El Troll Capítulo 48
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Capítulo 48

LEANNE

Durante unos instantes, nos quedamos ahí, mirando hacia la oscuridad por la que ha desaparecido Tara, preguntándonos qué demonios acaba de pasar. No ha gritado al precipitarse hacia los árboles, ni se ha oído el golpe contra el suelo, ni nada de nada.

Las sirenas suenan como si estuvieran justo a la puerta del hotel. Tenemos minutos, quizá segundos, para cuadrar nuestras versiones.

¿Ha saltado? ¿Se ha caído? ¿O la ha empujado alguien?

De nuestros planes para sonsacarle una confesión a Franky Newsome seduciéndolo, hemos pasado a una pelea en toda regla, cuatro contra una, con su mujer, y el resultado ha sido que la hemos tirado por encima del muro.

Pero ¿qué otra cosa podíamos hacer?

Una a una, vamos recuperando el aliento, y recorro las baldosas con la mirada. No hay manera de negar el altercado que ha tenido lugar aquí: la sangre, los cristales, las heridas.

A medida que me va calando la magnitud de lo que acaba de pasar y el entumecimiento de pies a cabeza empieza a disiparse, las sensaciones vuelven a mi cuerpo, y por instinto llevo los dedos a la herida que me ha hecho Tara.

Sangra mucho, pero no duele tanto como esperaría.

Aunque, de repente, empiezo a temblar por la conmoción.

—¿Aceptaría la policía que alegáramos legítima defensa cuando era ella sola contra todas nosotras? —La voz de Brenna suena tensa mientras se cubre la nariz con la mano y la sangre le gotea al suelo. La tiene rota; de eso no cabe ninguna duda.

Mi mirada salta de los cristales al charco de sangre junto al jacuzzi, a más sangre hacia la zona de los vestuarios y a las salpicaduras del punto donde me acuchilló. Hay sangre por todas partes.

—Tenemos la grabación —dice Kaylene, mientras los cristales rotos crujen bajo sus pies y avanza con cuidado por las baldosas desde detrás de la pared del solárium—.

Pero le di a parar justo cuando la llevabais hacia el muro.

—Lleva la conmoción escrita en la cara mientras también inspecciona los destrozos.

—Eres una crack —dice Jade, acercándose a ella y echándole un brazo por encima de los hombros.

—En ese caso —digo—, creo que podemos contarle a la policía lo que ha pasado sin más. Podemos decirle qué hacía aquí y lo que se desató entre nosotras… hasta cierto punto.

—Estoy de acuerdo, pero no podemos contarles todo —dice Jade desde una de las tumbonas, donde está desplomada, sujetándose la cabeza ensangrentada—. Deberíamos decir que la teníamos acorralada y por eso saltó. Sabía que iba a acabar en la cárcel. ¿Estamos todas de acuerdo?

—No estás pensando con claridad después de ese golpe en la cabeza —exclama Brenna—. No podemos mentir así como así.

—No estoy preparada para enfrentarme a la policía —dice Antonia, deslizándose hasta quedar en cuclillas junto a la columna en la que se apoya—. No después de lo que acabamos de hacer. Y en cuanto a decir que saltó… bueno, no sé si soy capaz de mentir hasta ese punto.

—Ha matado a una mujer —chillo, y el escozor de la clavícula me arranca una mueca—. Y lo siento, pero tenemos que decidir qué vamos a hacer, y rápido, porque de un momento a otro la policía va a irrumpir por esa puerta.

—¿Tú qué crees que deberíamos hacer, Kaylene? —Todas las miradas se vuelven hacia ella.

Se rodea el vientre con las manos como si intentara proteger a sus bebés. —Ya se ha hecho bastante daño. —Su voz es un hilo—. Pero decidáis lo que decidáis las demás, yo os seguiré. Aunque ya intenté deciros que no podía haber sido Franky.

—Escuchad, esto se acaba aquí. —Miro a mi alrededor, a las mujeres que se han convertido en mis cómplices en los últimos minutos—. El acoso, las amenazas, el miedo. Ya no puede hacerle daño a nadie .

—¿Y por qué siento que no somos mejores que ella? —Brenna se enjuga las lágrimas de la cara y se emborrona la mejilla de sangre.

—Porque eres una persona completamente decente —respondo—. La mala era ella. —Señalo el punto donde forcejeábamos hace apenas unos instantes—. Nadie podría convencerme jamás de que Tara Newsome no mereciera lo que le acaba de pasar. Y tenemos la grabación para demostrarlo.

Esta vez nadie asiente, pero tampoco hay desacuerdo: nadie dice nada. Pero Kaylene busca mi mano, y Brenna me toca el brazo.

Y eso me basta como acuerdo.