3. Sera
CAPÍTULO TRES
Sera
L lueve todo el domingo, así que el mal tiempo nos deja encerrados en casa y pone en jaque las hogueras.
He estado reordenando mi habitación, incapaz de quedarme quieta.
He cambiado todos los muebles de sitio, apilado los libros sin leer en la mesita, escogido los materiales de arte que quiero llevarme para las clases y estoy mirando vídeos en time-lapse de artistas en Instagram cuando me escribe Maddy.
Ha amainado lo suficiente y todo el mundo ha decidido que la hoguera sigue en pie.
Estoy tan aliviada como nerviosa. Aunque desde enero me encuentro bien, terminé las clases desde casa y no he ido a ninguna fiesta en dos años.
Me arreglo a toda prisa y me paso por la habitación de Abbi con el pelo aún mojado para preguntarle si Cam llegará a tiempo para llevarnos.
—Probablemente no. —Está tumbada en el suelo mientras escucha un pódcast de ciencias.
Algo sobre volcanes. Se acaba de pintar las uñas de los pies y sigue oliendo a esmalte, incluso con la ventana entornada—.
Cogeremos el coche de papá y conduces tú a la vuelta.
—Echa la cabeza hacia atrás y me mira de arriba abajo—. ¿Eso es lo que te vas a poner?
Llevo unos vaqueros y la camiseta del concierto de Olivia Rodrigo que yo misma desteñí hace tres años.
—Ven. —Me arrastra por el pasillo de vuelta a mi habitación, me empuja hacia el armario, se acomoda en el asiento de la ventana y mira hacia la casa de Luke a través de las cortinas—. Saca algo que no sirva también como ropa para pintar o para entrenar o de pijama.
Para ser sincera, mi armario está un pelín pelado. En los últimos dos años solo me he puesto ropa cómoda y no he renovado vestuario desde que me recuperé. Todo lo de hace dos años me queda demasiado pequeño o es un poco infantil.
—¿Puedo al menos dejarme los vaqueros?
—Sí, pero entonces necesitas un top o una camiseta más mona, y una chaqueta. ¿Tienes la verde todavía? ¿Y qué vas a hacerte en el pelo? ¿Y de maquillaje?
Suspiro de nuevo. Mi pelo siempre ha sido un poco deslucido comparado con el de Abbi, pero me gusta lo largo que lo llevo.
—Creo que lo dejaré secar al aire. Sin maquillaje. —Cuando ella me maquilla, tarda una hora.
—Yo te lo seco.
Abbi va al baño y vuelve con algunos productos y con el cepillo redondo que, aunque viejo, la humedad del cabo todavía no ha oxidado. Escojo algunas camisetas que más o menos me sirven y ella señala una naranja y corta. Me cambio de camiseta y me siento en la banqueta frente al tocador de mimbre.
—Entonces… —Se pone en modo interrogatorio—. ¿A quién verás esta noche?
—A Maddy, a las chicas de voleibol y puede que a algunos amigos de los campamentos, si van.
Abbi asiente con la mirada fija.
—¿Y el objetivo de la noche?
—¿Necesito un objetivo? —Me río y hago una mueca de dolor cuando me tira un poco más fuerte del pelo.
—Cualquier situación a la que accedas sin objetivo te deja dos pasos por detrás. Una oportunidad malgastada.
A mi hermana no le gusta hacer las cosas de una en una, cree que la vida es mejor cuando vas a mil por hora.
—Es solo una fiesta, Abbi. ¿El objetivo no puede ser ponerme al día con mis amigos?
—Claro. —Cambia el cepillo de mano y se coloca al otro lado de mi cabeza—. Pero me parece un objetivo fácil y básico.
—Vale, ¿y cuál es tu objetivo de la noche? —la provoco.
—Asegurarme de que Cam y mis amigos del cabo se lleven bien y vivir un momento de alegría verdadera.
—¿Y qué diferencia hay con el mío?
—Se trata de concretar, Sera. —Otro manojo de pelo calentito y recién alisado cae sobre mi espalda—. ¿Cómo vas a recordar esta noche, si no?
—Ya. —Su euforia me pone de los nervios. Qué ganas tengo de llegar y olvidarme de todas estas preguntas.
—El mejor verano de tu vida —me recuerda mientras termina con la última partición del pelo. La melena me cae la mar de bonita sobre los hombros; me paso los dedos entre los mechones y me relajo un poco. Solo hace de hermana, aunque sea a su manera.
—Sí. —Sana, feliz y presente. Puedo ser concreta.
—¿Y bien?
Esta vez no dudo.
—Me aseguraré de que Maddy sepa lo mucho que la he echado de menos y… probaré algo nuevo.
Me da la vuelta y me agarra por los hombros, con los ojos azules que casi le echan chispas.
—Perfecto.
*
Las hogueras están en lo mejor cuando Abbi y yo aparcamos.
Aún no hemos alcanzado el solsticio, así que la puesta de sol se atrasa cada noche.
Llegamos justo cuando el último trazo rosa del cielo desaparece y nos deja las cinco o seis hogueras esparcidas por la playa para iluminarnos el camino desde la cresta de la duna.
La playa de Thirds es un trozo estrecho de tierra entre casas particulares que están demasiado lejos tras las marismas para que les moleste la música y el jolgorio de los adolescentes del pueblo.
Me detengo al borde de la arena para quitarme las sandalias e intento distinguir a Maddy junto a alguna de las hogueras. Abbi ya está acercándose a una de ellas mientras saluda a alguien.
—No hagas nada que yo no haría —me dice por encima del hombro, justo cuando veo a Maddy corriendo por la playa hacia mí. La estrujo en un abrazo y la levanto un poco del suelo hasta que chilla.
—Veo que estás tan fuerte como de costumbre —dice Maddy mientras me guía hacia la hoguera de la que acaba de venir.
Hay algunos chavales que reconozco del pueblo, junto con otra gente que no conozco.
Northport será pequeño, pero lo que ocurre en el cabo es que, si montas una fiesta, te vienen todos los adolescentes desde Falmouth hasta Harwich.
—Sí. —Respiro hondo ese aire con olor a humo y me doy una palmada en el pecho. Tras la cirugía del pasado otoño, mi doctora me puso a levantar pesas ligeras. Dijo que sería bueno para mi corazón mientras me recuperaba—. Todo bien.
—Me alegro muchísimo de que hayas vuelto.
—Maddy se adentra en el círculo de gente junto al fuego, se agacha para coger un par de latas de refresco de la nevera portátil y me da una—.
Sé que ya has escuchado mis quejas, pero el verano pasado sin ti fue un horror.
Nadie me quiso acompañar al festival de cine y el trabajo era un rollo sin tus visitas.
Luke estaba demasiado ocupado para venir a menudo él solo.
Abro la lata y se la acerco para que brindemos.
—Bueno, mis disculpas por perdérmelo. Cometeré cualquier delito que se requiera para compensarte.
—Maddy resopla—. En serio. —Bajo la lata y la choco con la suya—.
No habría sobrevivido a los últimos dos años sin ti.
Lo que sea que necesites este verano, soy toda tuya.
¿Quieres que cuide a Marissa para que puedas ir a una cita?
¿Que amañe el concurso de tartas del Cuatro de Julio? Cuenta conmigo.
Maddy se ríe y me echa un brazo sobre los hombros.
—Puede que te tome la palabra con lo del sabotaje de las tartas, pero me estoy tomando un descanso de las citas.
—¿En serio? ¿Ningún romance de verano?
—Este año, no —dice y baja la voz hasta que no es más que un susurro—. La ruptura es demasiado reciente. Necesito algo de tiempo para mí. ¿Y tú? —Me lleva aparte para sentarnos en un par de sillas de playa que acaban de quedar vacías.
Echo un vistazo alrededor. No he visto a Luke, pero tengo la sensación de que está por aquí.
—No creo —digo. Pero en el fondo de mi mente escucho la promesa que me he hecho a mí misma: «algo nuevo»—, pero no me opondré a lo que surja, tampoco.
Maddy da un chillido.
—A ver, Luke sigue soltero. Casi siempre.
Nunca ha salido con nadie en serio. Seguro que contigo sería distinto.
Todavía creo que lo que pasó entre vosotros parecía el principio de un romance de película.
—Me clava la mirada—. ¿Y si hablas con él?
—Maddy es demasiado maja para admitir que lo que pasó, o, más bien, lo que casi pasó entre Luke y yo no significó nada para él.
—No, es una idea horrible. Luke no. Ya superé esa locura transitoria. —La mentira me quema la garganta y le doy un sorbo rápido al refresco—. Ya ni siquiera somos amigos.
—Bueno, vale, si estás segura…
—Estoy segura.
Volvemos a la conversación alrededor del fuego con el resto de la gente.
Todo el mundo me pone al día de las fiestas que me he perdido y me cuenta dónde va a estudiar.
Dos amigos del campamento de arte irán a MassArt, así que nos intercambiamos los teléfonos para quedar por Boston este otoño.
La ex de Maddy, Ella, se va a California, y todos rezongamos y la chinchamos por abandonar la costa este.
La mayoría quieren irse del cabo en cuanto terminen el instituto.
Lo entiendo, yo también estoy lista para un cambio, pero, aun así, tengo celos de que hayan podido pasar aquí toda la vida.
Cuando venimos los fines de semana fuera de temporada o en las vacaciones de febrero, hay una tranquilidad increíble comparada con el zumbido del verano en el cabo o durante todo el año en Brookline y Boston.
A lo mejor encuentro un trabajo y me quedo aquí este otoño.
Puedo aprovechar para perfeccionar los paisajes.
Algo es algo, y suena mejor que lo que quieren mis padres, que es que empiece a ir a un par de clases en verano antes de empezar la universidad a tiempo completo en otoño.
—¿Y tú qué, Sera? —pregunta Ella.
—Me tomaré un año sabático, como Maddy. No estoy segura de lo que quiero hacer.
Un par de personas pululan cerca cuando lo digo, y una de ellas me mira dos veces.
Luke. Nuestras miradas se cruzan y aparto los ojos y me giro hacia Maddy, que se ha lanzado a enumerar las ferias y eventos para los que quiere cocinar o ir a ver.
Intento escucharla, de verdad, pero el grupito con el que va Luke se ha instalado en la hoguera más cercana a la nuestra y no paran de subir la música, así que cuesta concentrarse en nada más.