El Troll Capítulo 23
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Capítulo 23

LEANNE

—¿No se te hace raro pasear junto al río sin las niñas dando la lata con «¿Me compras esto?

¿Me compras aquello?» ? —Miro a Eamon. Quedan lejos los días en que paseábamos cogidos de la mano, y ver a tantas otras parejas hacerlo me pone triste.

Pero, aparte de eso, hoy es uno de esos días que me hacen dar gracias por estar viva.

Todo el mundo parece más animado bajo el sol, e incluso el Támesis se ve más azul que su habitual turbio pardo grisáceo.

—Es solo que, para variar, no te andan persiguiendo por todas partes. —Eamon suena cansado—. Como anoche.

He empezado a llevar gafas de sol y gorra cuando salgo por ahí, algo que no necesito hacer cerca de casa.

Es curioso, porque la gente cree conocerme en cuanto me ve, mientras que yo tengo que preguntarles cómo se llaman y de qué parte de mi plataforma de autora me conocen.

¿Es por las redes sociales? ¿Están suscritos a mi boletín?

¿O han comprado uno o varios de mis libros?

A veces, cuando no reconozco enseguida a mis lectores, se les nota decepcionados.

—Espera un momento, hace ya dos horas que hablé con el hotel. —Le paso el bolso a Eamon—. Dijeron que podía volver a llamar pasado ese tiempo si no había tenido noticias de Chloe.

Eamon, que evidentemente sigue sin entender por qué no puedo dejar el tema, niega con la cabeza. —Es una mujer adulta, Leanne. Quiero que lo dejes estar.

—Solo necesito saber que está bien antes de subirnos al barco. No creo que haya mucha cobertura ahí en medio del río.

—Estamos en pleno centro de Londres, por el amor de Dios.

—Sí, pero dentro de nada estaremos en mitad del Támesis. —Vuelvo a llevarme el teléfono a la oreja y espero. Me da igual lo que diga.

Eamon mira el reloj. —Venga, date prisa. No queremos llegar tarde al crucero.

Observa cómo le explico la situación a quien contesta al teléfono en el hotel —un hombre esta vez, a quien parece acelerársele la voz cuando doy mi nombre y el motivo de mi llamada—. Al principio me pregunto si habrá reconocido mi nombre, pero no; parece que es otra cosa.

—Me temo que ahora mismo no podemos dar ninguna información sobre la señora Taylor.

—Pero soy su amiga. Y su compañera…

—Lo siento, el asunto está en manos de la policía.

—Espere, ¿qué está en manos de la policía? —El pánico me atenaza el pecho—. ¿Qué tiene que ver la policía con Chloe?

Eamon abre mucho los ojos sin dejar de mirarme.

—Lo siento, no puedo decirle nada más; seguramente ni siquiera debería haber dicho eso. —Su voz se ha vuelto aún más nerviosa—. Soy nuevo.

—¿Puede al menos decirme si está bien? Por favor.

—Me temo que no puedo.

—¿Qué pasa? —sisea Eamon.

Levanto la palma de la mano a modo de respuesta. Ahora mismo solo necesito concentrarme en lo que tenga que decir el hombre del hotel.

—Espere, ¿quiere decir que no le dejan decírmelo, o que no, que no está bien?

—Si me da un número de contacto, haré que alguien le devuelva la llamada.

—Por favor, no puedo quedarme así. Necesito saberlo.

—Lo siento. Le prometo que haré que alguien la llame lo antes posible.

—No se moleste. Voy para el hotel.

Eamon alza las manos al aire mientras yo aporreo con el dedo el botón de colgar. —Pero perderemos las entradas del crucero. —Suena como una de las niñas.

—Podemos ir más tarde. —Como lo de la limusina era una oferta de un solo día, ya estoy abriendo la app de Uber para que nos lleve a The Parkway—. Lo siento, pero en el hotel han mencionado a la policía. Tengo que averiguar qué pasa con Chloe.

—Nunca había visto tanta policía junta. —Eamon baja la ventanilla como si eso fuera a ayudarle a ver mejor.

—Déjenos aquí, por favor.

El conductor detiene el coche y yo salgo de un salto sin cerrar la puerta ni esperar a mi marido. Lo único que veo es el cordón policial azul y blanco y a un agente haciendo guardia.

—Por favor, ¿le ha pasado algo a Chloe Taylor? No he conseguido localizarla. Soy su amiga. Por favor, dígame que está bien.

El joven agente me observa tras sus gafas. —Me temo que se trata de una situación en curso. No puedo facilitar información sin permiso del agente al mando.

—¿Entonces puedo hablar con él o con ella? Por favor. No sabe cuánto llevo intentando localizar a Chloe esta mañana.

¿Habrá entrado alguien en su habitación? O quizá le han robado algo. Sea lo que sea lo que haya pasado, no pinta bien.

—Parece que se centra en esa habitación del fondo.

—Eamon llega a mi lado justo cuando la magnitud de lo que podría estar ocurriendo empieza a desbordarme.

Hay agentes de la policía científica con monos blancos; hay una furgoneta de la científica, y parece haber mucho movimiento entrando y saliendo de lo que, incluso desde aquí, parece una puerta que da al patio.

Saco el teléfono y pulso el número junto al nombre de Chloe.

Hola, soy Chloe Taylor. Deja un mensaje.

Su voz grabada suena alegre y llena de energía.

—Creo que quizá deberías ir preparándote para malas noticias, Leanne.

—No, no digas eso. Habrá habido alguien merodeando por fuera de su habitación, eso es todo. Estarán intentando encontrarlo.

No responde. Pobre Chloe, seguramente necesita una amiga más que nunca, y por eso no van a impedirme entrar a verla.

—Vamos, hablaremos con la mujer de recepción. Esa zona no está acordonada.