EL ÚLTIMO DRAGÓN DE ALBORADA CAPÍTULO 73 EL LEGADO DE LIRIA
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CAPÍTULO 73 EL LEGADO DE LIRIA

Una mañana, mientras revisaba los archivos de la escuela, Liana encontró algo que no había visto antes.

Era un diario. Un diario escrito por Lira, la legendaria fundadora de la orden, en sus últimos años de vida.

Estaba escondido en un rincón de la biblioteca, cubierto de polvo, como si nadie lo hubiera tocado en décadas.

Con manos temblorosas, Liana abrió el diario y empezó a leer.

"Hoy he soñado con Kael. No es la primera vez, pero este sueño era diferente.

En el sueño, Kael no era el dragón anciano que murió en el patio de la escuela.

Era el joven dragón que salió del huevo en las ruinas del Viejo Templo.

Y yo no era esta anciana de pelo blanco, sino la niña que lo encontró.

Volábamos juntos, como hacíamos antes, y el viento nos acariciaba el rostro.

Kael me dijo que no me preocupara. Que nuestro vínculo nunca se rompería. Que nos volveríamos a ver.

No sé si los sueños son verdad. Pero quiero creer que este lo es. Quiero creer que Kael me está esperando en algún lugar. Y que cuando llegue mi momento, volaremos juntos de nuevo."

Liana cerró el diario, con lágrimas en los ojos. Lira había muerto décadas atrás, pero sus palabras seguían vivas. Como seguía vivo su legado. Como seguía vivo Kael, en cada dragón púrpura que nacía.

—Gracias, Lira —murmuró—. Gracias por todo.

Aquella noche, Liana soñó con Lira. La legendaria guardiana estaba sentada en un prado verde, con Kael a su lado. Sonreía.

—Has leído mi diario —dijo Lira.

—Sí. Lo siento. No debería haberlo hecho sin permiso.

—No necesitas permiso. Ese diario es para ti. Para todos los guardianes que vengan después.

—¿Por qué?

—Porque quiero que sepáis que no estáis solos. Que nosotros, los que vinimos antes, os estamos viendo. Y estamos orgullosos de vosotros.

—Gracias, Lira.

—No hay de qué. Ahora, despierta. Tienes una escuela que dirigir.

Liana despertó con una sensación de paz que no había experimentado en mucho tiempo. Salió al patio y contempló el amanecer, con Kael a un lado y Esme al otro.

—Buenos días —dijo Kael.

—Buenos días —respondió Liana—. Hoy va a ser un gran día.

—¿Por qué lo dices?

—Porque lo siento. Siento que todo va a salir bien.

—Eso es muy optimista.

—Me lo ha enseñado Lira.

Kael emitió un ronroneo suave, y Liana supo que estaba de acuerdo.