EL ÚLTIMO DRAGÓN DE ALBORADA CAPÍTULO 74 EL NUEVO AMANECER
91%

CAPÍTULO 74 EL NUEVO AMANECER

Pasaron diez años. Diez años de paz, de prosperidad, de crecimiento.

La Escuela de Guardianes Lira la Salvaje se había convertido en la institución más respetada de Alborada.

Cientos de jóvenes, llegados de todos los rincones del reino, se formaban allí cada año, aprendiendo el arte del vínculo bajo la tutela de Liana y de los guardianes más experimentados.

Aldric, que ya era un hombre de treinta años, se había convertido en el lugarteniente de Liana. Su dragón Aurelio era una criatura imponente, con escamas que brillaban como el sol entre las hojas de un bosque, y juntos patrullaban las fronteras del reino con una dedicación incansable.

Selene, por su parte, había formado una familia.

Se había casado con un antiguo alumno de la escuela, un guardián llamado Theron, y juntos criaban a sus hijos en una cabaña cercana a la escuela.

Solas, su dragón dorado, era el protector de la familia, y los niños crecían entre dragones, aprendiendo a respetarlos y quererlos desde la cuna.

—Esto es lo que siempre soñé —le dijo Selene a Liana una tarde, mientras observaban a sus hijos jugar con los dragones jóvenes en el patio—. Un mundo donde los dragones y los humanos puedan coexistir.

—Lira también soñó con eso —respondió Liana—. Y lo consiguió.

—Sí. Pero ahora nos toca a nosotros mantenerlo.

—Y lo haremos. Juntos.

—Siempre juntos.

Liana, que había dedicado su vida a la orden, contemplaba el futuro con una mezcla de esperanza y melancolía.

Sabía que su tiempo como directora estaba llegando a su fin.

Pronto, Aldric tomaría el relevo. Y ella, como Lira, se retiraría a una cueva en las montañas, donde pasaría sus últimos años contemplando las estrellas y hablando con sus dragones.

—¿Estás preparada para dejarlo? —le preguntó Kael una noche, mientras volaban sobre la Sierra Quebrada.

—No lo sé —respondió Liana—. Pero llegará un momento en que tenga que hacerlo.

—Cuando ese momento llegue, yo estaré contigo.

—Lo sé. Y Esme también.

—Siempre.

—Siempre.

Los dragones batieron sus alas con fuerza, elevándose hacia el cielo. Y Liana, la guardiana de dos dragones, sintió que todo estaba exactamente como debía estar.