CAPÍTULO 80 EL ETERNO RETORNO
El huevo eclosionó una noche de luna llena, tres meses después de su descubrimiento.
Kael, que lo había cuidado con una dedicación incansable, fue el primero en verlo.
La cáscara se rompió lentamente, y del interior emergió una criatura diminuta, cubierta de escamas púrpuras que brillaban bajo la luz de la luna.
Sus ojos, de un ámbar intenso, se abrieron por primera vez, y lo primero que vieron fue a Kael.
—Hola —dijo el joven, con lágrimas en los ojos—. Hola, pequeño.
El dragón emitió un sonido suave, casi un gorjeo, y frotó su hocico contra la mano de Kael. En ese instante, el vínculo se estableció. Un vínculo que duraría toda la vida.
—¿Cómo vas a llamarlo? —preguntó Aldric.
—Lira —respondió Kael—. Se llamará Lira.
Aldric sonrió. Había oído aquella respuesta antes. La había oído de labios de Liana, muchos años atrás, cuando ella misma había preguntado lo mismo. Pero esta vez, el nombre era diferente. No era Kael. Era Lira.
—Es un buen nombre —dijo.
—Lo sé.
La pequeña Lira creció rápidamente. En apenas unos meses, ya era del tamaño de un caballo, y sus alas empezaban a ser lo bastante fuertes como para sostenerlo en el aire.
Kael lo entrenaba a diario, siguiendo las enseñanzas de Aldric, de Liana, de todos los guardianes que habían existido antes que él.
Y el joven dragón respondía con una inteligencia y una sensibilidad que recordaban a sus predecesores.
Una noche, mientras Kael y Lira volaban sobre la Sierra Quebrada, el joven guardián sintió algo que no había sentido antes. Una presencia. Una calidez que lo envolvía como un abrazo.
—¿Lo sientes? —le preguntó a su dragón.
Lira emitió un rugido afirmativo.
—Son ellos. Liana, Lira, todos los que vinieron antes. Nos están observando.
El dragón batió sus alas con fuerza, elevándose hacia el cielo. Y en ese momento, Kael supo que no estaba solo. Que nunca lo había estado. Porque el vínculo entre los guardianes y los dragones trascendía el tiempo. Era eterno. Como el amor que los unía.
—Gracias —dijo, hablándole al viento—. Gracias por todo.
Y en el silencio de la noche, Kael supo que Liana, Lira y todos los demás lo habían oído.