Capítulo 47
TARA
Justo cuando estoy a punto de agacharme y terminar de hacerla perder el equilibrio, pego un chillido al sentir que algo me atraviesa la mano. La muy zorra me ha hincado los dientes en la carne.
Retrocedo a trompicones, sin resuello, mientras varias manos me agarran y me empujan de golpe contra el muro. Todas jadean; todas quieren lo mismo: retenerme, supongo, hasta que llegue la policía y me ponga las esposas.
Me tiran de las piernas y me dejan sin apoyo. Ahora es mi torso el que queda tendido sobre el muro, en vez del de Antonia. Son mis ojos los que miran fijamente el oscuro abismo de abajo.
Veo las siluetas de los árboles, oigo mi propia respiración entrecortada y noto la piedra fría del muro mientras me aplastan contra él, cargando todo su peso sobre mi espalda.
—Soltadme. —Intento hablar, pero tengo el pecho tan comprimido que apenas me sale sonido, solo un resuello.
Pero no aflojan; al contrario, aprietan más, tan empeñadas en mantenerme aquí como en temer por mi vida hasta que llegue la policía. En su cabeza, estarán intentando darme una lección. No van a tirarme al vacío; si fueran a hacerlo, ya lo habrían hecho.
—Hazlo —oigo decir a una de ellas—. Haremos que parezca que se ha tirado.
—No, no podemos. No seríamos mejores que ella.
—No merece vivir. Mira lo que ha hecho.
La cabeza me da vueltas y las manos, casi al unísono, me sujetan con más fuerza, unas más que otras, todas con motivos distintos para retenerme aquí.
Pero entonces un empujón me lanza al vacío.
Al principio pienso que quizá me esté imaginando lo que pasa. Pero no, estoy cayendo, sumida ahora en una eterna sensación de ingravidez, con el cuerpo paralizado por el terror mientras me precipito por el aire, el viento silbándome en los oídos mientras el instante se detiene.
Los rostros llenos de lágrimas de mis hijas me inundan la mente. No voy a volver a verlas nunca. Voy a morir sin poder despedirme, con ellas odiándome por haberles arruinado la vida.
Finalmente, cuando las copas de los árboles se abalanzan a mi encuentro, un dolor abrasador me desgarra el pecho.