El Troll Capítulo 37
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Capítulo 37

TARA

—¿Ya ha vuelto papá?

Niego con la cabeza mientras Olive se mete en el asiento del copiloto, a mi lado, y Mia trepa al de atrás. Normalmente, las dos estarían peleándose por quién se sienta delante cuando las recojo a la salida del colegio de Mia, pero hoy nada de eso.

—¿Por qué no ha vuelto? —Noto la mirada de mi hija clavada en un lado de la cabeza.

Pero estoy ocupada intentando ignorar todos esos ojos que me evalúan desde la fila de madres apostadas junto a la valla del colegio.

Ya no me juzgan solo por no ser como ellas; ahora también dictan sentencia sobre el jugoso cotilleo que estará en boca de todas.

Gracias al vídeo que han colgado esta mañana, todo el mundo sabe que Franky está detenido. Y en las redes se lo están pasando en grande montándose sus teorías conspiranoicas.

¿Era un solitario de pequeño?

Seguro que llevaba meses vigilándola.

¿Cómo no iban a sospechar su mujer y su familia lo que ha hecho?

Llevo todo el día pegada a las publicaciones y los comentarios. Sé que no debería, pero no he podido evitarlo, aunque haya sido como rascarme una costra una y otra vez esperando que no sangre.

Por supuesto, hoy no debería poder acceder a internet en absoluto después del registro de esta mañana. Pero he podido, gracias al milagro de que la tablet siguiera en la guantera del coche.

Me sorprende que no se hayan llevado los coches, dado lo grave del motivo por el que han detenido a Franky, pero por lo que pude leer entre líneas en las preguntas que me hicieron, la investigación parece más centrada en si cogió el tren a Londres esa noche.

Les dije sin rodeos que estaba aquí esa noche, lo que significa que no pudo estar en Londres.

—Tenía una reunión importante con un productor de audiolibros —dije—. Estaba convencido de que iba a relanzar su negocio. Y podrán confirmarlo cuando lo comprueben.

Lo que no pude decirles es a qué hora se suponía que era la reunión. Ni si podría haber acudido y aun así salir pitando hacia Londres después. El tren de alta velocidad desde Leeds tarda apenas dos horas. Pero no pensaba dárselo todo mascado; más bien dejé que lo dedujeran ellos solitos.

Pero cuando dijeron que agradecían mi colaboración y mi sinceridad, sí que me pregunté si les habría contado demasiado.

—Lo único que quiero —dije mientras por fin salían de casa— es una vida normal para mis niñas y para mí. No esta pesadilla de mierda.

La verdad es que pusieron cara de entenderlo; eso hay que reconocérselo.

Pero nadie más ha sido comprensivo hoy. Solo Linda, esta mañana.

El resto de los vecinos me han mirado como si tuviera dos cabezas cada vez que he entrado y salido de casa.

Y en cuanto a las madres del colegio, la manera en que me han mirado todas lo dice todo.

—¡Es papá, ha vuelto! —Aparco junto a la verja del jardín justo cuando un Uber deja a Franky al borde de la carretera.

Tiene un aspecto destrozado, pero, pese al calvario al que lo habrán sometido, aun así intenta sonreír a las niñas cuando bajan del coche.

Mia corre a abrazarlo, algo raro en ella últimamente, sobre todo con lo arisco que suele estar él, pero hoy no es un día normal, ni de lejos.

Le paso las llaves a Olive. —Entrad las dos, niñas, y preparaos algo de beber, que quiero unos minutos para hablar con vuestro padre.

Mi hija duda un momento, pero luego coge las llaves y echa a andar por el sendero del jardín con Mia detrás. Las dos se detienen y me miran antes de que Olive abra la puerta. Está claro que no entienden por qué hablo con Franky aquí fuera en vez de dentro de casa. Pero al final lo entenderán.

—Menudo día de mierda. —Se pasa los dedos por el flequillo—. Me han hecho fotos, me han tomado muestras, me han tomado las huellas, me han encerrado, me han interrogado…

—¿Pero no te han acusado de nada?

—No, no me han acusado de nada. —Me mira con aire desafiante—. Ni pueden situarme en la escena de ese crimen con la muestra que me han tomado. Al menos, eso me dijo el abogado de oficio.

—¿Por eso te han soltado?

—De momento. —Me mira con curiosidad. Seguramente nota lo que siento por la frialdad de mi voz, pero ¿qué espera?

Me apoyo en el poste de la verja. —¿Qué se supone que significa eso?

—Están esperando a que los técnicos saquen la información de mi móvil y mi ordenador. —Mira al suelo y baja la voz—. Y no estoy orgulloso de lo que van a encontrar.

Me cruzo de brazos. Sabe que he conseguido entrar en su ordenador. —Yo tampoco estaría orgullosa en tu lugar.

—Pero nada de eso tiene que ver con asesinar a una mujer. —Alza los ojos hasta encontrar los míos—. Sabes que yo no lo hice, ¿verdad, Tara?

Le sostengo la mirada y dejo que hable mi silencio.

—Tara. ¡Por favor! —Da un paso hacia mí.

Retrocedo. —Creo que deberías quedarte en otro sitio por ahora. —Desvío la mirada hacia la casa, donde nuestras hijas nos observan desde la ventana del salón—. No puedo tenerte cerca de las niñas.

—Pero la policía me ha soltado. Ni siquiera me han acusado. Me han dicho que puedo marcharme, mientras continúa la investigación.

—Mira, Franky, todos estamos aguantando que nos señalen con el dedo por tu culpa. Hasta que todo esto pase, si es que llega a pasar…

—No puedes hacerme esto —ruge—. ¿Dónde cojones se supone que voy a dormir?

Al levantar la vista, veo a Linda de pie en su porche, fingiendo que riega las plantas, por no hablar del chaval de los Smith detrás de la cortina de una ventana de arriba, enfocando otra vez nuestra casa con el móvil.

Si dejo que Franky vuelva a entrar, esta clase de morbo será solo la punta del iceberg.

La gente dará por hecho que estoy apoyando a un asesino.

Culpable hasta que se demuestre lo contrario , así funciona hoy en día.

Y las cosas ya están bastante mal como para encima permitir que Franky nos arrastre a todos con él.

Y si no lo dejo entrar, quizá despertemos algo de compasión. A lo mejor el casero nos da más tiempo antes de que tengamos que marcharnos. Puede que, como madre soltera, hasta consiga más ayudas.

Lo único que tengo claro es que no puedo salir peor parada que si lo dejara volver a entrar.