CAPÍTULO 63 EL REGRESO AL CORAZÓN
El Corazón de la Montaña seguía igual que la última vez que Liana lo había visto.
Las runas de las paredes brillaban débilmente, y en el centro de la caverna, la columna de luz multicolor seguía pulsando con un ritmo constante.
Pero algo había cambiado. La columna era más débil que antes.
Como si el sacrificio de los dragones hubiera agotado parte de su energía.
—¿Qué está pasando? —preguntó Liana.
—La luz se está apagando —respondió Aureus—. Cada vez que la utilizamos, perdemos parte de su poder. Si la usamos demasiado, se extinguirá para siempre.
—¿Y eso qué significaría?
—Significaría que la Sombra ya no tendría nada que la detuviera. Que el sello se rompería definitivamente.
—Entonces, no podemos usar la luz para destruir el árbol.
—No. Tenemos que encontrar otra forma.
—¿Cuál?
—El agua. El agua del Lago Termal de la Sierra Quebrada. Es lo único que puede apagar el fuego de la sombra.
—Pero el lago está a días de distancia.
—Lo sé. Pero es nuestra única esperanza.
Liana no dudó. Montó sobre Kael y, junto con Esme y los demás dragones, emprendió el vuelo hacia la Sierra Quebrada. El viaje fue largo y agotador, pero nadie se quejó. Porque todos sabían lo que estaba en juego.
Cuando llegaron al lago, Liana llenó varios recipientes con el agua termal, que brillaba con un resplandor azulado. Luego, emprendieron el regreso, volando día y noche para llegar a tiempo.
El árbol de sombra había crecido aún más durante su ausencia. Sus raíces se habían extendido por todo el claro, y sus ramas cubrían el cielo como un toldo de oscuridad. Pero Liana no se dejó intimidar.
—Ahora —dijo, vertiendo el agua sobre las raíces del árbol.
El agua termal, al contacto con la sombra, empezó a brillar con una luz intensa.
El árbol emitió un gemido, como si estuviera sufriendo, y sus ramas empezaron a retorcerse.
Luego, lentamente, comenzó a marchitarse.
Sus hojas cayeron, sus ramas se secaron, y su tronco se resquebrajó hasta convertirse en polvo.
—Lo hemos conseguido —dijo Selene.
—Sí —respondió Liana—. Pero ha sido demasiado fácil.
—¿Demasiado fácil? Casi morimos en el intento.
—Lo sé. Pero el Harbinger dijo que la Sombra volvería. Y si ha dejado una semilla aquí, puede haber dejado otras. Tenemos que estar alerta.
—Siempre estamos alerta.
—Lo sé. Y por eso seguimos vivos.