CAPÍTULO 62 LA SEMILLA DE LA SOMBRA
Pero la victoria, como Liana pronto descubriría, había sido solo parcial. Porque el Harbinger, antes de morir, había dejado una última sorpresa. Una semilla. Una semilla de sombra, diminuta como un grano de arena, que había caído al suelo en el claro del bosque y había empezado a germinar.
Nadie la vio. Nadie la notó. Pero creció lentamente, alimentándose de la oscuridad de la noche, hasta convertirse en un árbol de tronco negro y hojas como cuchillos.
Y aquel árbol, silencioso y paciente, empezó a extender sus raíces.
Los primeros en notarlo fueron los animales del bosque, que empezaron a evitar aquel claro.
Luego, los aldeanos de los alrededores, que hablaban de pesadillas recurrentes y de una sensación de malestar que no podían explicar.
Y finalmente, los dragones, que sentían una presencia oscura cada vez que sobrevolaban la zona.
—Algo está pasando en el bosque —dijo Esme una mañana, después de una patrulla rutinaria—. Algo que no me gusta.
—¿Qué es? —preguntó Liana.
—No lo sé. Pero Kael también lo ha sentido.
—Vamos a investigar.
Cuando llegaron al claro donde habían tendido la trampa al Harbinger, Liana se quedó horrorizada.
El árbol de sombra se alzaba en el centro, rodeado de un círculo de tierra muerta donde no crecía nada.
Sus ramas, negras como el carbón, se extendían hacia el cielo como garras, y de sus hojas caía un polvo oscuro que envenenaba el suelo.
—¿Qué es esto? —preguntó Selene, que los había acompañado.
—La semilla del Harbinger —respondió Liana—. Debió dejarla antes de morir.
—¿Y cómo la destruimos?
—Con fuego. Con el fuego de Kael.
Kael se adelantó y lanzó una llamarada de fuego púrpura contra el árbol. Pero en lugar de arder, el árbol pareció absorber el fuego, haciéndose más grande.
—No funciona —dijo Kael—. Es como si se alimentara de mi fuego.
—Entonces, necesitamos algo más. Algo que no sea fuego.
—¿Como qué?
—Como la luz. La luz pura, sin sombra.
—Eso no existe.
—Sí existe. Es la luz del Corazón de la Montaña. La misma luz que utilizamos para sellar la Sombra.
—Pero para acceder a esa luz, tendríamos que volver al Corazón de la Montaña.
—Pues volvamos.