20. Sera
CAPÍTULO VEINTE
Sera
E l lunes, cuando se han ido ya los últimos campistas, todavía me siento bien, así que voy al taller abierto como planeamos y le vuelvo a enviar un mensaje a Luke para decirle que me quedaré por aquí un rato.
No he sabido nada de él, y empiezo a preocuparme.
Para no pensar en eso, saco mis obras para la solicitud con la intención de echarles un ojo en conjunto: una terminada, una a medias y un boceto.
Sin embargo, ahora soy incapaz de empezar nada, porque me doy la vuelta cada vez que sopla el viento, esperando que sea Luke.
Iris me contesta con el consejo que le había pedido, y me vuelvo hacia mi segunda pieza, añadiendo unos toques de amarillo, sorprendida y contenta de ver lo bien que encajan.
Justo antes de las cinco, oigo un golpecito en la pared exterior y entra Luke.
Lleva el pelo un poco húmedo, como si acabara de llegar de la playa o de salir de la ducha.
Parece nervioso, como cuando teníamos catorce años y pasamos un día lluvioso colándonos de peli en peli en el cine, aunque solo pagamos una entrada.
Vimos Spider-Man: Cruzando el multiverso tres veces.
No puedo evitar preguntarme si ha cambiado de idea, si quizá me desmayé y me desperté en un universo distinto en el que nunca le he gustado a Luke.
—Hola —digo mientras él deja sus cosas en el caballete que hay junto al mío y mira mi cuadro a medio hacer—. Hay papel en el trastero. —Esto me será más fácil si podemos trabajar mientras hablo.
Asiente y va a buscar unas cuantas hojas grandes de papel para sus dibujos al carboncillo.
A Luke siempre le han gustado los materiales más secos o los digitales.
Lo más grasiento con lo que ha trabajado es con el pastel.
Antes me metía con él por eso, pero dejo las púas contraídas para más tarde, cuando no esté tan serio.
Se sienta en el taburete al lado del mío y nos instalamos en un ritmo callado.
Con él por fin aquí, noto que me distraigo menos y avanzo en mi cuadro.
Tomo algunas notas de cómo quiero que se diferencie esta pieza de las otras dos, le hago una foto y se la envío a Iris.
Me arriesgo a echarle una miradita a Luke y le pillo mordiéndose el labio inferior.
Ya tiene manchados de negro los tres dedos de la mano izquierda por el carboncillo.
Se echa hacia atrás para ver mejor el dibujo y frunce el ceño.
Después lo arranca del caballete, hace una bola con él y lo lanza a la enorme papelera de reciclaje que tenemos más cerca.
Antes de que pueda reñirle por destrozar un trabajo tan bueno, empieza en una página nueva.
Tengo que dejar de alargarlo más. Inspiro hondo y empiezo con una disculpa.
—Siento no haberte contado lo que me pasaba con el corazón.
—Trago saliva y continúo—: Debería habértelo dicho la primera vez, hace dos años, aunque las cosas entre nosotros no fueran bien.
Es que… —Suspiro y cierro los ojos un segundo.
Escucho el sonido de las aves afuera, el aire atravesando las puertas abiertas y el carboncillo de Luke arrastrándose sobre el papel.
Abro los ojos y me vuelvo hacia él—. Sentí que mi vida se había acabado, y tuve la sensación de que no me querías ni me necesitabas cerca de ti, así que no quise quererte ni necesitarte cerca de mí.
—Fue un verano muy raro —dice.
Suelto una carcajada y luego me llevo la mano a la boca.
—Perdona. Eso es… quedarse muy corto. —Por suerte sonríe. Se me derrite el corazón y, en vez de resistirme, me dejo llevar—. Me estaba enamorando de ti —reconozco. Siento las palabras frías en la boca, como si hubiera estado chupando un cubito de hielo—. Y pensaba que tú también.
—Y lo estaba —salta Luke, dejando el carboncillo y girando el taburete para mirarme de frente—. Y sigo estándolo. Hablaba en serio.
Levanto la mano para que pare. Tengo que sacarlo todo antes de que diga nada más.
—Aquella noche, cuando habíamos quedado en la playa, pensé que me ibas a pedir que fuéramos juntos al baile de final de campamento, y tenía todo un plan para decirte que sí.
—Me río un poco, recordando la ropa que había elegido, la respuesta ensayada.
Solo han pasado dos años, pero esa versión de mí me parece muy joven y vulnerable—.
Y entonces, cuando no pude quedar porque me puse enferma, me aterrorizó pensar que todo lo que estaba haciendo fuera a ser lo último que hacía.
Eras mi primer mejor amigo. ¿Quería que mi último primer beso fuera contigo?
¿Mi primera y última cita? Sentía mucha…
—¿Presión? —pregunta Luke, y asiento. Me quedo un momento pensando, y él se me acerca un poco más y me coge la mano con suavidad.
—Porque sabía que, si estábamos juntos, sería algo importante. ¿Entiendes? —digo—. Sería distinto a lo que había sido con otros novios. Más intenso. Y me asusté mucho.
—Y te echaste atrás —dice.
—Sí. —Asiento—. Luego Abbi me pilló llorando y me obligó a contárselo todo. Me convenció de que fuera a verte.
—¡Qué boba! —bromea, mientras yo me emociono un poco.
—¿Verdad que sí? —Me seco una lágrima a medio salir del ojo y continúo—. Primero fui a la playa, pero allí no estabas. Así que te fui a buscar a la fiesta aquella en casa de Dennis para disculparme y ser yo la que te pidiera salir. También te iba a explicar lo de mi corazón… —Me quedo sin palabras.
—Y me viste con Izzy.
Asiento.
Luke se pasa la mano por la cara.
—Lo siento. No puedo ni imaginar cómo te sentiste.
Se me escapa una risa hueca.
—Me dolió mucho.
—Sera, hacía años que conocía a Izzy. Y estaba allí aquella noche, como lo había estado todo el verano, desafiándome a elegirla.
—Se seca una lágrima—. Ese día estaba listo para pedirle salir a la chica más maravillosa del mundo.
Sin embargo, primero pillé a mi padre poniéndole los cuernos a mi madre y luego, desde mi perspectiva, me dejaron plantado.
Pensé que habías cambiado de idea porque yo no te gustaba como tú me gustabas a mí.
Y en cuanto a Izzy…, era fácil estar con ella.
Y necesitaba dejarme llevar por algo que no me hiciera daño.
—Se encoge de hombros—. Siento mucho que nos vieras.
Estaba enfadado y tomé una decisión estúpida.
Quise contártelo después, pero entonces ya te habías ido, y no supe cómo.
Le aprieto la mano.
—No pasa nada. Siento no haber podido estar allí contigo, y me alegro de que ella sí estuviera.
—Debería haberte contado mucho antes lo que sentía.
—Estabas pasando por algo muy gordo.
Sacude la cabeza.
—Aun así. Soy idiota.
—Quizá lo somos los dos —digo.
—Bueno, ¿podemos olvidarnos de todo eso? —me pregunta, mientras me frota la muñeca con el pulgar y me provoca escalofríos por todo el brazo.
Ojalá pudiera decirle que sí sin más, pero ahora me toca ser sincera con él.
—Sí. —Se le ilumina la cara—. Pero sobre lo que dijiste la otra noche…
—Hablaba en serio, Sera. Me gustas. Quiero que seamos algo más que amigos. Quiero dejar de fingir.
Respiro hondo.
—Tú también me gustas, Luke, pero…
—No, sin peros.
Acerca más su taburete al mío y las patas metálicas chirrían contra el suelo de hormigón. Le pongo la mano en el pecho para mantenerlo un poco a distancia y poder decir lo que le tengo que decir.
—Me está fallando el corazón. Me espera un largo camino.
Puede que más ensayos clínicos, quizá otra intervención, e iré empeorando mientras espero subir en la lista de donantes.
—Suspiro—. Es una mierda. El año pasado apenas podía salir de la cama, y estar cerca de mí era un suplicio.
Ya he tenido suerte. No sé si la volveré a tener, y tú te mereces divertirte y estar con alguien que vaya a poder hacer cosas contigo.
—No me importa. Estoy harto de no estar contigo. Así que ¿por qué no…? ¿Por qué no lo intentamos? Dale una oportunidad a lo nuestro.
Me mira con una expresión terca que me dice que voy a perder esta batalla. Y tengo la sensación de haber ganado. Noto que me tiembla el labio inferior y que me cuesta respirar.
—No te prometo nada.
—No hace falta. Quiero estar contigo todo el tiempo que nos quede.
—¿Estás seguro? Porque… —Pero, antes de que diga nada más, Luke se levanta y tira de mí. Lo abrazo, con la cabeza en su pecho, respirándolo. Sal, jabón y… Luke.
—Claro que lo estoy —me susurra en el pelo.
Mi corazón se llena de alegría.
—Yo también. —Nunca he estado tan segura de nada. Me separo y lo miro a los ojos para asegurarme de que nota que lo perdono…, nos perdono—. Se acabaron los secretos entre nosotros.
Tiene los ojos llorosos, y asiente. Me recuesto en él.
—Tengo miedo —digo. Se me escapa sin querer. Una confesión sincera y susurrada—. Tengo miedo de que uno de los dos acabe sufriendo. Y… me aterra lo que le vaya a pasar a mi corazón.
Luke me coge de los hombros, me separa de él y me mira a los ojos.
—Yo también —me dice—. Pero lo que siento por ti merece la pena.
Merecemos la pena. —Baja la mirada a mi boca y la vuelve a subir.
Hay mil maneras de detener esto. Y una razón poderosísima por la que debería hacerlo.
Sin embargo, ya no puedo alejarme de su órbita.
Me levanto y atrapo su labio superior con los míos antes de cambiar de idea.
Él respira hondo, me toma el rostro con las manos y me devuelve el beso lenta y suavemente.
Enredo los dedos en su pelo mientras me besa, firme y seguro.
Me introduce la lengua, dulce y cálida, en la boca.
Me siento ligera como una pluma. Intento memorizar la forma de su boca.
Desliza las manos hasta mi cintura, luego las sube hasta la parte posterior de mi camiseta y me estremezco cuando me acerca más a él.
El contacto me quema por dentro y se me encogen los dedos de los pies.
Sabe a sal, a sol y a verano. Me da otro besito antes de que cojamos aliento, su frente caliente contra la mía, como si compartiéramos una quemadura por el sol.
Se cuela un soplo de brisa que hace tintinear el carrillón que cuelga en un rincón del estudio, pero no nos sobresaltamos. Hay algo en todo esto que no nos asusta en absoluto. Nunca ha habido nada tan perfecto y tan real.
Luke me acaricia el cuello con la nariz y luego me deja un reguero de besos en las mejillas encendidas.
—Se nos da bien —dice, y sonrío cómplice y vuelvo a besarlo.
Me olvido de todo lo que ha pasado en los dos últimos años y solo vivo el momento, en el que no hay lugar donde no estemos conectados.
Luke se detiene, se aparta y mira alrededor.
Cuando me voy a quejar, me levanta y me da la vuelta con rapidez.
Me río cuando me baja suavemente sobre el pico de una de las enormes mesas de dibujo que tenemos detrás. Me enmarca con los brazos.
—Sera Watkins —proclama, cogiéndome de las caderas y estrechándome contra él—, ¿quieres salir conmigo?
Le respondo con otro beso.
—Bien —dice con sus labios en los míos—. Entonces este va a ser el mejor verano de tu vida. ¿De acuerdo?
Sonrío.
—De acuerdo.