El último en salir del Portal 7 Capítulo 2 Los platos de la mañana #3
30%

Capítulo 2 Los platos de la mañana #3

—Traje platos, fuentes y algunas cosas para preparar la salsa —dijo, antes de que él preguntara—. Puedo hacer una lista. Hay cosas mías y otras que pedí prestadas.

—Nos vendrá bien.

Teresa asintió.

—Pero no lo he recogido todo yo. Había bastante gente entrando y saliendo.

Aranda le indicó la mesa. Clara volvió a la barra. Las cuatro cucharillas de la mañana seguían en la bandeja.

* * *

Inés fue la última en llegar. Traía una chaqueta oscura y un bolso pequeño.

No parecía recién levantada. Tenía el pelo peinado y las manos enrojecidas, como si hubiera estado trabajando antes de recibir la llamada.

El agente de la entrada le indicó que pasara.

Inés miró primero a Berta. Después a Teresa, que estaba hablando con Aranda. Finalmente buscó a Pilar.

—¿Me han llamado por Aurelio?

Pilar se puso en pie.

—Sí.

—¿Qué ha pasado?

La pregunta fue directa. Clara respondió con lo que sabía: lo había encontrado en la habitación de apoyo aquella mañana; habían acudido los servicios de emergencia; Aurelio había muerto. Inés dejó el bolso en una silla. No se sentó.

—¿Y quieren hablar conmigo porque estuve fregando?

—Están hablando con quienes ayudamos ayer —dijo Pilar.

Inés miró alrededor.

—¿Con todos?

—Sí.

Solo entonces se sentó. Clara acercó la jarra de agua. Inés negó con un gesto, pero unos segundos después cogió el vaso vacío y se sirvió.

—Yo vine a trabajar —dijo.

Pilar bajó la mirada.

—Lo sé. Tenemos que arreglar lo que hablamos.

—Ahora no estoy pidiendo que me pagues.

—No he querido decir…

Inés apoyó el vaso.

—Quiero que eso quede claro. No vine a pasar la noche con Aurelio. Ni a hacerle un favor.

Clara se sentó junto a ella.

—Podrás explicárselo a Aranda.

Inés miró hacia el fondo del café.

—Ya he sido otras veces la persona más fácil de señalar.

Clara la oyó sin saber aún a qué se refería. La forma de decirlo, baja y firme, le hizo pensar que no hablaba solo de aquella mañana.

—Podrás contarle lo que pasó —respondió Clara.

Inés sostuvo su mirada antes de asentir.

—Eso espero.

Pilar se quedó a su lado hasta que Aranda vino a buscarla. Inés cogió el bolso. Al pasar junto a Berta, esta apartó un poco la silla para dejarle espacio. Ninguna de las dos habló.

* * *

La mañana avanzó sin que Clara llegara a abrir el café. Hubo llamadas a la puerta, preguntas en voz baja y vecinos que aceptaron marcharse al ver a Ramiro. Doña Amparo salió un momento y volvió con dos termos.

—Para que no tengáis que pensar en el café también.

Clara le agradeció el gesto, aunque la cafetera llevaba encendida desde primera hora.

Nadie discutió sobre aquello. Pilar comió un trozo de pan cuando Teresa se lo puso delante.

Darío recibió una llamada de la tienda y pidió permiso para contestar fuera.

Berta ofreció traer algo de su casa. Inés permaneció sentada cerca de la puerta, con el bolso cerrado y los pies juntos.

Cada uno parecía esperar una instrucción diferente.

Clara veía el patio cada vez que alguien abría la puerta interior.

La luz de la mañana había alcanzado las mesas.

El mantel ya no tenía el color cálido de la cena; se le veían las manchas y una pequeña quemadura antigua en una esquina.

La habitación de apoyo quedaba más allá.

No había vuelto a entrar. Cuando Aranda regresó a la barra, Clara dejó el cuchillo del pan.

El inspector miró a Pilar y le hizo una señal para que se acercara. Hablaron los tres en voz baja.

—Estamos investigando una muerte violenta.

Pilar apretó los labios. Clara sintió una presión breve en el pecho. Clara había intentado pensar en una caída, en un mareo. La frase de Aranda hizo más difícil aferrarse a aquellas explicaciones.

—¿Alguien le hizo algo? —preguntó Pilar.

—Eso es lo que estamos investigando.

No añadió detalles. Clara miró hacia las mesas. Berta estaba de perfil. Teresa hablaba por teléfono junto a la ventana. Inés tenía los ojos bajos.

—Aurelio dijo que terminaba él —murmuró Clara.

Aranda la oyó.

—Ya me lo has contado.

Clara estuvo a punto de decir que todos se habían marchado. Había visto a Inés alejarse por el pasillo y a Darío llevar sillas; había oído a Berta dar las buenas noches y a Teresa llamar a Pilar. Después había entrado en el café. Aranda bajó un poco la voz.

—Tenemos que reconstruir lo que hizo cada uno después. Lo que visteis y lo que disteis por hecho.

Clara asintió. Detrás de ella, Migas saltó de su silla y fue hasta la puerta interior. Se sentó delante, esperando que alguien le permitiera volver al patio. Clara lo cogió y lo llevó de nuevo junto a la ventana. Al regresar a la barra, vio la nota de Pilar.

NO DEVOLVER HASTA SABER DE QUIÉN SON.

La despegó para que no acabara mojándose y la dejó junto a las cucharillas.

La noche anterior, Aurelio había levantado dos tazas y sonreído: «Yo termino de recoger».

Clara intentó recordar el último ruido que había oído desde el café.

Había sido el de la vajilla, pero no sabía quién la estaba recogiendo.