CAPÍTULO 66 EL NACIMIENTO DE AURELIO
El huevo de dragón verde y dorado eclosionó una noche de tormenta, cuando los relámpagos iluminaban el cielo sobre la Sierra Quebrada y el trueno resonaba como el rugido de mil bestias.
Aldric, que había pasado semanas sin separarse del huevo, fue el primero en verlo.
La cáscara se resquebrajó lentamente, y del interior emergió una criatura diminuta, cubierta de escamas que brillaban con un tono que no era exactamente verde ni exactamente dorado, sino una mezcla de ambos que cambiaba según la luz.
Sus ojos, de un color avellana con destellos dorados, se abrieron por primera vez, y lo primero que vieron fue a Aldric.
—Hola —dijo el joven, con lágrimas en los ojos—. Hola, pequeño.
El dragón emitió un sonido suave, casi un gorjeo, y frotó su hocico contra la mano de Aldric.
En ese instante, el vínculo se estableció.
No era un vínculo como el que Liana tenía con Kael o con Esme —cada vínculo era único, como lo eran los dragones y sus guardianes—, pero era real.
Y Aldric supo, en ese instante, que su vida acababa de cambiar para siempre.
—¿Cómo vas a llamarlo? —preguntó Liana, que había acudido corriendo al oír el revuelo.
—Aurelio —respondió Aldric, sin dudarlo—. En honor a Aureus, el dragón dorado de Darien.
—Es un buen nombre.
—Lo sé.
Aurelio creció rápidamente. En apenas unos meses, ya era del tamaño de un perro grande, y sus alas empezaban a ser lo bastante fuertes como para sostenerlo en el aire durante cortos periodos de tiempo.
Aldric lo entrenaba a diario, siguiendo las enseñanzas de Liana y de Merrick, pero también desarrollando su propio estilo.
Porque Aurelio no era como los demás dragones.
Tenía la agilidad de los dragones verdes y la resistencia de los dragones dorados, pero también algo más.
Algo que ni siquiera los guardianes más veteranos sabían identificar.
—Es un dragón único —dijo Merrick, observando a Aurelio volar en círculos sobre el patio—. Como lo fue Kael. Como lo fue Aureus. Como todos los dragones que han marcado la historia de Alborada.
—¿Crees que está destinado a grandes cosas? —preguntó Aldric.
—Todos los dragones están destinados a grandes cosas. Pero Aurelio... Aurelio es especial. Tiene el potencial de unir lo mejor de dos linajes. El verde, que representa la naturaleza y la vida. Y el dorado, que representa el sol y la luz.
—Como la luz del Corazón de la Montaña.
—Exacto. Y eso lo convierte en un arma poderosa contra la oscuridad.
Aldric asintió, aunque no estaba seguro de entender del todo lo que Merrick le decía. Solo sabía que Aurelio era su compañero, su amigo, su familia. Y que juntos, se enfrentarían a cualquier cosa que el destino les deparara.