Capítulo 30
LEANNE
Normalmente escribo por la mañana, sobre todo cuando tengo la casa para mí sola, pero hoy no consigo concentrarme. No dejo de pensar en la pobre Chloe.
El tiempo ha cambiado; se ha vuelto más gris y más frío, como la vida misma. Deambulo por el Tesco intentando recordar qué me habían pedido los niños que comprara antes de dejarlos en el colegio.
Creo que Sammy quería cereales Oreo, aunque, si cedo y se los compro, casi me sale lo mismo darle chocolatinas para desayunar, y Kyla me pidió algún refresco para cuando vengan sus dos amigas a dormir este fin de semana.
Tres crías de once años pasadas de vueltas superan mi capacidad de aguante, así que meto en el carro un par de botellas de zumo de naranja natural.
A mi lado, una mujer hace lo mismo, asiente y sonríe al darse la vuelta camino de la caja.
No esperaba que hoy me reconociera nadie. A los críos siempre les da vergüenza cuando pasa, y a Eamon le resulta molesto.
Llevo el pelo recogido en una coleta tirante y me he puesto las mallas de deporte y una sudadera vieja. No es que hoy tenga energía para hacer ejercicio, pero llevar ropa de gimnasio me ayuda a pasar desapercibida.
Me dirijo al pasillo del pan. Normalmente, el olor a cruasanes recién horneados me tentaría, pero hoy solo me revuelve el estómago.
El cuerpo de Chloe sigue en el depósito del hospital, aunque ya se ha completado la parte principal de la autopsia. Sin embargo, el inspector jefe Townsley ha dicho que quizá aún haga falta seguir investigando.
Pero ha confirmado lo que nos dijo a todos la semana pasada. Que Chloe se asfixió mientras vomitaba, con lo que el vómito le entró en los pulmones. Debió de ser una forma horrible de morir: los pulmones ardiéndole mientras se quedaba sin oxígeno, hasta acabar llenos de ácido del estómago.
También encontraron toda clase de fibras, pelos y partículas en la habitación donde se alojaba, pero está claro que ha dormido allí mucha gente antes.
Se ha hecho un llamamiento a las personas que se alojaron en la habitación 200 durante las dos semanas anteriores para que se presenten y faciliten una muestra, para poder descartarlas de la investigación, pero no veo cómo va a llevar eso a la policía hasta la persona que la mató.
Tampoco es que quien la mató vaya a presentarse por las buenas.
En cuanto a mí, he ido publicando una entrada tras otra para apoyar la campaña de la policía y dar visibilidad a la situación de su familia.
Lo están pasando fatal. Cuanto más tiempo pasa suelto quien la mató, peor parece ir la cosa.
No tienen paz, y ni siquiera pueden organizar el funeral para despedirse como es debido.
Con el rostro de la madre de Chloe grabado en la mente, se me llenan los ojos de lágrimas al llegar a la sección de libros. Como autora local, ver el expositor lleno de mis libros normalmente me llenaría de ilusión, pero ahora mismo es difícil sentir algo que no sea una desesperanza agotadora.
Este malestar no ha dejado de crecer desde que cogimos el tren de vuelta de Londres a los Cotswolds. Puede que me hubiera sentido más útil si hubiera subido a Yorkshire en vez de volver a casa, pero dejo ese viaje para el funeral.
Con Sammy y Kyla voy en piloto automático, hago lo mínimo imprescindible por la casa, y hasta que no encuentren a quien mató a Chloe no imagino que eso vaya a mejorar. Tampoco ayuda que también me hayan dejado algunos comentarios asquerosos en las publicaciones.
Pero, como comenté cuando estábamos todos en la comisaría el día de la muerte de Chloe, en cuanto un troll se ensaña con el objetivo elegido, los demás lo siguen como borregos.
Algunos de los comentarios de la publicación de esta mañana son de no creérselo.
¿Y qué? La gente se muere todos los días. ¿Qué tiene ella de especial?
Estoy hasta las narices de oír hablar de esta tía. Qué aburrimiento.
A quien lo hizo deberían darle una medalla.
Al menos fue rápido. Otros mueren de formas mucho peores.
Me muero de ganas de responder a esta gente. Quiero decirles: ¿quién coño os creéis que sois? En realidad, eso ya sería ser educada. Quiero decirles que se larguen de una puñetera vez de internet y que se busquen una vida que no consista en disfrutar humillando e insultando a los demás.
Pero cualquier respuesta solo los envalentonaría. Es lo que quieren, es de lo que se alimentan.
Ahora estoy plantada entre los congeladores y ni siquiera recuerdo por qué he venido a este pasillo. Ni siquiera sé qué quiero.
Se supone que la policía está vigilando mi cuenta de Instagram, y también las cuentas de la familia de Chloe y la propia cuenta de Chloe, ahora convertida en cuenta conmemorativa.
Mientras tanto, yo he ido haciendo capturas de pantalla de todo lo que llega, de cualquier cosa despectiva.
Ay, esto es ridículo. No avanzo nada con la compra; ni siquiera consigo pensar con claridad. Busco el móvil en el bolsillo con la intención de mirar los titulares de las noticias por millonésima vez esta mañana.
Pero justo cuando abro la app de noticias, el móvil cobra vida en mi mano.
—¿Es usted Leanne Delaney?
—Soy yo.
—Soy el sargento Knowles, de la policía de la City de Londres. El inspector jefe me ha pedido que la llame para ponerla al día.
Los padres de Chloe han dado su permiso para que me mantengan informada.
Saben que lo único que quiero es ayudar a atrapar a quien la asesinó.
Pero, aun sabiéndolo, Eamon sigue soltando comentarios envenenados sobre que estoy usando lo ocurrido como posible material para una novela. No podría estar más equivocado.
—¿Sí?
—Para empezar, el tema de Instagram. Nuestros técnicos informáticos han estado analizando las direcciones IP asociadas a los mensajes que recibió Chloe antes de morir y, de momento, no hemos sacado nada en claro.
No había vuelto a oír la voz del sargento desde el día en que encontraron el cuerpo de Chloe, así que oírla ahora me lo devuelve todo de golpe.
—¿Qué quiere decir? Los mensajes venían de algún sitio .
—Así es, pero no hay nada que encaje en los resultados del laboratorio. Se trata de redes VPN, con las que hoy en día los usuarios pueden ocultar su ubicación con demasiada facilidad. VPN significa red privada virtual.
—Ya sé lo que son las VPN —espeto, y luego respiro hondo—. Lo siento, no pretendía ser borde. Es que no estoy durmiendo bien.
—Es completamente comprensible.
Hace una pausa, como si esperara que yo dijera algo más. No lo hago, así que continúa.
—Los mensajes se enviaron desde varias bibliotecas, cafeterías y cibercafés, así que estamos esperando a que cada establecimiento nos facilite las grabaciones de las cámaras de seguridad que puedan tener de las fechas en cuestión.
—Eso suena prometedor —respondo—. Espero que solo sea cuestión de tiempo.
La verdad es que suena prometedor. Hoy en día hay cámaras de seguridad en todas partes . Mientras no se hayan borrado las grabaciones, deberían llevar a la policía hasta quien mató a Chloe.
—También hemos recibido respuesta al llamamiento dirigido a otras personas de Yorkshire que puedan estar recibiendo mensajes parecidos —continúa el sargento—. Se ha presentado una señora que vive en Ilkley. Está a solo unas millas de donde vivía Chloe.
Pobrecilla. ¿Cómo es posible hablar de ella en pasado con solo veintinueve años?
—Están a poca distancia en coche.
—Entiendo.
Debería ir a sentarme en la cafetería. Aquí no pinto nada, dando vueltas por los pasillos del supermercado. Lo único que he metido en el carro hasta ahora es zumo de naranja.
—La mujer que se ha presentado ha comentado que se pondría en contacto con usted —prosigue—. Se llama Jade, por si le sirve de algo.
—¿Jade qué ? —Abandono el carro en mitad del pasillo de los congeladores y rebusco un bolígrafo en el bolso. Me voy a la cafetería. Necesito un café, y lo necesito ya. Y si consigo el apellido de Jade, me pondré yo en contacto con ella primero.
—Dejaré que sea Jade quien se ponga en contacto —responde—. Como me ha aconsejado el inspector jefe. Es todo lo que tengo por ahora, pero puede estar segura de que estamos destinando todos los recursos posibles a la investigación. Igual que nuestros compañeros de allá arriba, en Yorkshire.
No veo el momento de quitármelo de encima para revisar mis mensajes de Instagram. Tengo que averiguar si esa mujer ha intentado escribirme.
Mientras hago cola para pedir la bebida, me conecto al wifi del supermercado y abro los mensajes. Efectivamente, en la bandeja de entrada me espera uno de una página llamada Jade’s Palace.
Hola, Leanne, espero que no te importe que te escriba así, de repente, pero acabo de informar a la policía de unos mensajes horribles que llevo un tiempo recibiendo.
Como vivo tan cerca de tu amiga Chloe, me tienen con los nervios de punta.
Por suerte, parece que la policía se lo está tomando en serio.
Han sido muchísimos, pero aquí te mando capturas de los dos últimos.
Deslizo el dedo por la pantalla.
Hay una foto de ropa interior colgada en el tendedero y un mensaje.
Estás demasiado gorda para que te entre esto, ¿a que sí?
Luego, una foto del interior de lo que parece un cajón de ropa interior, con una nota encima que dice:
Hola, Gordi. ¡ADIVINA QUIÉN HA ESTADO AQUÍ!
—Dios mío —digo en voz alta, olvidando que estoy en una cola llena de gente. Me echan unas cuantas miradas raras, pero me da igual.
Dejo el café en una mesa junto a la ventana. Normalmente, este es uno de esos sitios donde me instalo unas horas mientras mi hijo y mi hija están en el colegio. Un lugar donde puedo observar a la gente, escuchar conversaciones ajenas y teclear unas cuantas palabras en el portátil.
Pero hoy no habrá creatividad que valga.
¡ADIVINA QUIÉN HA ESTADO AQUÍ!
Es exactamente el mismo mensaje que, según la policía, encontraron en el móvil de Chloe, enviado la noche del estreno de la película. Con razón estaba tan distraída y no tenía ninguna gana de grabar. Y entiendo por qué se emborrachó tanto. Alguien había estado en su casa.
Alguien entró, escribió una nota, hizo dos fotos y se las envió. Igual que le está pasando a Jade.
Entro en su perfil de Instagram. Lo ha llamado Jade’s Palace porque las fotos son, sobre todo, de su casa. De vez en cuando aparecen su pareja y su hijo pequeño.
Es una cosa que yo nunca he hecho; no me atrevería. Hoy en día, los padres no podemos andarnos con descuidos, así que siempre les tapo la cara a Sammy y a Kyla con un emoji en forma de corazón.
Sé de sobra qué clase de tarados hay al otro lado de esas pantallas.
Las fotos de Jade son casi todas primeros planos de la decoración de sus paredes, escenas de su jardín cuidado al milímetro o rincones acogedores de su casa a la luz de las velas.
Y ahora algún demente ha profanado el espacio que ella ha cuidado con tanto esmero y del que, a todas luces, se siente tan orgullosa. El mismo demente que ha comentado su última publicación.
Seguro que te encantaría saber qué unté por dentro de la puerta de tu congelador.
Otro tarado ha respondido.
Cuenta, cuenta.
Y luego otro más. No me lo puedo creer. Parece que estos trolls se alimentan de verdad unos a otros, como moscas alrededor de la carroña.
Me has dejado con la intriga.
Así que el primero ha contestado.
Me llevo la mano a la boca. ¿Habrá visto Jade este comentario? A mí me está revolviendo el estómago, así que Dios sabe qué efecto tendrá en ella. Un cuarto troll se ha metido en la conversación, si es que a esto se le puede llamar así.
Eso le borrará la sonrisita de suficiencia de la cara.
Busco en Google la distancia entre Otley e Ilkley. Son seis millas y media, nada más.
Al principio se dio por sentado que quien mató a Chloe tenía que vivir en Londres, pero, con el paso de los días, ha ido cobrando fuerza en los medios una teoría según la cual también podría tratarse de alguien que la hubiera seguido hasta Londres desde Yorkshire.
Al fin y al cabo, tampoco es que ocultara sus planes de aquel día. Su entusiasmo estaba a la vista de todos en Instagram. Vuelvo a la pantalla de mensajes.
Hola, Jade. Por supuesto que no me importa que me escribas, y haré todo lo que pueda para apoyarte.
Pero lo primero es lo primero: ¿tienes algún otro sitio donde quedarte hasta que atrapen a esta persona desquiciada?
Sé que tienes pareja, y también sé que no deberías verte obligada a marcharte de tu propia casa, pero ya has visto lo que le pasó a Chloe.
Por favor, revisa también tu última publicación.
He hecho una captura y le he dado a denunciar, pero esto hay que ponerlo en conocimiento de la policía. Y con urgencia. Seguimos en contacto.
Ya no puedo hacer nada para proteger a Chloe, pero todavía estoy a tiempo de ayudar a Jade.