7. Sera #2
—¿A qué viene esa cara de satisfacción? —pregunta Luke mientras avanzamos en silencio hacia los puestos de comida y la carpa del evento.
—Ah, nada, cosas de hermanas —respondo. Llegamos al final de los coches, junto al muelle.
—Lo pillo. Mis hermanos pequeños son iguales. Tienen una especie de código secreto entre ellos.
—¿Y contigo no?
Se encoge de hombros.
—Soy demasiado mayor, supongo. Y, desde que se fue mi padre…, he asumido un poco el papel de medio padre, así que no siempre estamos del mismo bando.
—Lo siento. Qué mal.
Él vuelve a encogerse de hombros; un solo hombro fuerte que sube y baja con indiferencia.
—Yo también lo siento —dice Luke—, por lo que dije de tu arte.
No creo que sea de críos, en serio. Es solo que…
, bueno, ya no puedo darme el lujo de tener aficiones.
Mi madre tiene que poder contar conmigo, y el arte no ayuda a pagar las facturas ni el equipo de lacrosse de Adam ni los monopatines de Oliver…
, que, te juro, destroza a propósito. —Niega con la cabeza, riéndose—.
Deberías ver cómo lleva las rodilleras. Ese crío no le tiene miedo a nada.
—Debe de ser duro —digo, y me siento culpable otra vez por no haber sabido lo mal que lo ha pasado con el divorcio de sus padres—. Y muy injusto. —Pienso con cuidado cómo expresar lo que siento—. Son tus hermanos, no tus hijos.
—No me importa ayudar —responde con firmeza—. Quiero estar a su lado y ayudar a mi madre.
Llegamos a la carpa principal y Luke entra para saludar a los organizadores, aunque enseguida me doy cuenta de que él también es uno de ellos.
Mientras espero a que ayude a alguien con un problema técnico relacionado con la segunda película, me quedo mirando el cartel pegado al lateral de la carpa.
Tiene un aire retro, como de anuncio de los años cuarenta, con un coche clásico en un autocine y una ilustración del puente proyectada en la pantalla.
Las líneas son limpias, la tipografía, nítida.
No sé cómo no me he dado cuenta antes. Es obra de Luke.
Él sale de la carpa.
—Perdona, ser el voluntario más joven significa responder a un millón de preguntas sobre tecnología. ¿Lista para comer algo?
—Sí. No. Espera. Creo que no me había fijado hasta ahora por tanto color —bromeo, señalando el cartel—, pero es tuyo, ¿verdad?
Luke intenta restarle importancia.
—Sí, era mucho más barato que contratar a un diseñador de verdad.
—Luke —digo, sonriendo—, tú eres un diseñador de verdad. Es fantástico.
—Gracias. ¿Vamos a por el picoteo? —pregunta enseguida, cambiando de tema mientras señala la cola del puesto de comida.
—Sí —respondo, y me pongo a su lado. No entiendo por qué está tan raro con lo del cartel. Detrás de nosotros, en la pantalla, la Tierra implosiona.
Pillo a Luke observándome mientras veo la película, y algo hace clic en mi cabeza.
—Espera…, ¿la peli la has escogido tú? —pregunto, mirándolo.
—Esto… —Luke se rasca la nuca—. Sí. —Empieza a toquetearse los bordes deshilachados de la camiseta—. Cuando supe que ibas a venir, la cambié. Es tu favorita.
Le agarro la mano y le doy un apretón para darle las gracias.
Aunque no tenga ni idea de lo que está pasando con mi salud, sabe cuánto significa para mí este verano.
Luke me aprieta la mano; su palma es áspera, cálida, y me es tan familiar…
Mira hacia abajo, hacia nuestras manos unidas, y luego me mira a mí.
La película es la única fuente de luz, así que estamos envueltos en sombra.
En la oscuridad, sus ojos parecen una parte profunda y acogedora del océano, y me dejan clavada allí, inmóvil.
El corazón me late con fuerza y se me enfrían los dedos.
Debería soltarlo. ¿Por qué no lo suelto?
Es como si los pedacitos de mi corazón que lleva en el pecho fueran imanes que tiraran de mí.
Me siento igual que cuando teníamos dieciséis años: intensa, desesperada.
Y me rompe el alma recordar que yo quería estar con él más que nada en el mundo, y él…
no. No quiero que vea lo que siento, ni que me compadezca.
Se me van los ojos a su boca, entreabierta, como si fuera a decir algo, pero, antes de que pueda hacerlo, una chica aparece de la nada y le echa los brazos al cuello. Luke me suelta la mano como si le quemara.
—¡Izzy! —exclama él, girándose para devolverle el abrazo—. ¿Cuándo has vuelto?
Se me revuelve el estómago. Izzy es de aquí, va un curso por encima de nosotros, y, aunque no iba al Abeja Azul, siempre rondaba por ahí.
Le va mucho la música, el cine y, el último verano que estuve aquí, también Luke.
Me muerdo el labio; de repente estoy nerviosa e incómoda.
Querría darme la vuelta e irme, pero eso solo suscitaría unas preguntas que no me apetece responder.
—¡Hoy! —dice ella, apartándose el flequillo rosa de los ojos—.
Quería darte una sorpresa. —Le revuelve el pelo con una mano de manicura perfecta, aunque apenas llega a su cabeza—.
Lo tienes más largo. Pero llevas la camiseta que te mandé.
—Esboza una sonrisita de suficiencia mientras tira del dobladillo de la camiseta, en la que hay un personaje de anime que yo ni siquiera sabía que le gustaba a Luke.
Él se ríe y le señala el pelo.
—Me gusta el rosa.
—Más que el azul del verano pasado, ¿eh?
—¿Y manchará menos? —bromea él.
Ella le da un empujoncito.
—Oye, que solo te fastidié una sudadera.
—Sí, mi sudadera blanca vintage de los Patriots —le recuerda él, aunque no parece enfadado.
Como una idiota, me doy cuenta de que están flirteando. Es evidente que aquí pasa algo que me he perdido. Algo más que lo de hace dos años. Cuando Maddy dijo que Luke no salía con nadie en serio, quizá optó por omitir a Izzy para no hacerme daño.
—Perdona —dice Izzy, girándose hacia mí—. Qué mala educación la nuestra.
—Ah, es mi amiga Sera. Somos vecinos. Seguro que ya os habéis visto.
—¡La chica del corazón! —exclama Izzy, y de pronto me veo envuelta en un abrazo—. Claro que sí. Me alegro de verte de vuelta este verano.
Carraspeo y trato de recomponerme.
—Lo mismo digo. Será un verano divertido. —Fuerzo una sonrisa.
—No hay nada como el verano antes de empezar la universidad. Ya verás —dice mientras le rodea la cintura a Luke con un brazo, y noto cómo se me forma un nudo en la garganta—. Pero tampoco hay nada como volver a casa. ¿Te puedes creer que llegué a echar de menos Northport?
—¿Cuando tenías a todo Cleveland a tus pies? —bromea Luke.
—¿Sabías que no tiene salida al mar? —Izzy se estremece—. Ni un océano en mil kilómetros a la redonda. He vuelto a sentirme yo misma en cuanto he visto el Atlántico.
Asiento, fingiendo que entiendo lo que quiere decir, pero no se me ocurre nada que añadir. En Ohio hay un lago, ¿no? ¿No es uno de los Grandes Lagos? ¿No le basta con esa agua? Estiro los labios en una sonrisa que espero que parezca comprensiva.
—Por eso no me imagino yéndome de aquí —dice Luke, y ahora soy yo la que lo mira raro. De pequeños, todos nuestros sueños pasaban por ver los rincones más lejanos del mundo, con suerte incluso volar al espacio de verdad.
—Me alegra saber que estarás aquí —suelta Izzy, y le planta un beso en la mejilla.
Me da la sensación de que el suelo se inclina bajo mis pies, como si la Tierra quisiera expulsarme. Respiro hondo y fijo la vista en la cabeza del chico que tenemos delante. Pero mis ojos siguen volviendo a Luke e Izzy, pegados el uno al otro.
Por suerte, la cola avanza rápido cuando un grupo grande de adolescentes se aleja con sus bolsas de comida, y yo aparto la vista de la mano de Luke en la cadera de Izzy, avergonzada.
Pido todo lo que necesitamos y pago, no sin antes preguntarle a Izzy si quiere algo.
Luke lleva dos bandejas y yo cojo la última.
Vuelvo en silencio hacia la camioneta, dejando que Izzy llene el aire con sus novedades, todas dirigidas a Luke y solo a Luke.
El momento de antes me pesa en el pecho, lleno de cosas no dichas pero comprendidas.
«Solo somos amigos. Solo somos amigos», me repito una y otra vez.
Cuando llegamos de nuevo a la camioneta de Luke, me alegra ver a Jackson allí. Está charlando con los amigos de Luke sobre los Red Sox, pero se levanta enseguida para ayudarme con la bandeja de comida y bebidas.
—Gracias —digo al pasarle las cosas—. Qué bien que hayas podido venir.
—Me encanta el autocine —responde con una sonrisa—. No podía perdérmelo. —Vuelve a subir a la parte trasera del camión y luego se gira para darme la mano y ayudarme a subir.
Abbi me lanza una miradita y hace sitio para que Jackson y yo nos sentemos a su lado, junto a Cam.
El brazo de Jackson acaba descansando sobre mi pierna.
Huele a colonia especiada y el calorcillo que desprende es agradable, sobre todo a medida que las temperaturas van bajando.
Él también ha visto la película, así que no le molesta que murmure algunas frases antes de que las digan los personajes.
Echo un vistazo rápido por encima del hombro y veo a Izzy acurrucada junto a Luke.
Está absorta mirando la pantalla, así que al menos se gana puntos por no odiar la película.
Luke me mira a mí y luego a Jackson. Capto un destello en sus ojos que no sé descifrar.
Me doy la vuelta, me inclino un poco más hacia Jackson y, aunque noto el calor que me sube por el cuello como si Luke me estuviera mirando, no vuelvo a girarme.