El Troll Capítulo 40
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Capítulo 40

LEANNE

—Así que tienes que reconocer que no puede ser una simple coincidencia. —Cojo la taza que me tiende Sue mientras me apoyo en la encimera de su cocina. No sé si me reconforta o me inquieta estar en la casa luminosa donde creció Chloe, con Ruby, su perra, correteando por el suelo.

Lo único que sé es que su madre parece agotadísima y que quiero hacer algo, lo que sea, para ayudar a aliviar su sufrimiento. No puedo devolverle a su adorada hija, pero espero que haber reunido anoche a Jade, Brenna, Kaylene y Antonia en la comisaría le traiga pronto algo de justicia.

—Esperemos que esta vez sirva de algo. —Sue se sienta a la mesa y señala la silla de enfrente.

—Es una foto preciosa. —Señalo un retrato enmarcado de Chloe sobre el alféizar, otro doloroso recordatorio de lo que le he costado a esta familia.

Fui yo quien la invitó a Londres, yo quien no la presionó lo suficiente para averiguar qué le pasaba la última noche de su vida; yo quien luego la dejó sola y vulnerable.

—Se la hicieron el año pasado, nada más.

—A Sue se le llenan los ojos de lágrimas, unas lágrimas que, está claro, ya nunca andarán muy lejos.

Le di muchas vueltas antes de venir esta mañana, pero, al final, nada podía impedírmelo.

Sentía que necesitaba ver a la madre de Chloe, aunque solo fuera para reforzar mi determinación ante lo que pudiera venir después—.

Su padre está destrozado; Chloe era la luz de sus ojos.

Alargo la mano por encima de la mesa y le rozo la suya un instante.

Levanta la mirada hasta encontrarse con la mía. —Entonces, ¿qué te dijo la policía anoche?

—Siguen esperando a los de su departamento técnico.

—Hago una mueca. No entiendo por qué tardan tanto con estas cosas—.

Para sacar todo lo que haya en los dispositivos que se llevaron de la casa.

Si de verdad fue él quien está detrás de todos esos mensajes, como sospechamos, todo va a salir a la luz.

—La verdad es que esta mañana he hablado con el inspector jefe —dice Sue—. Necesitaba oírlo de su propia boca: por qué lo soltaron con tanta facilidad.

—¿Y qué te dijo?

—Primero, que el ADN de Franky no coincide con ninguna de las trazas que encontraron en la habitación del hotel de Chloe, pero, como me dijo el inspector jefe, eso también podría significar que se esmeró en no dejar nada que lo incriminara.

La habitación estaba limpia a fondo. —Le tiembla la voz—.

Pero se está poniendo en evidencia al no entregar las contraseñas de sus dispositivos; ahora los del departamento técnico tienen que reventarlos para entrar.

—Ese sin duda es un hombre con algo que esconder.

—Doy un sorbo al té. Estoy convencida de que no tendré que apretar el gatillo del plan que he urdido y me lo juego todo a que ese departamento técnico dé en el clavo.

Está todo más o menos listo; solo tendría que convencer a las mujeres y reservar el sitio.

Pero tengo dinero para pagar de más si hace falta, así que seguro que eso no será problema.

—Estás en las nubes —exclama Sue.

—Perdona, es que estoy cansada. Anoche me pasé horas despierta, dándole vueltas a todo.

—Has sido una amiga maravillosa para mi hija —dice Sue—. En vida y…

—¿Hay alguien ahí fuera, junto a la puerta? —Me distrae no solo el gruñido bajo de Ruby, sino también una sombra que se recorta en el cristal esmerilado de la puerta trasera. Sue sigue mi mirada, tan preocupada como yo.

Las dos damos un respingo, y Ruby suelta un ladrido agudo cuando la puerta golpea contra el armario.

—¿Qué hace esta aquí? —Matt está plantado en el umbral, con las aletas de la nariz dilatadas mientras me fulmina con la mirada.

—Venga ya, no te pongas así. —Me levanto de la silla—. Solo he venido a ayudar.

Tuerce el labio superior. —Si no fuera por ti…

—¡Matthew! —le chilla Sue—. Para ya de una puta vez.