28. Sera
CAPÍTULO VEINTIOCHO
Sera
E l lunes Luke me pregunta si quiero ir con él a su futuro campus, donde estudiará a tiempo parcial. Tiene que entregar unos papeles que por fin ha conseguido que le devuelva firmados su padre, y dice que quiere que lo vea.
—Sé que estás enfadada conmigo por no arriesgarme —dice mientras vamos en su camioneta—, pero es una gran universidad, en serio.
—No estoy enfadada contigo —insisto—. Es solo que me gustaría que reconocieras que tienes un don y que merece la pena que lo explotes.
—Pienso en lo que dijo Iris y añado—: Creo que podrías llegar a ser un artista maravilloso…
y cualquier otra cosa que desees. No tienes que elegir entre una cosa y la otra.
—Eso parece demasiado —admite mientras sale de la auto-pista.
—¿Y el béisbol, el trabajo, tu familia, el instituto, tus amigos y las chicas no lo eran? —bromeo.
Él se sonroja y se ríe un poco.
—Supongo que tienes razón.
—Pues claro que tengo razón. —Le doy un toquecito en el hombro con el dedo—. Te conozco.
Le doy un suave codazo en las costillas y él me dedica una preciosa sonrisa de esas genuinas.
Aparca el coche en un estacionamiento casi vacío, se desabrocha el cinturón, se desliza hacia el centro de los asientos y estira los brazos hacia mí.
Segundos después estoy sobre su regazo y soy incapaz de mantener las manos quietas.
Lleva un par de días sin afeitarse y le raspan las mejillas un poco cuando su barbilla roza la mía al atrapar su boca en un beso.
Sus manos recorren todos mis ángulos —omóplatos, codos, muñecas— antes de atraerme más hacia él.
Su lengua se mueve sobre la mía, líquida y lenta, y me enciendo al instante.
—Sí que me conoces —murmura mientras respira hondo.
Suelto un gemido un poco demasiado alto al sentir que me aprieta las caderas con las manos cuando me muevo contra él.
Respira de nuevo, lenta y profundamente, mientras me sostiene para que me quede quieta—.
No deberíamos hacer esto. No aquí. —Sin embargo, no me suelta de inmediato, y aprovecho la oportunidad para pegar mi pecho contra el suyo y besarle una vez más antes de bajarme de su regazo.
—Tenemos asuntos serios que atender —bromeo cuando mi ritmo cardiaco se ha calmado y he dejado de sentir un hormigueo en la piel. Le doy un sorbo a su café helado, casi derretido a estas alturas—. ¿Vamos?
Luke coge su mochila y nos dirigimos al edificio principal. El campus es bonito. Es verde y abierto, aunque pequeño. Luke entrega los papeles en la oficina de administración, donde le dan una gran carpeta y le dicen que puede empezar a matricularse en las clases hoy mismo.
—¿Podemos dar una vuelta? —pregunto, y la secretaria asiente con la cabeza y nos entrega unas tarjetas que nos identifican como visitantes.
—No podéis entrar en los edificios cerrados con estas tarjetas —dice—, pero el edificio principal está abierto.
Puedes asistir a la jornada de orientación, aunque seas estudiante a tiempo parcial, así que, si hay algo que no puedas ver hoy, puedes solicitar verlo antes de que empiecen las clases la semana que viene.
Parece que todo va a ocurrir demasiado pronto. Para entonces habré cumplido diecinueve años, y siento una ligera emoción al saber que habré llegado a la edad adulta. Son los pequeños logros los que importan.
—Vamos a ver dónde serán tus clases y esas cosas —le digo a Luke cuando volvemos al pasillo—. Quizá también podríamos ir a la biblioteca para buscar un buen sitio en el que estudiar. —Le guiño un ojo.
—Claro. —Me coge de la mano y me acaricia los nudillos con el pulgar.
—Y durante el día de hoy, ¿podemos fingir que mi trasplante de corazón está programado y que no tenemos nada por lo que preocuparnos durante los próximos meses más allá de las clases a las ocho de la mañana y de seguir en contacto mientras tú estás aquí y yo en Boston?
Luke sonríe.
—Eso puedo hacerlo.
—¿Sí?
—Sí.
Me inclino, le doy un beso en la mejilla y después lo arrastro por el vestíbulo.
Deambulamos un rato y nos asomamos a grandes aulas vacías y oscuras con paneles de madera y a grandes y luminosas salas de informática. La biblioteca no tiene muchos rincones secretos, por desgracia, pero sí varias salas de estudio acogedoras a un lado y unas vistas preciosas del patio central.
—Los profesores de finanzas están por aquí. —Luke señala un pasillo de aspecto triste y algo desangelado, y empieza a recorrerlo—. Me pregunto si el tipo con el que hice la entrevista estará aquí. También es de Northport.
Luke parece emocionado y yo intento sentirme igual, pero todo parece demasiado aburrido en comparación con quien es él de verdad…, aunque sé que aquello a lo que termine dedicándose no lo definirá ni lo cambiará.
Los despachos están todos cerrados y en silencio.
—Puede que estén disfrutando de los últimos días de vacaciones sin alumnos.
Mi padre siempre se queja de los alumnos que aparecen en su despacho antes de que empiecen las clases en Emerson —digo.
Al pasar por el siguiente pasillo, veo una explosión de color en forma de obras de arte colgadas en la pared—. ¿Qué hay por aquí?
Luke se encoge de hombros y vamos a echar un vistazo a lo que resulta ser el ala de arte.
Los trabajos de los alumnos decoran el vestíbulo.
La mayoría de los estudios están cerrados, pero encontramos uno cuya puerta se mantiene abierta gracias a un bote de pintura.
Miro a Luke enarcando las cejas y empujo la puerta.
El aula tiene el techo alto y una pared con ventanales enormes que dejan entrar una luz preciosa.
Hay cuatro secciones, una en cada rincón, que parecen pertenecer a artistas de diferentes técnicas: un escultor, dos ceramistas y, por el aspecto, un grabador, con el escritorio lleno de pequeños botes de pintura, tacos de madera tallada y una pila de pantallas de seda.
Nos acercamos a la ventana y miramos al exterior. Las nubes de primera hora se han desvanecido y el cielo es de un color azul brillante.
—¿Puedo ayudaros? —pregunta una voz desde el marco de la puerta, y ambos pegamos un salto.
—P-perdona —tartamudea Luke—. La puerta estaba abierta.
—Dentro de unas semanas él empieza a estudiar aquí —añado—. Quería que imagino que viera los talleres.
—Ah, vale. Bienvenidos —dice la joven mientras se acerca a lo que imagino que debe de ser su rincón, el escritorio lleno de utensilios de serigrafía.
—Son increíbles —dice Luke, y señala el estante de secado que hay junto a su mesa—. ¿Combinas serigrafía con linograbados?
La chica asiente con la cabeza y se lanza a describir su proyecto.
El rostro se le ilumina cuando habla, y no puedo evitar imaginarme a Luke y a ella haciendo impresiones juntos, yendo a cenar después de clase, bailando en las fiestas e incluso saliendo juntos.
La idea me duele, pero no quiero engañarme a mí misma.
Aunque hoy hayamos acordado fingir que todo va bien, ese es un futuro mucho más probable para él.
Tal vez no con esta chica, pero sí con alguien como ella.
Cuando nos despedimos y volvemos al vestíbulo, no puedo evitar emocionarme de nuevo por él.
—Estoy deseando venir a visitarte —le digo, mientras lo tomo de la mano y me aferro a nuestro plan de fingir que todo está bien—. Podría colarme en tus clases de empresa y luego posar para tus deberes de arte.
Luke me dedica una sonrisa poco entusiasta.
—Espera, ¿no mola que tu novia de antes de la universidad venga a visitarte? No quiero cortarte las alas —bromeo, aunque también hay algo de verdad en lo que digo—. Abbi rompió con su novio antes de Acción de Gracias en primero. Dijo que se le hacía un mundo todo, que era demasiado.
—No. —Luke se detiene y se gira hacia mí. Me coge de las manos—. Quiero decir, sí, deberías venir a verme. Tú nunca eres demasiado. No quiero a nadie más que a ti.
No me molesto en decirle que tal vez se sienta así ahora, pero que ojalá algún día sea diferente, porque parece muy afectado.
—Vale —digo, soltándome de sus manos para rodearlo con los brazos—. Entonces te toca aguantarme.
—Yo encantado —susurra contra mi pelo.
—Tendrás que llevarme a probar la horrible comida de la cafetería y hablar de filosofía, psicología o cualquier otra asignatura que vayas a escoger. —Me río mientras me separo de él y nos dirigimos a la salida. Volvemos a salir al calor sofocante de agosto.
—O… —Luke se pone la mochila delante y saca un par de envases de comida del Lorell’s— podemos comer en el césped.
—Me parece genial.
Extiende una toalla de playa sobre la hierba bajo la sombra de un gran roble.
Ha traído bebidas, bocadillos, fruta y pastelitos.
Seguimos jugando al juego de «¿Y si…?», e inventando situaciones imaginarias en las que estamos aquí juntos o viene a visitarme a Brookline, o incluso a París el verano que viene, ahora que he enviado la solicitud.
Tener planes es reconfortante y hace que resulte más fácil inventar sueños sobre el futuro, aunque seguramente no se hagan realidad.
—Tal vez podríamos hacer nuestro propio viaje de estudios al extranjero. Después de que vaya a París con Maddy, sabré cómo moverme, y podemos ver arte y sumergirnos en la cultura.
—Si por «cultura» te refieres a queso, me apunto —dice Luke con una gran sonrisa. El sol se refleja en los mechones cobrizos de su pelo. Estiro una mano y juego con un mechón, y él cierra los ojos.
—Estoy deseando ir. —Lo digo en un susurro, por si el universo puede oírme y lleva la cuenta de mis deseos.
—Irás —dice Luke, y abre los ojos.
—Tal vez —respondo, porque es lo máximo que me atrevo a admitir por ahora.
Luke está deseando matricularse en las clases, así que, mientras yo me termino el bocadillo, él se crea una cuenta de estudiante desde el móvil con los papeles que le han dado y empieza a escoger asignaturas.
—¿Crees que son demasiadas? —pregunta mientras me pasa el móvil—. Te recomiendan empezar con tres asignaturas si estás a tiempo parcial, pero me parecen muy pocas.
—Pues no lo sé. Abbi sí que lo sabría. O puedes preguntarle a Izzy.
Él asiente con la cabeza y coge el último pastelito antes de que yo ponga mis manos sobre él.
Reviso la lista y frunzo el ceño. Son todas asignaturas troncales y de negocios, ninguna de arte ni de literatura, nada de lo que sé que le interesa a la parte curiosa y visual de su mente.
Busco la lista de asignaturas y les echo un vistazo rápido.
—Deberías coger Introducción al diseño gráfico. —Le enseño la pantalla—. Cuadra con los días que vienes y no tiene nota final, simplemente apruebas o suspendes.
A Luke se le ensombrece un poco la expresión.
—No lo sé, Sera. No tengo mucho tiempo…
—Hazlo por mí —le pido al fin, dejando atrás la tontería del juego de fingir y enfrentarnos a la realidad que tenemos ante nosotros—.
Inscríbete por mí. Solo una clase. Y, si te gusta, te matriculas en otra y, si no, no tienes que hacer nada.
Solo es que… no quiero que pierdas una oportunidad así.
Y tal vez yo no pueda asistir a clases como esa, así que quizá esté siendo egoísta, pero, si no lo haces en el primer semestre, por lo menos hazlo en el primer curso. ¿Me lo prometes? Inténtalo.
Luke me mira mientras divago. Tiene una expresión triste en sus ojos verdes, como si los cubriera una sombra. Recupera su teléfono y añade la clase a su horario.
—Ya te contaré qué tal —dice, y me atrae hacia él para besarme. Es un beso pequeño y sencillo, no ardiente y desesperado como el de antes. Es un beso de los que tendríamos dentro de diez o veinte años, cómodo y sincero, honesto y real.