EL ÚLTIMO DRAGÓN DE ALBORADA CAPÍTULO 61 LA CAZA DEL HARBINGER
75%

CAPÍTULO 61 LA CAZA DEL HARBINGER

La búsqueda del Harbinger se convirtió en la prioridad de la orden.

Durante meses, los guardianes patrullaron todos los rincones de Alborada, buscando cualquier rastro de la criatura.

Pero el Harbinger era astuto. Se movía en silencio, dejando tras de sí solo un rastro de sombra que se desvanecía al amanecer.

—Es como intentar atrapar el humo —se quejó Selene, después de una patrulla particularmente frustrante por los bosques del norte.

—Pero el humo siempre tiene un origen —respondió Liana—. Solo tenemos que encontrar de dónde viene.

—¿Y cómo lo hacemos?

—Siguiendo el rastro de sus víctimas. El Harbinger se alimenta de la energía de los dragones. Cada vez que ataca, deja una marca. Una firma. Si conseguimos rastrear esa firma, podremos encontrarlo.

—Eso requiere magia antigua.

—Sí. La magia de los primeros dragones. La que Aldric y Merrick estudiaron durante años.

Liana se pasó semanas enteras en la biblioteca de la escuela, rodeada de pergaminos y libros antiguos, estudiando las mismas inscripciones que Aldric había descifrado décadas atrás.

Y poco a poco, empezó a encontrar patrones.

El Harbinger no atacaba al azar. Seguía un ciclo.

Un ciclo que coincidía con las fases de la luna.

—Ataca siempre durante la luna nueva —dijo Liana, durante una reunión del consejo—. Cuando la oscuridad es más intensa.

—Entonces, la próxima luna nueva será dentro de tres semanas —dijo Merrick—. Si queremos tenderle una trampa, ese es el momento.

—¿Y cómo lo atraemos?

—Con un cebo. Un dragón joven, que aún no tenga mucha experiencia. El Harbinger prefiere las presas fáciles.

—Eso es demasiado peligroso. No voy a poner en riesgo a un dragón joven.

—No tienes que hacerlo. Puedes usar un señuelo. Un dragón falso, creado con magia antigua.

—¿Eso es posible?

—Sí. Pero requiere mucha energía.

—La tendremos. Todos los dragones de la escuela colaborarán.

Durante las tres semanas siguientes, Liana, Merrick y los demás guardianes trabajaron sin descanso para preparar la trampa.

Utilizando los conocimientos de los antiguos, crearon un señuelo: una réplica exacta de un dragón joven, hecha de luz y sombra, que emitía la misma firma energética que un dragón real.

Luego, lo colocaron en un claro del bosque, cerca del lugar donde el Harbinger había atacado por última vez.

—Ahora solo queda esperar —dijo Liana, oculta entre los árboles con Kael y Esme.

—¿Y si no viene? —preguntó Selene, que estaba a su lado con Aureus.

—Vendrá. No puede resistirse a una presa fácil.

La noche de la luna nueva llegó, y con ella, la oscuridad más absoluta. Las estrellas se ocultaron detrás de las nubes, y el bosque quedó sumido en un silencio sepulcral. Liana contenía la respiración, con la mano apoyada en el cuello de Kael, sintiendo su calor.

Y entonces, apareció.

El Harbinger emergió de entre las sombras como una pesadilla hecha realidad.

Sus múltiples ojos rojos brillaban en la oscuridad, y sus fauces abiertas revelaban una hilera de dientes afilados como agujas.

Avanzó lentamente hacia el señuelo, relamiéndose, creyendo que había encontrado una presa fácil.

—Ahora —susurró Liana.

Kael abrió sus fauces y lanzó una llamarada de fuego púrpura que iluminó todo el claro.

El Harbinger chilló de dolor, pero antes de que pudiera huir, los demás dragones lo rodearon, formando un círculo de fuego multicolor.

Esme, Pyros, Azul, Aureus y una docena de dragones más, todos unidos por un mismo objetivo.

—Estás acorralado —dijo Liana, avanzando hacia la criatura con la espada de escamas de dragón en la mano—. No tienes escapatoria.

—Siempre hay escapatoria —respondió el Harbinger, con su voz gutural—. Solo hay que saber dónde buscar.

—Esta vez, no.

—Eso crees tú. Pero la Sombra nunca muere del todo. Volverá. Y cuando lo haga, ni siquiera tú podrás detenerla.

—Eso está por ver.

Liana alzó la espada y, con un solo golpe, atravesó el corazón del Harbinger. La criatura emitió un último chillido, y luego se desvaneció en una nube de cenizas.

—Se acabó —dijo Selene.

—No —respondió Liana—. Esto no se acaba hasta que la Sombra sea destruida para siempre. Pero hoy, hemos ganado una batalla.

Los dragones rugieron en señal de victoria, y Liana, agotada pero satisfecha, montó sobre Kael y emprendió el vuelo de regreso a la escuela.