Capítulo XII #2
—Porque la red original responde al XIII. Los acuerdos, los custodios, las casas, los archivos. Sin tu reconocimiento, puedo dirigir hombres. Contigo, puedo dirigir el sistema.
Thomas habló desde detrás.
—Y después matarlo.
Voss lo miró.
—Jamás.
—Mientes.
—Francis sabrá si lo hago.
Eso me molestó, porque tenía razón. Lo observé. Manos relajadas, respiración estable, ojos directos.
—No piensa matarme —dije.
Thomas giró hacia mí.
—Francis.
—No he dicho que crea el resto.
Voss sonrió.
—Siempre aprendiste rápido.
—De hombres mejores que tú.
Algo cambió en su rostro. Ahí. Pequeño. Había tocado algo.
Bien.
—¿Dónde está el registro? —pregunté.
—Seguro.
—Respuesta incorrecta.
—En un lugar al que solo podrás acceder después de aceptar.
—Conveniente.
—Necesario.
Klara habló:
—¿Y Johann?
Toda la sala pareció hacerse más silenciosa.
Avery bajó los ojos. Lo vi. Klara también.
—Gabriel —repitió—. ¿Qué ocurrió con mi hermano?
Voss miró a Avery y entonces supe que Evelyn tenía razón.
—Nicholas.
Avery levantó la cabeza.
—Díselo.
No se movió.
Klara dio un paso, mi mano cerró alrededor de la suya, no la detuve, fui con ella.
Avery nos miró, había conocido a aquel hombre durante años, lo había visto borracho, herido, durmiendo, matando.
Había confiado en él de esa forma particular en que uno confía en otro hombre para vigilar una puerta mientras duerme detrás.
Nunca lo había visto parecer avergonzado. Hasta entonces.
—Lo maté yo.
Klara dejó de respirar, no soltó mi mano.
—¿Por qué?
Avery tragó.
—Porque me lo pidió.
Eso no esperaba. Voss endureció la expresión.
—Nicholas.
—Cállate.
Todos lo miraron. Avery dio un paso hacia nosotros.
—Johann ya estaba muriendo.
Klara negó.
—No.
—Voss lo había interrogado durante dos días. Necesitaba saber dónde estaba el registro.
—Mientes.
—Ojalá.
La voz de Avery se quebró apenas.
—Lo encontré después. Había conseguido escapar de la habitación, pero no habría salido del edificio. Me dio el collarín. Me dijo que llegara hasta ti.
Klara apretó mi mano con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en mi piel. No la solté.
—¿Y después?
Avery cerró los ojos un segundo.
—Me pidió que no permitiera que Voss volviera a llevárselo vivo.
Silencio.
—¿Cómo? —preguntó Klara.
No quería escuchar, lo sabía, necesitaba hacerlo igualmente.
Avery la miró.
—Rápido.
Eso fue todo.
Klara cerró los ojos, su cuerpo se inclinó apenas hacia mí, la sostuve por la cintura, no hubo lágrimas, solo una respiración rota, después otra. Cuando volvió a abrir los ojos, miró a Avery.
—¿Sufrió?
—Antes de encontrarme, sí.
La honestidad fue cruel.
Klara asintió una vez, entonces metió la mano bajo el abrigo, mi cuerpo reaccionó, pero recordé mi promesa.
Mírame antes. Klara me miró, tenía la pistola en la mano, no intenté arrebatársela, durante varios segundos ninguno hizo nada, después ella bajó lentamente el arma.
Avery dejó escapar una respiración, Klara habló con una serenidad que me inquietó más que un disparo.
—No te perdono.
—Lo sé.
—Quizá nunca lo haga.
—También.
—Pero él te lo pidió.
—Sí.
Klara guardó la pistola.
—Entonces vivirás con eso.
Avery bajó la mirada, nunca había visto una condena pronunciada con tanta suavidad. Sentí algo extraño en el pecho. Orgullo no era la palabra correcta, era algo más íntimo, más peligroso.
Klara volvió hacia mí, no dijo nada, apoyó la frente un segundo contra mi hombro, solo uno, mi mano ascendió por su espalda y el resto de la sala dejó de existir.
—Estoy aquí —murmuré.
Ella asintió contra mí, después se apartó, su rostro volvió a componerse. Voss observó la escena con demasiado interés.
—Ya lo entiendo —dijo.
Lo miré.
—¿Qué?
—Por qué Evelyn la escogió.
Mi cuerpo se endureció.
—Cuidado.
Klara también lo miró.
—¿Escogió para qué?
Voss sonrió.
—Para comprobar si Francis podía renunciar a su herencia.
Thomas levantó el arma.
—Gabriel.
Voss no le prestó atención.
—No fue casualidad que Johann te condujera hasta él, Klara. Ni que Hartmann muriera donde Francis pudiera encontrarlo. Evelyn necesitaba una persona que tuviera suficiente vínculo con todo esto para mantenerlo cerca y suficiente ignorancia para que el afecto fuese auténtico.
Sentí a Klara ponerse rígida.
—No.
—Sí.
—Evelyn dijo que no sabía qué ocurriría entre nosotros.
—Evelyn dice lo necesario.
Aquello sí podía creerlo, ese era el problema.
Miré a Klara, ella ya me observaba, esta vez no había duda, había miedo de que yo dudara y algo dentro de mí se volvió extrañamente tranquilo.
—No importa.
Voss frunció el ceño. Klara también.
—¿Qué? —preguntó.
Me volví hacia ella.
—No importa cómo empezó.
—Francis...
—Ya tuvimos esta conversación.
Tomé su rostro entre las manos, no me importaron treinta hombres alrededor, ni Thomas, ni Voss, ni Avery.
—Podrían haber puesto tu nombre en cada calle de Viena. Yo podría haber pasado de largo.
Sus ojos se humedecieron ligeramente.
—Pero no lo hiciste.
—No.
Mi pulgar recorrió su pómulo.
—Y tú podrías haberme disparado la primera noche.
—Lo consideré.
—Lo sé.
Una pequeña sonrisa atravesó el dolor.
—Muchas veces.
—Eso también.
Acerqué la frente a la suya.