CAPÍTULO 72 EL NUEVO CONCILIO
Con la desaparición de los guardianes originales, Liana convocó un nuevo concilio.
Ya no eran los viejos héroes los que se sentaban a la mesa, sino una nueva generación: Aldric con su dragón Aurelio, Selene con un joven dragón dorado llamado Solas —descendiente de Aureus—, y una docena de guardianes más jóvenes que habían demostrado su valía en los últimos años.
—Tenemos que reorganizar la orden —dijo Liana—. Los viejos tiempos han pasado. Ahora nos toca a nosotros decidir cómo será el futuro.
—Propongo que mantengamos la estructura actual —dijo Selene—. Las escuelas, las patrullas, el consejo. Ha funcionado durante décadas.
—Sí, pero también tenemos que adaptarnos a los nuevos tiempos. Los dragones ya no son cazados, pero siguen existiendo amenazas. La Sombra fue sellada, pero no destruida. Tenemos que estar preparados.
—¿Y qué sugieres? —preguntó Aldric.
—Sugiero que creemos una red de vigilancia permanente. Puestos de observación en todos los rincones de Alborada, custodiados por dragones y guardianes. Si la Sombra vuelve a despertar, lo sabremos de inmediato.
—Eso requerirá muchos recursos.
—Lo sé. Pero podemos pedir ayuda a los señores de las distintas regiones. Ellos también se benefician de la paz que los dragones proporcionan.
—No todos los señores son amigos de los dragones.
—Lo sé. Pero con el tiempo, aprenderán.
El concilio aprobó la propuesta de Liana por unanimidad.
En los meses siguientes, se establecieron puestos de vigilancia en todo Alborada: en las Montañas de Fuego, en el Mar de las Lágrimas, en los bosques del sur, en las llanuras del norte.
Cada puesto estaba custodiado por un guardián y su dragón, que se turnaban para patrullar la zona.
—Esto es un gran avance —dijo Aldric, durante una de las inspecciones—. Si la Sombra vuelve a despertar, la detectaremos antes de que pueda causar daño.
—Eso espero —respondió Liana—. Pero no podemos bajar la guardia.
—Nunca lo hacemos.