14. Sera #2
—¡Perdona por no tener instintos suicidas!
Luke sonríe. Mira hacia su porción de pizza y luego vuelve a mirarme a mí.
—Ahora en serio —dice—, gracias por venir. Salir en el barco ha sido raro desde…
—Lo de tu padre…
Luke asiente, pero no dice nada más. Aprovecho el momento para preguntarle lo que debería haberle preguntado hace años.
—¿Estás listo para contarme lo que pasó con tus padres?
Él suspira y aparta la mirada hacia la izquierda, donde acaba de atracar otro barco. Yo le doy un bocado a mi pizza y mastico despacio, con paciencia.
—Mi padre le fue infiel a mi madre —dice por fin, sin mirarme a los ojos.
—Maddy me dijo que creía que era eso. Pero no es todo, ¿verdad?
Luke niega con la cabeza.
—Fui yo quien lo descubrió. —Se le quiebra la voz con una mezcla de rabia y tristeza.
—Ostras, Luke, lo… —empiezo a decir.
—No lo sientas —dice él, negando con la cabeza—. La cosa es que… yo lo lie todavía más.
—Pero ¿qué dices? Nada de lo que hiciera él es culpa tuya.
—Es que no se lo dije a mi madre al momento. No sabía qué hacer.
—¿Cuándo te enteraste?
Luke me observa con atención, como si dudara sobre si debería decir lo que viene a continuación.
—Hace dos veranos. Tres días antes de que te fueras.
Se me cae el alma a los pies. El día que habíamos quedado en vernos en nuestra playa. El mismo día en que empezó a fallarme el corazón.
—Me pidió que no dijera nada, que quería contárselo él mismo.
Pero solo aguanté una semana y, cuando se lo dije, ella se quedó destrozada.
Intentaron arreglarlo durante un tiempo, pero mi madre dijo que había perdido toda la confianza en él.
La mierda del divorcio fue lo peor: discusiones estúpidas por el dinero, por dónde íbamos a vivir…
Nos quedamos en silencio un momento mientras intento pensar en algo que decir.
—Joder. —Es lo único que me sale.
Luke suelta una carcajada. Repentina, fuerte.
—¿Qué? —pregunto, riéndome también.
—Nada, es solo que… creo que nunca te había oído soltar una palabrota así. Pero sí…, joder.
El instante se instala con ligereza entre nosotros, y Luke aprovecha la oportunidad para seguir hablando.
—Sé que no fue fácil tratar conmigo aquel verano, pero es que nunca los había visto pelearse. Y te necesitaba.
—Lo sé. —Trago saliva y tomo aire despacio. Las palabras me queman en la punta de la lengua, pero no quiero que suenen a excusa.
Guardamos silencio un rato más. Observo las sombras que bailan sobre el agua mientras pasa un pequeño grupo de pececillos, seguidos por unas gaviotas que planean en un cielo que empieza a tornarse violeta.
—La primera vez que salí con el barco sin mi padre, Oliver se cayó al agua —dice Luke, rompiendo el silencio—. Yo no estaba prestando atención y él se había sentado demasiado cerca del borde cuando hice un giro brusco.
—Uf. Qué miedo…
—Sí. Me puse histérico. Si Izzy no hubiera estado allí, habría tardado muchísimo más en sacarlo del agua. Me quedé en blanco, no sabía ni cómo dar la vuelta en ese momento.
Intento no sentir celos al oír el nombre de Izzy, pero la sensación se me agarra a las entrañas igual. Luke me observa con atención mientras me remuevo. No se le escapa nada, pienso.
—Me alegro de que ella estuviera allí —digo.
Se pasa una mano por el pelo, despeinado por el viento.
—Yo también. Izzy… es una buena amiga. Estuvo a mi lado cuando mis padres se peleaban. Me escuchaba, pero también me daba caña cuando hacía alguna tontería —añade con una sonrisa triste.
Pienso en Maddy, en cómo aceptó mi diagnóstico sin tratarme de forma diferente. Se me ponen los ojos vidriosos.
—Conozco a personas así. Es un lujo tenerlas cerca.
—Ya te digo. Estuve a punto de no inscribirme en el equipo en el último curso, y me echó una bronca monumental. —Ríe—. Dijo algo de que ya tendría tiempo de madurar cuando terminara el instituto.
—Cada vez me cae mejor —digo.
—Lo sabía —responde, mirándome a los ojos.
—Bueno… —digo yo, mirando hacia el agua.
Las luces de entrada del puerto parpadean sobre las boyas, y oigo el sonido metálico de rock clásico de los noventa que sale de uno de los barcos del muelle—.
Pero no es tu mejor amiga, ¿verdad? Porque ese título lo ostento yo —añado con una sonrisilla de lado.
—Lo eras —dice él, inclinándose hacia delante, con las rodillas recogidas y los brazos apoyados sobre ellas—. ¿Por qué dejaste de serlo?
—Nunca he dejado de serlo —respondo despacio—.
Solo es que… me asusté —confieso. Es lo más cerca que he estado de hablar de aquella noche en la que lo dejé plantado y luego lo vi con Izzy.
Lo miro a los ojos y formulo la pregunta que llevaba tiempo guardándome—.
¿Por qué me pediste que nos viéramos en nuestra playa? —pregunto en voz baja.
Ahora es él quien calla y se queda pensativo. Lo veo tragar saliva, frotarse las palmas contra los ojos.
—No lo sé —dice por fin, apartando la mirada.
—No te creo —replico. Quiero que diga toda la verdad para poder soltar la mía también.
Luke se acerca un poco y con la rodilla herida me roza el muslo. Posa una mano sobre la mía, apenas con el pulgar encima, sobre la madera húmeda. No la aparto. El corazón me late con fuerza, y cada pedacito de esperanza que había intentado arrancarme se empeña en volver a llenarme el pecho.
—Yo… —empieza Luke, pero entonces le vibra el móvil en el bolsillo. Lo saca. La cara de Izzy ilumina la pantalla—. Tengo que irme —dice, echándose hacia atrás.
—¿En serio? —pregunto, sin poder evitar que se me escape un tono sarcástico.
—Sí. Habíamos quedado. —Levanta la vista y me mira, con una disculpa en los ojos.
—Perfecto —digo, poniéndome de pie y haciendo una bola con el plato de cartón.
—Sera…
—No pasa nada —aseguro intentando parecer de lo más normal, aunque él duda—. De verdad —recalco—. De todos modos, tengo que irme. Mañana tengo campamento. Y Jackson también vuelve mañana de Nantucket. Nos vemos en la campaña de donación de sangre este finde.
Antes de que pueda decir nada más, me doy media vuelta. Mis pasos resuenan sobre las tablas del muelle. Siento cómo se me llenan los ojos de lágrimas y me las seco con rabia.
¿Amigos? Sí, ya… No dejo de sentir que debería haber algo más y eso sigue interponiéndose en todo. Necesito un baño de realidad. Tengo que pasar página, joder.
No tengo tiempo que perder.