Capítulo 27
TARA
—Dios mío, ¿has visto esto, Tara? —La voz de Franky resuena desde lo que parece ser el pie de la escalera.
—Espera un momento. Estoy ayudando a Mia con las mates. —La verdad es que aquí arriba estoy a gusto, lejos de mi marido.
Mi hija me fulmina con la mirada desde su escritorio, bajo la ventana de su cuarto, donde Stella está hecha un ovillo, profundamente dormida. —Me da igual si no me ayudas, mamá. Ya te he dicho que puedo hacerlo sola.
—¿Y por eso tu profe te lo ha mandado repetir? Pues no, no puedes hacerlo sola. Ahora vuelvo. —Me sienta bien pasar tiempo con mi hija. He estado tan preocupada con todo lo demás que siento que las he tenido abandonadas a las dos estas últimas semanas.
—¡Tara!
Dejo atrás el cuarto rosa y tan de niña de Mia por los tonos más neutros del rellano y empiezo a bajar la escalera hacia donde Franky me espera al pie, agitando el móvil en el aire.
Voy a echar tantísimo de menos esta casa cuando nos obliguen a marcharnos…
Después de todo lo que he hecho aquí para convertirla en un hogar, todavía no me creo que tengamos los días contados.
No sé qué vamos a hacer cuando llegue la temida fecha; lo único que sé es que la vida parece conspirar contra nosotros. Hasta nuestro matrimonio está peor que nunca , y no tengo ni idea de cómo voy a afrontarlo.
La mayoría de las mujeres pondría a Franky de patitas en la calle con las pruebas que he reunido, pero supongo que intento aferrarme a la poca normalidad que nos queda. Si lo hago por mí o por las niñas, eso ya es harina de otro costal.
—¿Qué pasa? —Mi marido debe de saber que he estado haciendo todo lo posible por evitarlo, incluso esconderme en el cuarto de mi hija.
Me planta el móvil delante cuando me pongo frente a él al pie de la escalera.
—Lee esto.
Me dejo caer en el último escalón.
—Espera, ¿esa no es la…?
—Sí, es la bookstagrammer. Chloe Taylor. —Pronuncia su nombre cargado de intención. Y algo tiene que significar, para que esté así de alterado.
—¿Qué pasa con ella?
—Bueno, lo que debería decir es que era la bookstagrammer.
—¿Eh? —Si quiere que lo lea, tendrá que dejar de hablar para que pueda concentrarme.
—Es de lo único que habla todo el mundo desde que saltó la noticia.
—¿Qué noticia?
—Está muerta. —Hay un deje de excitación en su voz.
—¿En serio? —Levanto la cabeza de golpe de la pantalla.
—En serio.
Vuelvo a mirar el móvil, todavía iluminado en mi mano. La foto de una joven que parece tenerlo todo. Es la primera foto de un carrusel que ha publicado una tal Elsie Taylor.
—Léelo. —Franky suena como si fuera a estallar si no lo hago.
—Vale, dame un respiro. —Me acerco la pantalla a la cara.
Con el más profundo dolor, hago este terrible comunicado en nombre de mi familia.
Hace dos días recibimos la noticia que ninguna familia debería tener que oír jamás: que el cuerpo de nuestra querida Chloe había sido hallado en la habitación de un hotel de Londres, y las primeras conclusiones apuntan a que podría haber sido asfixiada por un intruso.
Chloe estaba en Londres, volcada en su trabajo con su autora favorita y reuniéndose con otros lectores, haciendo lo que le encantaba y por lo que todos la queríais: ser @thetwistedsister.
Pero para nosotros era, simplemente, Chloe: un miembro de nuestra familia con una risa contagiosa, una tía muy querida por mis dos hijos y mi mejor amiga desde el día en que nos conocimos. La cuñada que era más bien una hermana.
La cuenta de Chloe aquí en Instagram no siempre estuvo llena de mensajes amables y de apoyo. Como pasa tantas veces, sus publicaciones a menudo se veían contaminadas por gente que creía tener derecho a insultarla y humillarla para divertirse.
La policía busca más testigos del acoso que sufrió, así como a cualquier otra persona que esté siendo acosada ahora o lo haya sido hace poco, igual que mi cuñada.
Si es tu caso, por favor, por favor, ponte en contacto con ellos de forma confidencial.
Como familia, tenemos el corazón roto, y pedimos espacio e intimidad mientras asimilamos esta pérdida inimaginable.
—Dios mío. —Levanto la vista hacia Franky—. Con razón estás en shock. Si hace nada estuviste en contacto con esa mujer.
—De verdad que no me lo puedo creer. —Se desploma en el banco bajo el que amontonamos todos los zapatos—. Pero ahí está, negro sobre blanco. Está muerta.
No respondo porque estoy demasiado ocupada deslizando las fotos que ha compartido su cuñada.
Seguro que no soy la única, intrigada por los detalles de la vida ajena.
Sobre todo de una vida sobre la que seguro que habrá mucha especulación.
Me muero por leer lo que dice todo el mundo.
Llámame cotilla, llámame morbosa, pero soy igual que los demás.
De las que se paran a mirar el accidente.
Ahí está, en todas las etapas de su vida, sonriendo de oreja a oreja en cada foto.
Por el fondo de cada una de estas imágenes —montando a caballo, de vacaciones en la playa, en competiciones de ballet—, no cabe duda de que esta chica ha tenido una vida de ensueño.
La clase de vida que mis dos niñas no paran de envidiar.
Pero el dolor de su cuñada es casi palpable, y solo alguien con un corazón de piedra podría no conmoverse con sus palabras.
Solo ha publicado en la página de Chloe Taylor esta misma mañana, pero la avalancha de comentarios desconsolados por su muerte ya se cuenta por miles. Justo cuando voy a empezar a leerlos, me interrumpe la voz de mi marido.
—Busca a Leanne Delaney. Ella también ha puesto algo.
—¿Tú sigues a Leanne Delaney ?
Hay tantas cosas que no sé de mi marido. Una de ellas, la cantidad de mujeres con las que está en contacto por internet. Pero poco a poco lo voy descubriendo.
—Dime un autor que no la siga. Todos esperamos que se nos pegue algo de su suerte.
Hago lo que dice Franky. Pero en cuanto empiezo a teclear su nombre, aparece entre los resultados.
Está claro que es un nombre que Franky busca a menudo.
Entro en su perfil y enseguida veo la foto fijada en lo alto de su cuadrícula.
En ella está de pie, con el brazo alrededor de Chloe Taylor, hace apenas dos noches, la noche en que murió.
La ubicación etiquetada es Piccadilly, Londres.
—Lee lo que ha puesto.
—Vale, vale. —Estoy usando el tono que suelo reservar para las niñas. Pero él ni siquiera intenta disimular lo metido que está en todo esto.
—¿Mamá? —Olive me llama desde su cuarto.
—Subo en un momento.
La publicación de Leanne Delaney es tan larga como la que acabo de leer de la cuñada.
Escribo como amiga de Chloe Taylor, alias @thetwistedsister, tal como todos la conocíamos y la queríamos.
Levanto la vista hacia Olive, que ha aparecido delante de mí al pie de la escalera. Por un momento pienso en la madre de Chloe Taylor e imagino su reacción al enterarse de la muerte de su hija. No sé qué haría yo en su lugar. Si le pasara a una de mis niñas, querría meterme con ella en el ataúd.
—¿Te has enterado de lo de esa mujer que sale en las noticias, mamá? Es de Yorkshire y creen que a lo mejor la han asesinado.
La palabra asesinada no debería estar en el vocabulario de una niña de trece años.
—Sí, cariño. Justo estoy leyendo todas las publicaciones. Es horrible.
—Su madre acaba de salir en las noticias. Lloraba tanto que ni siquiera podía hablar.
—Madre mía, pobre mujer.
—Si nos pasara algo a Mia o a mí, ¿llorarías en las noticias? —Nos mira, primero a mí y luego a su padre.
—No os va a pasar nada ni a ti ni a Mia. Deja que termine de leer esto y luego lo hablamos como es debido.
No suele pasar que Olive deje de ser la adolescente respondona de trece años y vuelva a ser la niña preocupada que todavía busca nuestra protección, y, en cierto modo, mientras está ahí plantada delante de mí, esperando toda mi atención, se agradece sentir que me necesitan para variar.
Vuelvo a fijarme en el móvil de Franky. La verdad es que me sorprende que se fíe de dejármelo en las manos. Aun así, seguro que habrá protegido con contraseña cualquier cosa que pudiera incriminarlo, cualquier cosa que tenga que ver con otras mujeres.
Era un apoyo para muchos autores, incluida yo, pero, por encima de todo, Chloe era una hija y una hermana. Sus padres, su hermano y su cuñada están completamente destrozados.
Por eso he pedido permiso a la familia de Chloe antes de escribir esta publicación.
Puede que algunos ya hayáis visto en los medios el anuncio de que la muerte de Chloe se está tratando como sospechosa. Estoy segura de que, igual que a mí, esta noticia os habrá causado una enorme conmoción.
Hay una investigación policial en marcha, y por eso debemos poner todo de nuestra parte para ayudar.
Hago un llamamiento, en primer lugar, a todos los que conocieron a Chloe dentro o fuera de internet, para pediros que, si tenéis cualquier información, por insignificante que os parezca, por favor os pongáis en contacto con la policía.
Les interesan especialmente los comentarios que estaba recibiendo en redes sociales, tanto los públicos en sus publicaciones como los que le llegaban por mensaje directo.
Del mismo modo, si estuvisteis en alguno de mis eventos en Londres el martes 23 de septiembre, y si hablasteis personalmente con Chloe o la visteis con alguien más, ya fuera antes, durante o después de sus dos intervenciones conmigo, por favor avisad a la policía con urgencia.
Cualquier dato, por mínimo que sea, es vital para que puedan reconstruir todo lo posible sobre sus últimas horas.
Por favor, ayudad a la policía, pero, más importante aún, por favor, ayudad a la familia de Chloe.
Gracias.
—Está por todas partes. —Franky suena más animado de lo que lo he oído en mucho tiempo—. Supongo que uno recoge lo que siembra.
—¿Qué? —Lo miro fijamente—. Tienes que asegurarte de no ir diciendo cosas así en público. Si crees que las ventas de tu libro están mal ahora, en serio, con la cantidad de seguidores que tiene ella, te cancelan al instante por soltar esa clase de opinión.
—Total, podrían cancelarme ya , con lo poco que le importan mis libros a la gente —masculla Franky—. Es que no entiendo por qué tiene que meterse tanto la autora esa —señala el móvil—; yo creo que solo se está arrimando para sacar tajada mientras intenta darse bombo.
—¿Qué ha pasado, mamá? —Mia aparece en lo alto de la escalera, con la mano en el collar de Stella.
—Ha muerto alguien a quien conocía un poco —dice Franky, y suena casi dolido.
—Pero si tú no la conocías —replica Olive—. Solo te gustaría haberla conocido.