El trono de jazmín (Reinos en llamas 1) Capítulo Diecisiete
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Capítulo Diecisiete

PRIYA

A l principio, pensó que era otro sueño.

El agua a sus pies. El líquido que se enroscaba a su alrededor, liso como una cuerda. El recuerdo de la sombra rojiza de su hermano.

Entonces sintió la magia del yaksa cantar y atravesarla. La sal en sus venas.

Recordó los ríos cósmicos. El Huevo del Mundo.

“El pavo real mundial”. No. No debía pensar en eso.

Miró a su alrededor y, a través de la bruma del sueño, se obligó a ver.

Agua oscura debajo de ella. El agua de un río.

De tres ríos, que se juntaban y zigzagueaban: uno de un rojo tan profundo que era casi negro, latiendo a su alrededor, desagradable con la vida; un río verde salpicado de oro, que se mecía como la hierba en un aullido de viento; el tercer río, de oscuridad, sin luz, un vacío ondulante.

Sintió los tres bajo sus pies y luego circularon a través de su cráneo. Esto no era un sueño. Esto era…

—Priya. —Era la voz de Bhumika. Parecía aliviada—. Al fin estás aquí.

Bhumika se paró frente a ella, con el agua hasta la cintura. Era su sombra, oscura contra el agua; el río a su alrededor resplandecía débilmente, teñido de rosa por la luz roja que emanaba de ella.

—El sangam —dijo Priya, asombrada—. No lo veía bien desde hace tanto tiempo…

—Es la influencia del Hirana —murmuró Bhumika. Y agregó—: ¿Qué quieres decir con que “no lo veías bien”?

—Cuando Meena me estaba estrangulando, me pareció ver un atisbo. Pero no así.

—Bueno —dijo Bhumika, disgustada—. No me dijiste eso cuando hablamos, por supuesto.

Priya se encogió de hombros.

—No pensé que fuera importante.

Bhumika dejó escapar un suspiro. Priya apartó la mirada de ella, para observar el sangam .

Los ríos ondulaban debajo de ella, pero por encima se reflejaban, cubiertos de estrellas. Los ríos cósmicos eran como una flor plegada y arrugada: docenas de mundos apretados, unidos por el movimiento del agua.

—Al menos, esto nos ahorra tener que encontrarnos en persona —dijo Bhumika, observando cómo Priya se daba la vuelta, mientras vadeaba un círculo a través del agua y los tres ríos se arremolinaban alrededor de sus rodillas—. Háblame de la princesa.

—Está enferma.

—Ya lo sé, Priya.

—Pramila la está envenenando con flor de aguja en polvo mezclada en el vino —agregó—. No estoy segura de si tiene la intención de matarla o no, pero…

—Da igual —completó Bhumika—. ¿No crees que el emperador tenga la intención de deshacerse de ella, entonces?

Bhumika había temido que el general Vikram y su familia fueran uno de los objetivos del emperador, que buscara eliminar a su hermana y al general de una sola vez y económicamente. Pero Priya ya no estaba tan segura. Vadeó más profundo y se acercó, la confluencia cósmica la cubrió hasta la cintura.

—No —dijo—. No envenenándola. Creo, estoy casi segura, de que quiere que la quemen.

Pero si ella continúa negándose, tal vez él piensa que con el veneno lo logre.

Morir por causa de la flor de aguja… sería una mala muerte.

—Apartó ese pensamiento de su mente—. ¿Sabes qué hizo ella para enfadarlo tanto, Bhumika? ¿Por qué quiere quemarla?

—No, eso no lo sé. Quizás no hizo nada, Priya. —Sonó repentinamente cansada—. Hoy quemaron a unas cuantas mujeres en la ciudad, al parecer para impartir justicia imperial.

—¿Qué? ¿Lo ordenó el general Vikram?

—Uno de los hombres del emperador, no importa. Todo lo que necesitas saber es que el emperador se complace en la quema. Le da algo de valor. Le sirve para algún tipo de propósito, de control o religioso, no lo sé.

Priya se acercó aún más y, a través de la extrañeza del sangam , sintió el eco de lo que Bhumika había visto: las mujeres en llamas. Los gritos.

Se tambaleó.

—¿Es eso lo que quiere el emperador? —logró decir.

—Al parecer, sí.

El agua brillaba a su alrededor.

Siempre había habido una distancia entre Priya y su hermana mayor del templo.

Una brecha que no podía sortearse con palabras.

No habían estado muy unidas, cuando los mayores del templo aún vivían y Priya era solo una niña pequeña.

Y desde el momento en que Bhumika se había hecho cargo de ella dejó claro que no podían tratarse como familia.

El parentesco entre ambas se había convertido en algo agudo y agrio, pero que las unía a pesar de todo.

Hacía que hablar con honestidad fuera difícil.

Pero algo de este lugar, su extrañeza, la sombra de Bhumika como una mancha de tinta ante ella y el eco del horror que había presenciado, aflojó la lengua de Priya. Dejó que las palabras fluyeran libremente.

—No he podido venir aquí en tanto tiempo… ¿Es así como se siente nacer dos veces? —murmuró—. ¿Poder entrar en el sangam y simplemente ser… más que humana?

—Somos completamente humanas —dijo Bhumika—, no importa lo que podamos hacer.

Priya se rio. Miró a su alrededor deliberadamente, a los ríos anudados en torno a ella como rosas de los vientos.

—¿Crees que esto es humano?

—Creo que esto es una aberración. Un problema. No es algo en lo que debamos complacernos.

—Entonces, ¿por qué estás aquí? —la desafió.

—Porque lo necesito —admitió Bhumika—. Porque todo se está desmoronando. Porque muchas cosas están terriblemente mal en Ahiranya, y necesito usar todas las herramientas de mi limitado arsenal.

—¿Te encuentras con Ashok aquí? —preguntó Priya sin rodeos. Cuando Bhumika guardó silencio, agregó—: Sé que está vivo.

—Deberías haberme dicho que lo viste —le respondió.

—Deberías haberme dicho que estaba vivo.

—Él no quería que lo supieras.

—Oh, me mentiste por respeto a él. Ya veo.

—Nunca te mentí.

—No juegues conmigo, Bhumika. Sabías que yo creía que estaba muerto y me dejaste seguir creyéndolo. Elegiste ocultarme la verdad. Eso es lo mismo que una mentira.

Si Bhumika hubiera sido menos sombra y más piel, probablemente habría parecido avergonzada.

—Es peligroso, Priya —dijo finalmente—. Hice exactamente lo que creí necesario por la niña que eras cuando te abandonó.

—Pero ya no soy una niña.

—Ah, Priya. Nada es tan simple.

—No —coincidió Priya—. Y no te estoy pidiendo que simplifiques las complejidades de tu vida, Bhumika.

Conozco mis límites. —Sonaba amargada, lo sabía.

Realmente no le importaba—. Pero solo puedo actuar con el conocimiento que tengo y merezco.

Así que voy a seguir buscando las aguas inmortales. Porque él las necesita y yo también.

—Ashok quiere instaurar el caos.

—Él quiere construir un mundo nuevo —dijo Priya a la defensiva, a pesar de que le había dicho casi lo mismo a él, cuando estuvieron bajo la enramada de los huesos—. Una Ahiranya libre.

—No —contradijo Bhumika—. Quiere volver a la antigua Ahiranya.

Está persiguiendo un sueño, un espejismo, de una época en la que Ahiranya estaba aislada, sola, y era fuerte.

¿Cuántos cientos y cientos de años atrás fue eso?

—La voz de Bhumika estaba cargada de desprecio—.

Quiere un mundo que no puede forjarse sin sangre, muerte y sacrificio. Así que no es diferente del emperador.

—Ahiranya se está muriendo. Literalmente, está pudriéndose.

—Pero eso no cambia nuestro deber —dijo Bhumika—, nuestra necesidad de mantenerla íntegra. Si todavía somos hijas del templo, no puedo permitirme olvidarlo. Y tú tampoco puedes.

—Ashok —dijo Priya deliberadamente— fue la última persona que me trató como familia.

Un golpe. Dos.

—Bueno —respondió Bhumika con voz calma—. Si así es como te sientes, entonces así es como te sientes.

—Bhumika, soy literalmente tu sirvienta.

—¿Y qué más podrías ser? ¿Mi hermana perdida hace mucho tiempo, tal vez? ¿Una prima lejana? Difícilmente podría adoptarte, ¿verdad? Ser la esposa del general, usar al general, requiere de ciertos sacrificios. Siempre ha sido así.

Incluso en la sombra, incluso en el sangam, la mano de Bhumika se deslizó sin pensarlo conscientemente hasta su cintura. Priya se sintió extrañamente avergonzada. Desvió la mirada.

“¿Por qué siempre nos tratamos tan mal?”, pensó.

—En fin —dijo abruptamente—, quiero terminar con el envenenamiento de la princesa y dejar de administrarle la flor de aguja. Pero no soy yo quien le sirve el vino.

Bhumika tamborileó ligeramente con los dedos.

—¿Podrías reemplazar a esa persona?

—Pramila no toma en cuenta a los sirvientes. —Priya se cruzó de brazos—. Y, ciertamente, no me toma en cuenta.

—Pero te necesita —dijo Bhumika.

—Necesita mucho más que a mí. Pero sí.

Bhumika asintió, como si hubiera tomado una decisión.

—Mantén viva a la princesa —ordenó—. Solo un tiempo más. Eso es todo lo que te pido, Priya. Lo que hagas con Ashok… —meneó la cabeza—. Haz esto por mí. Eso es todo.

Después, Bhumika extendió ambas manos delante de ella y empujó violentamente a Priya bajo el agua.

* * *

Despertó con un grito ahogado.

Malini yacía profundamente dormida en el charpoy a su lado. El sol comenzaba a salir. Y Priya casi hubiera creído que solo había sido un sueño, si no fuera por el recuerdo de la dureza en la mirada de Bhumika. La magia que cantaba y se enroscaba en su sangre.

Las líneas del suelo, que se habían movido y transformado otra vez para imitar estrellas.