EL ÚLTIMO DRAGÓN DE ALBORADA CAPÍTULO 6 EL PRÍNCIPE Y LA PROFECÍA
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CAPÍTULO 6 EL PRÍNCIPE Y LA PROFECÍA

A cientos de leguas de allí, en la Ciudadela Blanca, el príncipe Edric de Alborada contemplaba un mapa del reino extendido sobre una mesa de roble.

Era un hombre joven, de veinticinco años, con el pelo dorado y los ojos azules como el cielo de verano.

Su rostro era hermoso, pero su mirada era fría, calculadora, como la de un halcón que observa a su presa desde las alturas.

—¿Alguna noticia de Varek? —preguntó, sin levantar la vista del mapa.

—No, mi señor —respondió su consejero, un hombre anciano y encorvado llamado Maese Aldric—. Llevamos tres días sin recibir sus informes.

—Eso no es propio de él.

—No, mi señor. Temo que algo le haya ocurrido.

—Varek es un cazador experimentado. No se deja atrapar fácilmente.

—Quizá ha encontrado algo. Algo que le ha hecho retrasarse.

—O quizá ha encontrado a alguien. Al dragón púrpura del que hablan los rumores.

—¿El último dragón de Alborada?

—Sí. Si los rumores son ciertos, ese dragón es más grande y más poderoso que todos los que hemos capturado juntos. Y su jinete... su jinete es una incógnita.

—¿Cree que representa una amenaza?

—Todo lo que no controlo representa una amenaza. Pero también una oportunidad. Si consigo capturar a ese dragón, mi ejército será imparable. Los señores rebeldes se arrodillarán ante mí. Y Alborada volverá a ser el imperio que fue.

—Pero para eso necesita encontrar al dragón. Y a su jinete.

—Los encontraré. Tengo mis métodos.

El príncipe Edric se apartó del mapa y se dirigió hacia un arcón de hierro que guardaba en un rincón de la sala.

Lo abrió con una llave que llevaba colgada al cuello, y sacó de su interior un pergamino enrollado, antiguo y amarillento.

Lo desenrolló sobre la mesa, revelando un texto escrito en una lengua muerta que solo unos pocos sabían descifrar.

—Esto es la Profecía de Alborada —dijo Edric—.

Fue escrita hace quinientos años, por el último de los grandes profetas.

Predice el regreso de los dragones y el nacimiento de un nuevo imperio.

Pero también predice la llegada de un jinete que se interpondrá en mi camino.

Un jinete que cabalga sobre un dragón púrpura.

—¿Y cree que ese jinete es la muchacha de la sierra?

—No lo sé. Pero si lo es, tengo que encontrarla antes de que ella me encuentre a mí.

—¿Y qué hará cuando la encuentre?

Edric sonrió, y su sonrisa era fría como el hielo.

—Lo que hago con todos los que se interponen en mi camino. Eliminarlos.