CAPÍTULO 20 EL PRECIO DE LA VICTORIA
Lira despertó en una camilla, en el interior de la Ciudadela Blanca. No sabía cuánto tiempo había pasado desde la batalla. Lo último que recordaba era la explosión de luz, el grito de Kael, y luego nada. Oscuridad absoluta.
—Estás viva —dijo una voz conocida. Era Aldric, que estaba sentado junto a su cama, con el rostro cansado pero sonriente.
—¿Kael? —preguntó Lira, incorporándose con dificultad.
—Está bien. Todos están bien. La lanza destruyó al Devorador, pero también absorbió su energía. Los dragones están débiles, pero se recuperarán.
—¿Y los demás?
—También están bien. Darien, Eryndor, Alba, Nerea. Todos sobrevivieron.
Lira suspiró aliviada. Luego, recordó las palabras de Orin: "Vuestro vínculo con los dragones se rompería. Para siempre".
—¿El vínculo...? —preguntó.
Aldric bajó la mirada.
—Me temo que sí. El sacrificio era necesario. Los dragones perdieron parte de su fuerza, y vosotros, los guardianes, perdisteis vuestro vínculo. Ya no podréis comunicaros con ellos como antes.
Lira sintió un vacío en el pecho. No era un dolor físico, sino algo más profundo. Una ausencia. Como si le hubieran arrancado una parte de sí misma.
—¿Puedo verlo? —preguntó.
—Sí. Está en el patio.
Lira se levantó de la camilla, ignorando las protestas de Aldric, y salió al patio de la Ciudadela.
Allí, tumbado sobre la hierba, estaba Kael.
Sus escamas púrpuras habían perdido parte de su brillo, y sus ojos ámbar ya no mostraban la chispa de inteligencia que solían tener.
Pero seguía siendo el mismo dragón. El mismo amigo. La misma familia.
—Kael —dijo Lira, acercándose lentamente.
El dragón levantó la cabeza y la miró. No emitió ningún sonido, pero Lira supo que la había reconocido. No necesitaba un vínculo para saberlo. Lo sentía en su corazón.
—Hemos perdido algo —dijo Lira, acariciando su hocico—. Pero no lo hemos perdido todo.
Kael cerró los ojos y emitió un ronroneo suave, casi imperceptible.
—Seguiremos juntos —dijo Lira—. Aunque ya no pueda oír tu voz. Aunque ya no pueda sentir lo que sientes. Seguiré a tu lado. Siempre.
El dragón púrpura apoyó su cabeza en el hombro de Lira, y juntos, guardiana y bestia, contemplaron el amanecer sobre Alborada.