Capítulo Cincuenta y seis
MALINI
“
C asi la mato”.
Esa sería una nueva pesadilla, que se sumaría el resto. Ya soñaba con fuego, el olor a carne quemada, la sonrisa ennegrecida de Narina.
Pronto soñaría con el corazón de Priya en sus manos, palpitante, a un pelo de distancia de su daga.
No se permitió revelar cómo se sentía. Caminó con el extraño séquito de la Señora Bhumika (soldados, sirvientas, cocineros) e ignoró las miradas que le dirigían.
Bhumika había accedido colaborar para que Malini se reencontrara con su hermano Aditya, de modo que ella pudiera cumplir con su parte del trato.
Luego, a su vez, Bhumika regresaría a Hiranaprastha, donde protegería a Ahiranya con todo su poder y el de Priya y esperaría a que Aditya tuviera éxito o fracasara.
Por el momento, ordenó a su séquito que continuara por el sendero del buscador e insistió en mantenerse cerca de Malini, a menudo apoyándose en su brazo.
Mientras caminaban, aprovechó para hacerle preguntas indiscretas sobre su vida en la corte, sobre la política imperial, sobre Chandra y Aditya.
Malini no debería haber subestimado a Bhumika cuando la conoció. Eso había sido un grave error de su parte.
Respondió lo mejor que pudo. Después de todo, tenían una alianza. Y se alegró de haber hecho de la mujer ahiranyi una aliada en lugar de una enemiga.
Malini preguntó por el destino del regente solo una vez.
—Creo que sabes la respuesta —dijo Bhumika sin ninguna emoción visible, pero Malini sabía que eso no significaba nada. No curioseó más. Lo que yacía en la intimidad de la mente de Bhumika era asunto de ella.
—Mis condolencias —dijo Malini simplemente.
—Era necesario —explicó Bhumika, monótona, lo cual era… revelador.
Malini asintió y caminó despacio al lado de Bhumika, para igualar su ritmo.
A su izquierda, más lejos, vio a Priya, que caminaba junto a un niño y otra sirvienta.
Como si sintiera su mirada, Priya se giró para mirarla.
En la forma de su boca, en la inclinación de su cabeza, se dibujaba una pregunta.
Todavía no habían tenido la oportunidad de hablar a solas.
Malini miró hacia otro lado y encontró a Bhumika mirándola con una expresión insondable.
—¿Estás contenta con nuestro pacto, Señora Bhumika?
Bhumika pensó un instante, mientras volvía la vista hacia delante otra vez.
—Sí —dijo finalmente—. El simbolismo es importante.
Y la libertad… no lo entenderías, princesa Malini.
Pero hay un dolor sutil que sienten los conquistados.
Nuestra antigua lengua casi se ha perdido.
Nuestras viejas costumbres también. Incluso cuando tratamos de explicarnos unos a otros una visión de nosotros mismos, en nuestra poesía, nuestras canciones, nuestras máscaras teatrales, lo hacemos en oposición a vosotros o mirando al pasado.
Como si no tuviéramos futuro. Parijatdvipa nos ha reformado.
No es una conversación, sino una reescritura.
El placer de la seguridad y la comodidad solo puede aliviar el dolor durante un tiempo.
—Juntó las manos—. Y, sin embargo, nunca fue lo que quise, este colapso de la regencia.
Este final. Entiendo que aliviar el dolor de ser una nación vasalla tiene el costo de vidas mortales.
Ahora el derramamiento de sangre es inevitable…
Con gusto hago un pacto que permita reducir el número de muertes, y hasta salvar una sombra de nuestra libertad, de nosotros mismos.
Además —murmuró Bhumika—, ¿quién soy yo para deshacer el pacto entre mi hermana y tú?
Malini la miró. Bhumika parecía cansada, pero había una sonrisa en sus labios, pequeña y sabia.
* * *
Más tarde, cuando todos se detuvieron para descansar, Malini se escabulló y encontró un lugar para sentarse a solas: el tronco de un árbol caído, bajo la copa de un viejo baniano que había absorbido la humedad y la vida de la tierra a su alrededor, dejando un claro privado. Allí esperó.
No pasó mucho tiempo antes de que llegara Priya.
—Por fin —dijo, acercándose. El suelo susurraba bajo sus pies, y algunas plantas pequeñas giraban alrededor de sus talones. Malini se preguntó si Priya se daría cuenta de lo que estaba pasando—. Quería hablar contigo.
—Ha sido difícil —coincidió Malini—. Hay… tanta gente. Ya no estoy acostumbrada a eso. Había mucho más silencio en el Hirana.
—Malini —dijo Priya—. Yo solamente…
Malini la observó acercarse hasta que estuvo de pie junto a ella, con un brazo rodeando su vientre. Se preparó. Esperó.
—Entiendo —continuó Priya—por qué me amenazaste como lo hiciste. Era la única arma que tenías.
Malini levantó la cabeza y miró a Priya a los ojos.
—¿Pero entiendes que casi te mato?
Priya guardó silencio. No apartó la mirada de Malini. No se movió.
—¿Entiendes lo que te estoy diciendo? —preguntó Malini mirando hacia arriba, hacia arriba—.
Si hubieras perdido, y estabas perdiendo, Priya, él me habría matado o herido, o me habría tomado como rehén para usarte.
Era preferible matarte que permitir eso.
Era mejor matarte que dejar que un enemigo de Parijatdvipa tuviera esa clase de poder.
Eso… eso es lo que me decía a mí misma antes de que llegara la Señora Bhumika.
Me dije a mí misma que clavaría el cuchillo en tu corazón.
Y lo habría hecho. Habría… —Apretó los párpados cerrados.
Las imágenes de Narina y Alori y la sangre en el cabello de Priya se grabaron detrás de ellos.
Los abrió de nuevo—. No pude —admitió—. No pude hacerlo.
Priya suspiró. La luz la iluminaba por detrás. Malini solo podía ver sus ojos: la caída de su cabello, negro con un halo dorado.
—Entonces no eres la persona que crees que eres —dijo Priya.
—Pero voy a tener que serlo, Priya. Debo ser así… La parte de mí que necesito ser no puede ser buena. O amable. No debo evitar hacer lo que sea necesario.
Priya no dijo nada. Simplemente inclinó la cabeza, escuchando.
—Voy a tener que forjar un rostro nuevo.
Uno que pueda pagar el precio que tengo que pagar.
Me voy a volver monstruosa —dijo Malini saboreando el peso de las palabras en sus labios, en su lengua—.
Durante mucho tiempo solo he querido escapar y sobrevivir.
Pero ahora soy libre, y por el bien de mi propósito…
, por el bien del poder —admitió—, voy a convertirme en alguien inhumano.
Mucho peor que alguien que no es buena. Debo hacerlo.
Priya vaciló. Dijo finalmente:
—No estoy segura de que ser poderosa signifique eso. Perderte a ti misma.
—Como si tú no hubieras pagado un precio —dijo Malini—. Como si tu Bhumika no lo hubiera hecho. O tu hermano.
—Bien. Así que el poder… cuesta. Pero lo importante es lo que haces cuando tienes poder, cuando lo has ganado, esa es la clave, ¿no?
—Priya dio un paso adelante—. Sé lo que haría mi hermano…
y no es que esté equivocado. Pero no es lo suficientemente inteligente como para hacer algo que perdure luego de causar una carnicería.
Y lo sé porque yo tampoco podría. Pero ¿qué harás tú, una vez que obtengas justicia?
—¿Una vez que me haya ocupado de Chandra? No lo sé —dijo Malini—. No puedo imaginarlo. Incluso la esperanza ha estado fuera de mi alcance durante mucho tiempo.
—Podrías hacer algo bueno —dijo Priya—. No, ya prometiste algo bueno. La libertad de Ahiranya.
—Y eso es amable de mi parte, ¿verdad? ¿Liberar a Ahiranya para que los rebeldes como tu hermano puedan apoderarse de ella y ejercer su maltrato en lugar del maltrato de Parijatdvipa?
Priya suspiró.
—No sé lo que significa ser un gobernante justo, ¿de acuerdo? No sé lo que quieres escuchar. Pero creo que puedes averiguarlo. Serás influyente cuando tu hermano Aditya reclame su trono. Lo sé.
—Priya. Casi hundo un cuchillo en tu corazón. ¿Cómo puedes estar aquí? ¿Cómo puedes hablarme?
—Bueno, si lo hubieras hecho, estaría muerta y no estaríamos hablando de nada. —Se encogió de hombros.
—Priya. —Y la voz que salió de ella suplicaba—. Por favor.
¿Qué le suplicaba? ¿Honestidad? ¿Perdón? Lo que sea que quisiera, sabía que solo Priya podía proporcionárselo.
Priya le devolvió la mirada, penetrante, sin sonreír.
—Cuando era pequeña, cuando comencé como niña del templo, aprendí lo importante que es ser fuerte.
Fuimos entrenados para luchar, para luchar contra enemigos y entre nosotros.
Para cortar nuestras partes débiles. Sobrevivir y gobernar significaba eso.
No ser débil. —Priya hizo una pausa—. Y, aun así, la mayoría murió.
Porque confiábamos en las personas que nos criaron. Supongo que eso también fue debilidad.
—¿Qué estás tratando de decir?
—Que… que las personas que te importan pueden ser utilizadas en tu contra. Y la fuerza, la fuerza es un cuchillo que apunta a la parte de ti que se preocupa por otros. —Las yemas de los dedos de Priya tocaron el hueco de sus propias costillas.
Malini tragó saliva. Pensó en la noche en que la flor de aguja que abandonaba su cuerpo casi la mata y ella apresó a Priya debajo de ella. Pensó en la ardiente suavidad del corazón palpitante de Priya.
—Sé lo que significa tener poder —continuó Priya—. Conozco el precio. No sé si puedo culparte por querer pagarlo.
—Deberías —dijo Malini con voz áspera. Sentía la garganta en carne viva.
—Tal vez —admitió Priya—. Tal vez si me hubieran educado con dulzura personas que me enseñaran a ser amable y buena, sabría cómo hacerlo.
Pero me enseñaron bondad y amabilidad, o algo que aparenta serlo, hacia otros niños dañados, así que no puedo.
—Se adelantó y se sentó en el suelo, junto al tocón del árbol donde se sentaba Malini—.
Mi propio hermano me arrancó el corazón en una visión.
Esa parte no importa —dijo apresuradamente, cuando la boca de Malini comenzó a formar una pregunta alarmada—.
Lo que importa es que mi propio hermano me lastimó horriblemente, y aun así no creo que pueda odiarlo.
Malini hizo a un lado las preguntas obvias.