Capítulo 38
LEANNE
Igual que habría hecho Chloe, sonrío a la cámara antes de publicar una foto. La sonrisa es forzada, pero la pongo igualmente.
Rumbo a Yorkshire.
Hace siglos que no paso tiempo en el norte, y ojalá fuera en circunstancias más agradables. Pasear por los Dales, visitar la histórica York o mojarme los pies en el mar en la costa de Yorkshire.
Cuando Chloe y yo nos escribíamos a principios de este año, me dijo que le encantaría organizarme un encuentro con lectores en su ciudad natal.
Se me encoge el estómago.
Ahora ya nunca podrá hacerlo realidad. Es tan injusto. Tenía tanto por lo que vivir. Tantos planes.
Y acaban de soltar a Franky Newsome.
De verdad que no entiendo por qué lo han soltado. Sue, la madre de Chloe, no contesta a mis mensajes ni a mis llamadas, así que no puedo preguntarle qué explicación le ha dado la policía. Seguro que algo le habrán dicho, pero me imagino que está demasiado hundida para hablar.
Al fin y al cabo, el asesino de su hija anda suelto. Solo se me ocurre que no tenían pruebas suficientes para sostener la acusación.
En cuanto hablemos con la policía, en cuanto expliquemos la conexión que cada mujer de nuestro pequeño grupo tiene con Franky, seguro que entonces habrá pruebas de sobra.
Cuando lo vuelvan a detener, lo dejarán en prisión preventiva sin fianza.
Y como yo estaré por la zona, podré estar en los bancos del público cuando por fin se lo lleven al lugar al que pertenece.
El funeral de Chloe se ha fijado para principios de la semana que viene, así que pienso quedarme hasta entonces. Mi suegra se ha ofrecido a ayudar con los niños, así que me da igual la que monte Eamon.
De ninguna manera voy a dejar a las otras cuatro mujeres, ni a las demás que aún no se hayan dado a conocer, a merced de un maníaco.
El pitido de un mensaje interrumpe mis pensamientos.
Lo único que te importa son tu estúpida carrera y una bookfluencer muerta cualquiera.
Si te soy sincero, estoy harto de oír su nombre.
También estoy harto de que los niños y yo siempre seamos lo último en tu vida.
Como no dejes esto en paz, como no estés mañana de vuelta donde deberías estar, cambio las cerraduras.
Vaya, no me puedo creer que me esté dando un ultimátum. No hay duda de que las cosas entre Eamon y yo se han deteriorado en los últimos meses, pero desde que apareció el cuerpo de Chloe, nuestro matrimonio pende de un hilo.
Pero de ahí a que me amenace... no, eso no lo pienso consentir.
Mi «estúpida carrera» es la que paga tu tren de vida y la que te da la libertad de no tener que trabajar.
Y creo que te conviene recordar que la casa la pagué yo; así que cambiar las cerraduras te va a meter en un buen lío.
A mí no me asustas, Eamon, pero mi abogado sí te va a asustar a ti si pretendes seguir por ese camino.
No tengo abogado. Ni tampoco firmamos capitulaciones matrimoniales cuando nos casamos, porque por aquel entonces no había alcanzado el éxito que tengo ahora. Así que quizá sea yo la que debería estar asustada.
Inténtalo, Leanne. No dices más que gilipolleces.
Tengo dos palabras para ti, y no son «Bon Voyage».
Sé que muchas veces se ha sentido amenazado y humillado por cómo ha despegado mi carrera de escritora, pero ya no estoy segura ni de que me importe. Lo único que sé es que, desde luego, no es el hombre que yo creía que era.
La noche de mi estreno, pensé que habíamos pasado página.
Volvió a ser el de antes mientras estábamos sentados frente a la gran pantalla, e incluso me echó una mano con Chloe mientras yo andaba ocupada con las fotos y hablando con la gente.
Pero ahora me doy cuenta de que solo se dejó llevar por la euforia de la noche.
Un mensaje de Instagram se desliza por mi pantalla. Probablemente sea la respuesta de alguien que ha visto mi publicación sobre mi viaje a Yorkshire. Puede que sea algún lector mío que quiera quedar para tomar un té. Con suerte, tendré ocasión de hacer algo así mientras esté fuera de casa.
Pero es justo lo contrario de un mensaje agradable y amable.
No sé qué crees que intentas demostrar. No metas tus asquerosas narices donde no te llaman, o acabarás igual que ella.
Se me acelera el pulso al leer el mensaje de @tempuser01. Eamon no es el único que lanza amenazas. Pero esto es otra cosa. Una amenaza de muerte. Se acabó publicar en internet dónde estoy; tengo que hacer lo que sea para mantenerme a salvo.
El perfil desde el que lo han enviado me recuerda al que Brenna acabó teniendo que abrir cuando se vio obligada a borrar su cuenta principal.
No tiene foto ni seguidores, y la cuenta no sigue a nadie.
No tiene sentido responder, pero desde luego es algo que puedo enseñarle a la policía cuando lleguemos.
Pero si la policía sigue como hasta ahora, incapaz de acusar al único hombre contra el que tiene alguna prueba, entonces quizá tengamos que tomar cartas en el asunto nosotras mismas.
Puede que sea porque soy novelista, pero una especie de plan lleva cociéndose en mi cabeza desde que subí al tren allá en los Cotswolds. Surgió de la nada, pero ahora que ha empezado a tomar forma, cobra vida propia.
Como suelo decir, las ideas vienen a buscarnos, y nuestro trabajo es hacer algo con ellas antes de que se vayan a buscar a otra persona que sí lo haga.
Así que, igual que hago con mis libros, me permito trazar el quién, el qué, el cómo, el cuándo y el dónde de la idea que ha venido a buscarme.
Ya he elegido el quién, si consigo que las demás estén de acuerdo. El qué y el cómo todavía están cociéndose; el cuándo lo decidiremos entre todas, y ya me he tomado la libertad de investigar el dónde.
Franky Newsome no va a saber ni de dónde le viene el golpe.
A menos que la policía haga bien su trabajo. Y entonces nunca hará falta llegar a lo que tengo en mente.