con Berta. Las puso en orden sin añadir nada. Pilar miró el montón.

—Llámame cuando puedas.

Clara asintió. En el vestíbulo guardó las notas dentro del bolso y salió a la calle.

La comisaría le pareció más tranquila de lo que esperaba.

Alguien hablaba por teléfono detrás de una puerta.

Una mujer esperaba sentada con una carpeta sobre las rodillas.

Clara dio su nombre y aguardó a que la avisaran.

Aranda fue a buscarla. La condujo a una sala pequeña, con una mesa, varias sillas y una bandeja de documentos en un extremo.

Clara dejó el bolso junto a los pies y sacó las hojas.

Aranda miró las hojas sobre la mesa.

—Antes de repasarlas, quiero explicarte lo que hemos confirmado.

Clara dejó las manos junto a sus notas. El inspector abrió una carpeta.

* * *

En la mano del mortero habían encontrado sangre de la víctima.

Aranda lo dijo con claridad, sin mostrarle fotografías del cuerpo.

—El objeto es compatible con la lesión que le causó la muerte.

Clara recordó el mortero en la encimera y la caja abierta de Teresa. Ella solo había visto el platillo roto; los policías habían revisado lo que había debajo.

—Estaba entre las devoluciones de Teresa —murmuró.

—Sí.

Aranda dejó pasar un momento.

—Eso nos sitúa el objeto en una caja accesible durante la recogida. No identifica por sí solo a quien lo guardó.

—Teresa explicó que habría envuelto la pieza aparte —dijo Clara.

—Lo tenemos anotado. Hemos comprobado cómo estaban las cajas y quiénes recuerdan haber guardado vajilla.

El inspector abrió otra parte de la carpeta.

—El delantal de Berta contiene sangre de Aurelio.

Clara dejó de mirar las notas. Clara vio en su memoria la tela color arena, doblada de manera desigual y con una cinta asomando. La habían recogido el primer día.

—¿Es seguro que es de él?

—La identificación es concluyente.

Aranda le mostró una fotografía de una zona del delantal. Clara reconoció la tela lisa. La marca ocupaba poco espacio y quedaba cerca de un pliegue. Clara no habría sabido qué era aquella marca mirando solo la imagen. Aranda retiró la fotografía.

—El análisis identifica la sangre, pero no la hora del contacto ni lo que estaba haciendo quien llevaba el delantal. Lo valoramos con lo demás.

* * *

Aranda le preguntó de nuevo por la mañana del hallazgo. Clara describió la llegada de Berta al café, la conversación con Pilar y el momento en que el inspector la había llamado para hablar.

—¿Entró en el patio?

—Yo no la vi entrar. Se quedó allí, en el café.

Aranda comprobó una anotación.

—El acceso estaba controlado. No estuvo con el cuerpo después de que lo encontraras.

Clara recordó al agente junto a la puerta interior y a Berta sentada con el bolso sobre las rodillas. Berta había llegado después de los sanitarios y se había quedado en el café. No había participado en la asistencia ni se había acercado a Aurelio aquella mañana.

—Y Darío la vio con el delantal puesto en su vuelta —dijo.

—Mantiene esa identificación. La vio de frente y habló con Aurelio. Su relato sitúa a los dos en la habitación de apoyo cuando regresó por las últimas sillas.

Clara había visto a Berta quitarse el delantal. Darío la había encontrado con él puesto después, junto a Aurelio. Esa misma prenda contenía sangre de la víctima.

—Berta dice que lo dejó vivo.

—Esa es su última versión.

Clara miró sus notas. La salida que Berta describía no estaba corroborada.

—¿Ha explicado la sangre?

—Por ahora no ha ofrecido una explicación que encaje con los contactos que hemos podido comprobar.

El inspector cerró la sección de las fotografías.

* * *

Después de salir del Portal 7, Inés había ido a ayudar a una vecina enferma. La mujer confirmó la visita y el tiempo aproximado que permaneció en su casa. Aranda había contrastado ese tramo con la salida de la cena y la recogida.

—Su visita encaja con el tramo en que Darío volvió al patio —dijo Aranda.

Clara bajó la vista. Había confiado en Inés por cómo la había visto trabajar y por lo que le contó del empleo perdido. Ahora escuchaba una comprobación independiente.

—Nos contó que se enfadó más con Aurelio de lo que había dicho al principio —añadió Clara.

—También lo explicó aquí. El enfado no cambia el recorrido que hemos podido contrastar.

Aranda pasó a Darío y Teresa. Sus declaraciones independientes sostenían la vuelta al Portal 7, la espera de Teresa en la calle y el trayecto hasta la tienda.

Las comprobaciones corroboraban esa secuencia, aunque no daban una imagen de cada minuto de la noche.

Darío había dado aquella información tarde y solo después de que Teresa preguntara por la herramienta.

—La omisión sigue siendo seria —añadió Aranda—. Pero su explicación y la de Teresa coinciden en el recorrido. También identifica a Berta junto a Aurelio vivo.

Clara recordó el destornillador rojo. Darío había admitido que lo dejó en la encimera sin decírselo a Teresa. La herramienta tenía ya un trayecto comprobable. Aranda dejó la carpeta cerrada un momento.

—Los datos reunidos centran la investigación en Berta. Los motivos de los demás se han comprobado junto con sus movimientos y con la evidencia material.

Clara soltó el aire despacio. La policía había contrastado la vuelta que Darío ocultó, la ayuda que Berta exageró y el conflicto de Aurelio con cada uno.

* * *

Aranda le pidió las notas de la fuente. Clara las extendió sobre la mesa.

—Quiero que repasemos el orden una vez más —dijo—. Tu observación, después la de Pilar y Teresa.

Clara señaló la primera línea.

—Vi la fuente del pisto todavía con comida cuando fui hacia el café. Berta venía con nosotras y llevaba el delantal doblado.

No añadió lo que había supuesto sobre su salida.

—En el vestíbulo nos dio las buenas noches. Yo entré en el Aurora. Pilar dejó la bandeja y luego volvió al patio con los recipientes.

Aranda siguió el texto.

—Teresa vació la fuente delante de Pilar.

—Sí. Eso lo explicaron ellas. Después la dejaron para fregar.

Clara pasó a la última línea.

—A la mañana siguiente la encontré limpia y seca en el escurridor.

—¿Y qué decía Berta? —preguntó Aranda.

—Que la habían dejado lavada y seca Inés y ella, antes de despedirse. Pilar le preguntó si hablaba de la blanca de Teresa. Respondió que sí.

—Inés reconoce que Berta ayudó.

—Con los vasos y algunos platos. No niega esa colaboración.

Clara dejó de señalar la hoja. Haber visto a Berta secar vasos hacía verosímil el resto de su relato, aunque la fuente todavía se utilizaba en el patio.

—Se apoyó en el trabajo de Inés —dijo Clara—. En algo que sí ocurrió.

Aranda permaneció atento.

—Colocó el lavado antes de despedirse. Así todo lo que decía haber hecho quedaba en el rato en que trabajó con Inés.

Aranda siguió las líneas sin interrumpirla.

—Después dijo que podía haber confundido los recipientes —continuó—. Y yo pensé que era posible.

Aranda asintió.

—Era una explicación que había que comprobar.

—Podía haber exagerado su ayuda y después quedarse a hablar con Aurelio. Eso no explicaba aún quién lo agredió.

Clara miró la carpeta donde Aranda había guardado la fotografía del delantal.

* * *

La explicación que empezaba a reunirlo todo era más sencilla que las distintas versiones de Berta.

Berta había vuelto al patio y Darío la había visto con el delantal puesto, junto a Aurelio vivo.

La agresión tenía que ser posterior. La mano del mortero terminó en la caja de Teresa y Berta se llevó a casa una prenda con sangre de la víctima.

La fuente apareció limpia a la mañana siguiente.

Clara repasó lo que conocían antes de arriesgar una explicación para la fuente.

—Creo que habló de la fuente porque la había fregado —dijo al fin—. Solo que más tarde.

Aranda mantuvo la mirada en ella.

—Esa reconstrucción encaja con los datos que hemos reunido.

—Pudo contar una tarea real, pero trasladándola al rato en que estuvo con Inés.

Recordó la rectificación de Berta: había ayudado menos de lo que parecía, Inés había trabajado más, pero mantenía que habían dejado lista la fuente del pisto.

—No necesitaba inventarse toda una noche —añadió—. Bastaba con que aceptáramos el orden en que la contaba.

Aranda miró las notas.

—Y con que dierais por hecho que la despedida era una salida.

Clara miró la última línea de sus notas.