El último en salir del Portal 7 Capítulo 5 La fuente del pisto #2
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Capítulo 5 La fuente del pisto #2

—En la lista pone «fuente», pero no cuándo quedó vacía.

—La encontré limpia en el escurridor —respondió Clara.

Ramiro recorrió la línea con el dedo sin añadir nada. Pilar guardó el pan y volvió junto a ellas.

—He estado a punto de decirle a Teresa que Aurelio debió de hacerlo.

—Fue lo que pensé yo cuando la vi —respondió Clara.

Clara miró la línea de la fuente. Aurelio se había ofrecido a recoger y ella había encontrado el trabajo hecho. Eso había bastado para atribuírselo.

—¿Alguien lo vio? —preguntó Ramiro.

Clara recordó el zapato junto al armario. Lo había visto después de comprobar que el fregadero estaba limpio. El hallazgo del cuerpo le había borrado aquella primera impresión, pero no la explicación que había aceptado.

* * *

Aranda llamó al final de la tarde. Había hablado con Teresa, con Pilar y de nuevo con Inés. Clara lo escuchó detrás de la barra, mientras Pilar retiraba las mesas de la ventana.

—Sus recuerdos permiten situar la división del pisto después de la despedida que me habéis descrito —dijo.

—Antes de eso, la fuente no podía estar lavada —dijo Clara.

—Seguía utilizándose. Inés también ha precisado lo que fregó.

Clara esperó. Aranda continuó:

—He pedido a Berta que aclare su versión.

—¿Qué ha dicho?

—Que pudo confundir los recipientes. Que secó una fuente durante la preparación y la ha mezclado con lo que hizo al final. También reconoce que quizá exageró su ayuda.

Clara dejó de mirar el papel. La explicación no era imposible. Pilar acababa de confundir dos llamadas con dos viajes al patio y Teresa había dejado que la felicitaran por platos de otras personas. Clara sabía que una exageración no era prueba de un crimen. Pero Berta había nombrado el pisto.

—Cuando lo contó aquí, Pilar le preguntó si hablaba de la blanca de Teresa —dijo—. Berta respondió que sí.

—Tenemos esa información.

Clara apoyó la cadera contra el armario.

—¿Sigue diciendo que se fue después de despedirse?

—Sí.

Clara apoyó la cadera contra el armario.

—Si se confundió de fuente, pudo marcharse como dice —observó.

—Esa es una posibilidad que tenemos que comprobar.

—Y si lavó realmente la del pisto, lo hizo después.

Aranda dejó pasar un instante.

—Por eso importa la secuencia que habéis recordado.

Aranda le pidió una última precisión sobre dónde estaba cuando había oído las buenas noches. Clara describió la puerta interior, la panera y la bandeja de Pilar.

—Yo entré aquí —dijo.

—Lo tengo anotado.

Al colgar, Clara dejó el teléfono boca arriba. Pilar se acercó.

—¿Qué ha dicho?

Clara le contó la explicación de Berta. Pilar miró hacia la puerta.

—Puede haberse confundido.

—Puede.

—Pero sabemos que esa fuente se lavó después —añadió Clara.

Pilar miró la hoja y asintió.

* * *

Berta llamó poco antes de que cerraran. Pilar atendió y, después de escuchar unos segundos, miró a Clara.

—Estamos las dos.

No puso el altavoz. Pasó el teléfono cuando Berta pidió hablar con ella. Clara se apartó del fregadero.

—Hola.

—Aranda me ha preguntado por lo de la fuente.

La voz de Berta conservaba su tono habitual, aunque hablaba algo más deprisa.

—Sí.

—Quería aclarártelo también a ti. Yo ayudé a Inés. Eso lo recuerdo bien. Pero con tantas cosas entrando y saliendo, puede que haya mezclado momentos.

Clara miró el paño que tenía en la mano y lo dejó sobre la barra.

—Inés dice que secaste vasos y acercaste platos.

—Claro. Estuve con ella.

—La fuente del pisto la vaciaron Teresa y Pilar después.

Berta tardó un poco en responder.

—Entonces sería otra.

Clara escuchó un pequeño ruido al otro lado, como si Berta hubiera cambiado el teléfono de mano.

—Había otras fuentes en la encimera durante la preparación. Debí de secar una de esas y luego mezclé los recuerdos. La del pisto es la que más recuerdo de la cena.

—Eso tienes que explicárselo a Aranda.

—Ya se lo he explicado.

La respuesta salió con cierta impaciencia. Berta respiró y suavizó la voz.

—No quería que pensarais que estoy intentando quitarle trabajo a Inés. Sé que hizo mucho más.

Clara se quedó mirando la libreta de Pilar. Al nombrar a Inés, Berta situaba aquella tarea en el rato en que habían trabajado juntas. Clara volvió a mirar la hora de salida que había anotado.

—Lo importante es saber qué ocurrió —dijo.

—Por eso he querido llamar.

Al otro lado se hizo un silencio. Clara no sabía dónde estaba Berta ni qué hacía mientras hablaban.

—Yo me despedí y me fui —añadió Berta—. Lo demás tendría que preguntárselo a quienes siguieron allí.

Clara sostuvo el teléfono sin moverse.

—Aranda está hablando con todos.

Berta dijo que esperaba que se aclarara pronto. Después pidió que saludara a Pilar y colgó. Clara devolvió el aparato. Pilar la miró.

—¿Qué te ha parecido?

Clara recogió el paño.

—Ha corregido lo que dijo.

—¿La crees?

—Creo que ayudó a Inés. Lo que no sé es qué hizo después.

Pilar apoyó el teléfono junto a la caja.

—Yo tampoco.

* * *

Cerraron con menos cosas pendientes que la noche de la cena.

Pilar limpió las mesas. Clara revisó la cafetera y guardó el pan.

Ramiro se había llevado su carpeta, y Teresa había recuperado el recipiente de las lentejas con la tapa correcta.

Migas esperó junto a la puerta interior cuando Clara fue al vestíbulo para comprobar que todo quedaba cerrado.

No lo dejó pasar. El gato protestó, se frotó contra su tobillo y regresó al café.

Clara permaneció un momento donde Berta les había dado las buenas noches.

Desde allí no podía ver la mesa donde habían servido el pisto. La había visto antes, al salir del patio, todavía con comida. Eso lo recordaba antes de que Teresa contara cómo la había repartido. Pilar apareció en la puerta del café.

—¿Vienes?

Clara se volvió.

—Sí.

Entró y cerró detrás de ella. Sobre la barra seguía su hoja. Clara la guardó. Si Berta se había confundido de fuente, aquella parte de su versión aún podía sostenerse. Si había fregado realmente la del pisto, lo había hecho durante un tramo de la noche en el que decía estar fuera.