22. Sera
CAPÍTULO VEINTIDÓS
Sera
J ulio pasa volando, como un sueño. En los últimos años no se me había pasado por la cabeza que pudiese ser tan feliz.
Mi corazón se mantiene estable y Luke y yo pasamos casi todos los días juntos.
Los días que ambos tenemos libres, me lleva a la playa o a cualquier evento que se celebre en el cabo, que son muchos: que si el festival pirata, los carnavales, los mercadillos de agricultores, los pequeños conciertos en cervecerías familiares…
Lo ayudo a vender los boletos de la rifa en la carrera para recaudar fondos para la renovación de la biblioteca del pueblo.
Luke hizo un cartel tan profesional que me recuerda todo lo que podría llegar a hacer si pudiese salir de aquí.
Me llevo a sus hermanos a la pista de patinaje cuando él tiene que trabajar hasta tarde e intento no gritar constantemente «¡Tened cuidado!
». Cenamos en su casa y Paula nos mira siempre con los ojos vidriosos.
Quiero decirle que todo va a ir bien, que voy a estar bien, pero ni yo misma lo sé.
No hablamos mucho de mi salud, pero es evidente que Luke intenta que cada minuto de cada día parezca importante.
Sin embargo, son los pequeños momentos entre nosotros los que más significan para mí.
Como cuando encontramos una zona de flores silvestres a lo largo de uno de los senderos naturales de la zona y me coloca una detrás de la oreja.
O cuando se da cuenta de que estoy a punto de terminar la relectura número quinientos del tercer libro de Las crónicas del druida del alma , mi favorito, y me deja el siguiente en la habitación para que no tenga que ponerme a buscarlo aquella misma noche.
Ojalá tuviera el tiempo suficiente para crear más pequeños recuerdos tan bonitos como estos.
Maddy se viene con nosotros cuando puede.
Jugamos al minigolf en Sandwich con ella y Sienna, que es calladita pero más lista que el hambre.
Y los cuatro vamos al Festival de Cine de Woods Hole, donde Sienna y Luke se meten de lleno en una película independiente de ciencia ficción por diferentes motivos: a él le flipó el diseño de los decorados y a ella la banda sonora.
Abbi, sintiéndose excluida, también se une, pero termina en una sala diferente para ver un documental.
Incluso tenemos una cita doble con ella y Cam en la que las demostraciones públicas de afecto no están permitidas.
Pasamos el tiempo suficiente con ella para que pueda ver cómo Luke nos cuida a mi corazón y a mí.
Creo que empieza a confiar en él, igual que he hecho yo.
Tampoco es que ella pueda estar ahí en todo momento, así que tenemos mucho tiempo para todas las cosas que queremos hacer a solas, ya sea discutir sobre el mérito científico de que nuestro universo sea un gran experimento o descubrir los nuevos paisajes de nuestro cuerpo.
Pasamos mucho tiempo en la Playa del Fin del Universo.
A veces buscamos conchas o veo a Luke saltar de la roca al agua, y yo procuro nadar un poquito para ir a su encuentro.
Los días que tengo poca energía, me limito a descansar mientras Luke me pone al día de los cotilleos del pueblo. Su voz me calma, me ancla.
Un día nos pilla desprevenidos una tormenta repentina y el cielo azul desaparece detrás de un velo gris en menos de un minuto.
Estoy flotando en la superficie cuando empieza a llover.
Unos goterones fríos salpican la superficie del mar.
Luke está subido a la roca. Se lanza de un salto y nada hacia mí.
—Deberíamos salir del agua. Podrían empezar a caer rayos—dice mientras se aparta el pelo de los ojos.
—No, mira. —Señalo con el dedo por encima de su hombro hacia una brillante franja azul que ya está empezando a ahuyentar los nubarrones—.
Acabará enseguida. —Nado hacia él, le pongo las manos sobre los hombros y, aunque parece que quiere discutir, también fija la mirada en mí, ardiente y penetrante.
—Eres preciosa. —Me besa lentamente y yo deseo más, incluso aquí mismo.
Lo rodeo con los brazos con fuerza y él me acerca a su pecho.
Los bañadores que llevamos puestos dejan claro que él también quiere hacer más, pero no se apresura; él nunca tiene prisa con esto.
Se comporta como si tuviésemos todo el tiempo del mundo.
Soy yo la que está frenética y desesperada por tocarle.
Me recorre el cuello con los labios. Guío su rostro hacia el mío y nos besamos, esta vez más profundamente.
Sobre nosotros, las nubes vuelven y empieza a llover a cántaros.
Me río mientras Luke me agarra la mano y salimos corriendo del agua hasta llegar a la tienda que hemos montado antes.
No me molesto en secarme con la toalla, simplemente me quito la parte de arriba del bañador mojado y observo a Luke, que fija la mirada con una precisión intensa en el movimiento que hace mi pecho al subir y bajar.
Me acaricia las clavículas y los pechos con las manos, y a mí se me entrecorta la respiración…
y la contengo hasta que no puedo esperar más.
Tiro de él hacia las toallas, lo empujo para que se tumbe sobre ellas y busco su boca con la mía.
Los movimientos de Luke son fuertes, gráciles y lentos, dolorosamente lentos, pero encuentra los lugares que me hacen estremecer de satisfacción.
Yo he encontrado los puntos que lo hacen derretirse contra mí, y es en esos momentos cuando más siento que lo veo tal como es.
Entonces todo él cobra forma: el hijo mayor responsable, la estrella del béisbol, el héroe del pueblo, el mejor hermano mayor del mundo…
, pero también el chico tranquilo y algo friki que ve el mundo con ojos de artista.
—La luz, mira —dice. Estoy tumbada junto a él, acurrucada bajo su brazo—. El sol está peleando con las nubes —añade—. Parece más denso, justo ahí, sobre las olas.
Y sí, eso parece. Los rayos del sol se alzan por detrás de las pesadas nubes grises. Luke me estrecha contra sí y los dos observamos cómo se desvanece la lluvia poco a poco.
Me vibra el teléfono. Es Abbi, para saber cómo estoy. Suelto un gemido y finjo que lo lanzo al agua.
—Supongo que deberíamos volver —dice él.
—Todavía no —respondo, y le doy un beso en los labios.
*
La repentina atención de Abbi me pone difícil lo de relajarme, dejarme llevar y vivir día a día.
Lo único que quiero es pasar tiempo a solas con Luke, pero ella insiste siempre en acompañarnos.
Sin embargo, hemos descubierto que tiene poca paciencia con el béisbol, así que hemos ido a muchos partidos de la liga de béisbol del cabo.
Animamos a los jugadores semiprofesionales del equipo visitante de Northport, que conocen todos a Luke y lo felicitan por la victoria del equipo del instituto.
Él se ríe y le resta importancia, como si no fuera para tanto, y dice que se alegra de que Northport esté recibiendo la atención que merece.
En mis ratos a solas he terminado la primera capa de mi tercera obra para la solicitud: la que representa a mi yo del futuro.
Iris se la enseñó a alguien del programa y me dijo que tenía muchas posibilidades de entrar.
Sin embargo, no le he contado las nuevas complicaciones. No sé si podré ir, aunque me acepten.
Maddy ha estado echando horas extras como loca, pero vamos a intentar vernos mañana. No estoy lista para volver a casa y enfrentarme a las preguntas de mamá, papá y Abbi sobre cómo me encuentro (cansada, pero bien) y qué he estado haciendo con Luke (no es asunto suyo).
—¿Qué van a hacer tus amigos esta noche? —le pregunto a Luke.
—Creo que van a ir al partido que se juega luego en Harwich.
—¿Más béisbol? —bromeo.
—¿Demasiado béisbol? —Se ríe.
—A ver, no diría «demasiado», pero sí más del que estoy acostumbrada. Me pido elegir el destino de nuestra próxima cita.
Cuando se incorpora con cuidado al tráfico que se dirige hacia el oeste, veo la señal de Provincetown.
—¿Qué te parece Provincetown? Seguro que hay muchas galerías nuevas desde la última vez que estuve allí. Y une artista que sigo en Instagram tiene algunas obras expuestas en una galería que me encantaría ver.
—¿Te acuerdas de ese almuerzo drag en el que sacaron a tu padre al frente y le hicieron bailar? —pregunta Luke con una risita.
—Ay, madre mía, lo había olvidado por completo. Vergüenza ajena.
—¿Cómo es que no se sabía los pasos de la Macarena?
Niego con la cabeza y me río más fuerte.
—No tengo ni idea, pero ya te digo que a Abbi y a mí nos dio fuerte con el baile en línea.
—¿Crees que a tus padres les parecerá bien que vayamos tan lejos? —pregunta, y me lanza una mirada de reojo—. Es un buen trecho, y en verano se forman atascos de aúpa.
—Les preguntaré. —Me deslizo un poco hacia él en el asiento y le doy un beso en la mejilla. Luke aparta una mano del volante, me la coloca en la rodilla y traza circulitos con el pulgar.
—De acuerdo, si estás segura de que te apetece…
—Segurísima.