EL ÚLTIMO DRAGÓN DE ALBORADA CAPÍTULO 55 LA SOMBRA DEL NORTE
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CAPÍTULO 55 LA SOMBRA DEL NORTE

El vuelo hacia el norte fue tenso y silencioso.

Liana, Esme, Kael y Selene con Aureus atravesaron los bosques que bordeaban las estribaciones de la Sierra Quebrada, sobrevolaron las llanuras donde antaño pastaban los rebaños de los señores rebeldes, y se adentraron en un territorio cada vez más agreste y desconocido.

Las aldeas que encontraron a su paso estaban vacías.

Las casas, con las puertas abiertas y los enseres esparcidos por el suelo, parecían haber sido abandonadas a toda prisa.

Los campos de cultivo, marchitos y cubiertos de una escarcha negra que no se derretía bajo el sol, desprendían un olor acre que recordaba al del Desierto de Cenizas.

—Es como si la vida se hubiera extinguido aquí —dijo Selene, contemplando el paisaje desde el lomo de Aureus.

—No se ha extinguido —respondió Liana—. Se ha retirado. Como si tuviera miedo de algo.

—¿Miedo de qué?

—Eso es lo que tenemos que averiguar.

Aterrizaron en una aldea abandonada, cerca de un pozo que aún manaba agua cristalina.

Liana desmontó de Kael y se acercó al pozo, bebiendo un sorbo.

El agua estaba fría y limpia, sin rastro de la escarcha negra que cubría los campos.

Fuera lo que fuese lo que estaba afectando a la región, no había contaminado el subsuelo.

—Mirad esto —dijo Selene, señalando una de las casas.

En la pared de piedra, grabado con lo que parecía ser un objeto afilado, había un símbolo. Era un círculo dividido por una línea ondulada, similar a una serpiente, con tres puntos en su interior. Liana nunca había visto aquel símbolo, pero algo en él le resultaba vagamente familiar.

—Es un símbolo antiguo —dijo Aureus, hablando a través de Selene—. Muy antiguo. Se remonta a la época anterior al pacto. Cuando los dragones y los hombres aún no habían establecido la paz.

—¿Qué significa? —preguntó Liana.

—Significa "la sombra que devora". Es la marca de una criatura que existió antes del Devorador. Una criatura que fue sellada en las profundidades de la tierra por los primeros dragones.

—¿Otra criatura? ¿Como el Devorador?

—No. El Devorador era una creación del odio humano. Esto es diferente. Es más antiguo. Más primitivo. Más... hambriento.

—¿Y por qué ha despertado ahora?

—Quizá por el eco del Devorador. Quizá por algo que hicimos sin darnos cuenta. O quizá porque su tiempo de reclusión ha terminado.

Liana sintió un escalofrío. Una criatura anterior al Devorador. Una criatura que había sido sellada por los primeros dragones. Si aquello era cierto, estaban ante una amenaza que ni siquiera Lira había conocido.

—Tenemos que encontrar a los dragones desaparecidos —dijo—. Puede que ellos sepan algo.

—Si es que siguen vivos —respondió Selene.

—Tienen que estarlo. No podemos rendirnos antes de empezar.

Siguieron el rastro de la escarcha negra durante horas, adentrándose cada vez más en el norte.

El paisaje se volvía más desolado a cada paso.

Los árboles, desnudos y retorcidos, extendían sus ramas como garras hacia el cielo.

El suelo, cubierto de aquella escarcha oscura, crujía bajo sus pies como si estuvieran caminando sobre cristales rotos.

Y el silencio... el silencio era lo peor.

No había pájaros, ni insectos, ni ningún otro sonido.

Solo el viento, que gemía entre las ramas como un lamento.

Al caer la noche, llegaron a una cueva oculta entre las rocas. Era una cueva similar a la que Liana había encontrado en la Sierra Quebrada, pero mucho más grande. De su interior emanaba un resplandor rojizo, pulsante, como el latido de un corazón.

—Ahí dentro hay algo —dijo Kael, erizando sus escamas.

—Sí —respondió Esme—. Y no es bueno.

—Esperad aquí —dijo Liana—. Voy a investigar.

—No vas a ir sola —dijeron sus dos dragones al unísono.

—No pienso hacerlo. Pero necesito que uno de vosotros se quede fuera, por si acaso. Esme, tú quédate con Selene y Aureus. Kael, tú vienes conmigo.

El dragón púrpura asintió y siguió a Liana al interior de la cueva.

La oscuridad era casi absoluta, rota solo por el resplandor rojizo que parecía provenir de las profundidades.

Avanzaron lentamente, tanteando las paredes con las garras y las manos, hasta que llegaron a una cámara circular.

En el centro de la cámara, una figura estaba suspendida en el aire.

Era un dragón. Un dragón joven, de escamas azules, que colgaba de una telaraña de sombra que lo envolvía como un capullo. Sus ojos estaban cerrados, y su respiración era débil, apenas perceptible.

—Es uno de los dragones desaparecidos —dijo Liana—. Está vivo.

—Pero ¿quién lo ha puesto aquí? —preguntó Kael.

—Yo.

La voz resonó en toda la cámara, profunda y gutural.

De detrás de la telaraña de sombra surgió una criatura que Liana no había visto antes.

Era similar al Devorador, pero más pequeña, más ágil, más escurridiza.

Sus ojos, múltiples y rojos, brillaban con una inteligencia malévola.

Y su boca, cuando se abrió, reveló una hilera de dientes afilados como agujas.

—Soy el Harbinger —dijo la criatura—. El heraldo de la Sombra que todo lo consume. Y vosotros, guardianes, sois los que la despertasteis.

—Nosotros no despertamos nada —respondió Liana, apuntándola con su espada.

—Claro que sí. Cada vez que usáis el fuego púrpura, cada vez que cerráis una grieta, cada vez que os enfrentáis al eco del Devorador, la Sombra se fortalece.

Porque el Devorador no era más que una distracción.

Un señuelo. Mientras vosotros luchabais contra él, la Sombra crecía en las profundidades.

Y ahora, ha llegado el momento de que emerja.

—¿Qué Sombra? ¿De qué estás hablando?

—Lo sabréis pronto. Muy pronto. Pero antes, necesito alimentarme.

La criatura se abalanzó sobre Kael, pero el dragón púrpura fue más rápido. Lanzó una llamarada de fuego que la hizo retroceder, chillando de dolor. Liana aprovechó la distracción para cortar la telaraña que envolvía al dragón azul, liberándolo. La bestia cayó al suelo, inconsciente pero viva.

—¡Fuera de aquí! —gritó Liana—. ¡Kael, cúbrenos!

El dragón púrpura lanzó otra llamarada, y juntos salieron de la cueva, arrastrando al dragón azul. La criatura no los persiguió. Se quedó en la oscuridad, riendo.

—Esto no ha terminado, guardianes —dijo—. La Sombra despertará. Y cuando lo haga, nada podrá detenerla.

La cueva se derrumbó detrás de ellos, y Liana, Kael, Esme, Selene y Aureus emprendieron el vuelo de regreso, llevando al dragón azul a salvo.

La Sombra estaba despertando. Y el mundo de Alborada se enfrentaba a su mayor amenaza desde los tiempos de Lira.