Capítulo 50
LEANNE
—¡Dios mío, eres tú ! —Me aparto de la mujer vestida de negro, cuya cara de entusiasmo no encaja con la solemnidad de la ocasión—. Pero, claro , tenías que estar aquí hoy: vosotras dos erais amigas. En fin, me he leído todos tus libros… ¡solo quería que lo supieras!
A juzgar por las caras que nos rodean, la gente observa nuestro intercambio con curiosidad o con desagrado. Es lo último que quería. Este día es de Chloe y no tiene absolutamente nada que ver con mis libros.
—Por favor. —Frunzo el ceño a la mujer—. Hay un momento y un lugar para estas cosas, y el funeral de Chloe no es ni lo uno ni lo otro.
Me alejo de ella justo cuando se hace el silencio entre la multitud. Y no es de extrañar; el coche fúnebre se está deteniendo junto a la acera, con la familia de Chloe en el coche de detrás.
—No me puedo creer que esté ahí dentro —oigo murmurar a alguien cuando el ataúd cubierto de rosas aparece bajo los árboles, que empiezan a cambiar de color con el otoño—. Qué desperdicio tan tremendo.
Observo a Sue, a Barry y luego a Matt bajar del coche, seguidos de un niño y una niña que deben de ser el sobrino y la sobrina de los que Chloe me habló y a los que claramente adoraba. Pero ¿y Elsie, la cuñada que Chloe quería llevar al estreno?
Entonces la veo, de pie en un extremo de la multitud. Pero ¿por qué no está con el resto de la familia?
—Vayan entrando en la iglesia y tomen asiento, por favor —resuena una voz autoritaria desde el umbral de la iglesia.
Brenna se me coge del brazo mientras nos giramos para seguir a los demás bajo el arco.
Ha atraído unas cuantas miradas raras con la nariz vendada.
Jade también, con el ojo morado y la cabeza magullada.
A lo mejor la gente empieza a preguntarles por sus heridas en el velatorio, pero espero que sean demasiado educados.
Han pasado cuatro días desde nuestro enfrentamiento en la azotea, y la historia todavía no ha salido del todo a la luz; solo ha trascendido lo esencial, así que, cómo no, las especulaciones en las redes están a la orden del día.
He recibido a través de mi web un mensaje de Franky Newsome en el que dice que lamenta todo lo que hizo Tara, pero no le he contestado. No sé qué decir.
—Esto me da pavor. —Kaylene se vuelve desde delante de nosotras, cogida del brazo de su marido.
Al parecer, él le ha dicho que no va a perderla de vista hasta que nazcan los bebés, cosa que podría pasar literalmente en cualquier momento.
Puede que no debiera estar hoy aquí, a treinta millas de su casa y de su hospital en York, pero, como ella misma dijo, no soportaba la idea de no venir.
Lo de mi marido es otra historia.
Por supuesto, desde hace un par de años sé que Eamon está celoso de mi éxito, pero he seguido mirando para otro lado, sumergiéndome en mi trabajo y centrándome en las niñas.
No he vuelto a casa desde que amenazó con cambiar las cerraduras, pero he hablado con él por FaceTime.
Durante esa conversación, admitió que había acorralado a Chloe a la salida de los baños en el estreno y que le había dicho que debía marcharse, dada la cantidad que había bebido.
Luego me dijo que esa es la clase de gente que meto en mi vida últimamente, y que he cambiado.
Así que le dije que nuestro matrimonio se ha acabado.
Lo que le pasó a Chloe me ha hecho darme cuenta de lo corta y valiosa que es la vida.
No puedo seguir casada con alguien que no me hace feliz.
Estar lejos de Eamon me ha demostrado que ni siquiera quiero volver a casa con él.
Si no fuera por mis hijas, no volvería allí para nada.
A mi suegra le romperá el corazón nuestra ruptura, pero en el fondo probablemente lo entenderá.
Me siento junto a Antonia y me encuentro en el extremo del banco que da al pasillo central.
—¿Te importa si me siento contigo?
Me giro en mi asiento, sorprendida al descubrir que la voz es de Elsie.
—Claro que no —respondo, dando unas palmaditas en el hueco a mi lado—. Pero perdona que te pregunte: ¿no deberías sentarte delante, con tu marido?
—Nos hemos separado —susurra—. Oye, Leanne… ¿puedo hablar contigo luego, quizá en el velatorio? Me vendría bien desahogarme con alguien.
—Sí, claro —respondo. Vaya, esto sí que no me lo esperaba.
Debe de haber algo en el aire. Eamon y yo, ella y Matt.
Pero menudo momento para separarse… justo en los días previos al funeral de Chloe.
Me pregunto qué habrá pasado. Pero no hay tiempo para decir nada más.
Las primeras notas de Footprints in the Sand resuenan entre los muros de piedra, y el mar de gente vestida de negro que abarrota la iglesia de lado a lado y de delante atrás se pone en pie.
El ataúd de Chloe pasa a nuestro lado, seguido de su familia. Sus padres están hechos polvo, pero no miran a Elsie al pasar junto a ella.
Matt, flanqueado por su hijo y su hija, igual de desconsolados, tiene los ojos extrañamente secos. La niña busca la mano de Elsie, apenas un instante al pasar, pero lo suficiente para que signifique algo.
Matt fulmina a Elsie con la mirada antes de volver la cara al frente y clavar de nuevo la vista en el ataúd de su hermana.
Siento cómo la fuerza de los sollozos de Elsie la sacude a mi lado mientras la procesión llega al altar. Le paso el brazo por los hombros. Sea lo que sea lo que ha pasado, no debería estar sola en un momento así.