El Troll Capítulo 20
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Capítulo 20

CHLOE

Mientras la limusina serpentea por las calles de Londres, respiro hondo y lucho contra las ganas de vomitar encima de mi precioso vestido nuevo. Y no es solo por la cantidad de champán que me he tomado con el estómago vacío.

Tiene más que ver con la segunda foto que he recibido desde que me he subido al coche que Leanne ha tenido la amabilidad de organizarme.

Porque ahí está, tan clara como la luz del día: una foto del bloc de notas que tengo sobre el escritorio de casa. Quienquiera que haya entrado en mi casa, está claro que ha fisgoneado a conciencia en mi ausencia.

¡ADIVINA QUIÉN HA ESTADO AQUÍ!

Está claro que se recrea aterrorizándome. Enviarme mensajes asquerosos y merodear por mi casa no le ha bastado, por lo visto. Y la policía, como siempre, no ha servido de casi nada.

—¿Considera que se encuentra en peligro inminente? —preguntó la voz robótica cuando denuncié la foto del vibrador.

—Bueno, no, pero escuche… alguien ha entrado en mi casa.

—¿La persona que ha entrado sigue en el domicilio? —La voz sonaba casi aburrida.

—¿Y cómo demonios voy a saberlo? Estoy en Londres.

Me he escabullido del cine antes de que terminara la película, haciéndole creer a Leanne que iba al baño, porque sabía que ya no podía posponer más la llamada a la policía.

No podía estarme quieta, y no había manera de concentrarme en la película.

Por lo que yo sabía, el pervertido podía seguir dentro, y no iba a quedarme tranquila hasta que la policía me asegurara que mi casa estaba vacía del todo.

Eso ha llegado en forma de mensaje en el buzón de voz, justo antes del segundo mensaje de quien había entrado… acompañado de la foto de su nota.

Este mensaje de voz es para Chloe Taylor. Me llamo sargento Max Newglove, de la Policía de West Yorkshire. Tengo entendido que hasta ahora ha estado tratando con uno de mis agentes, el agente Connor, acerca de unos mensajes en Instagram.

Según tengo entendido, él ya le ha explicado que, por el momento, no hay gran cosa que podamos hacer respecto a esos mensajes. Pero, en relación con su última denuncia, teníamos el deber de investigarla.

Me complace confirmarle que su propiedad parece estar vacía, y una inspección a través de las ventanas indica que su domicilio parece estar en orden.

Al parecer, se accedió por una pequeña ventana de la cocina, en la parte trasera de la propiedad, y se han tomado medidas para dejarla asegurada hasta su regreso.

También he podido ver la fotografía que le enviaron esta noche, y me atrevería a sugerir que posiblemente se trate de una broma bastante retorcida de alguien, más que de algo que requiera atención policial.

Quizá quien la envió no se dio cuenta de que podría afectarle tanto.

¿Podría incluso tratarse del comportamiento de alguien a quien conoce, quizá una expareja?

Tengo entendido que esta noche está fuera de casa, así que, en consecuencia, no tengo ninguna preocupación inmediata por su seguridad.

Por lo tanto, dejaremos las cosas como están de momento, pero no dude en ponerse en contacto con nosotros si se produjera cualquier otro incidente que la disgustara cuando regrese a su casa.

¡Que me disgustara! Apenas puedo creer que un agente de policía sea tan despectivo. Si hubiera dejado un número al que devolver la llamada, en vez de obligarme a pasar otra vez por toda la centralita policial porque esto no se considera una emergencia, lo llamaría.

Le preguntaría a este sargento Newglove cómo se sentiría él si este acoso lo estuviera sufriendo alguien a quien él quiere.

Su mujer, su hermana o su hija. Seguro que tendría a la policía científica peinando toda su casa en busca de ADN para ver quién podría haber entrado.

No estaría quitándole importancia a sus miedos despachándolos como una broma .

Eso, suponiendo que fuera capaz de hilar una frase coherente para hacer esa llamada.

Desde luego, no se me ha dado nada bien hacerme entender cuando le farfullaba mis disculpas a Leanne hace un rato.

Que tuvieran que sacarme del cine sujetándome y ayudarme a llegar a la calle y a subir a la limusina no ha sido precisamente mi mejor momento.

Ojalá Matt y Elsie no hubieran estado fuera esta noche; podría haberles pedido a mis padres que fueran juntos a comprobar que la casa está bien, pero no pueden porque tienen a los niños. Aunque tener que contarles lo de la foto sería bochornoso.

No hay duda de que irían a revisar la casa, pero la idea de que sepan siquiera que existe ese vibrador rosa es sencillamente insoportable, y seguro que seguirá bien tieso sobre mi mesita de noche en lugar de estar escondido en el cajón.

Ya ha sido bastante malo tener que poner la denuncia, sobre todo porque el operador que me ha atendido primero era un hombre.

Con eso tiene risas aseguradas con sus colegas en el pub.

—Ese taxi negro lleva un rato detrás de nosotros. —El conductor me mira por el retrovisor—. Si no supiera que no puede ser, diría que nos están siguiendo.

Pone el intermitente derecho para meterse por la entrada de mi lujoso hotel. Es una lástima que esté demasiado borracha y disgustada para disfrutar de todo lo que ofrece. Lo único que voy a conseguir cuando llegue a mi habitación es desmayarme sobre la cama.

—Ah, tranquila. Han seguido recto por la carretera.

Mientras cruzo descalza y cojeando la moqueta del vestíbulo, consigo darle las buenas noches a la recepcionista.

Los zapatos que elegí con tanto cuidado ahora me están matando, así que me los quité en cuanto me subí al coche con el conductor de Leanne.

La verdad es que no sé si seré capaz siquiera de volver a mirarlos; quizá debería tirarlos y cortar por lo sano.

La velada que tanto había esperado ha salido terriblemente mal, y ahora mismo lo único que quiero es tirarme en la cama de mi habitación de hotel.

Que es exactamente lo que hago cuando por fin doy con ella tras equivocarme varias veces de giro y toparme con callejones sin salida en esos pasillos todos iguales.

Le doy al interruptor de la luz y me tumbo en la cama vestida del todo.

Estoy demasiado borracha para molestarme en desvestirme.

Pero entonces la habitación empieza a dar vueltas.

Se acabó lo de hundirme en la inconsciencia como tenía planeado.

Dios, ¿por qué me he hecho esto? Lo único que sé es que mañana lo voy a pagar.

Me incorporo apoyándome sobre los codos, abro los ojos y fijo la vista en el rectángulo del televisor colgado en la pared mientras intento controlar la respiración y acostumbrarme a la oscuridad.

Dentro de un momento beberé un poco de agua helada del minibar.

Pero solo cuando me sienta segura de poder ponerme de pie sin miedo a que se me doblen las piernas.

Me quedo helada cuando una sombra cruza fugazmente la pared a mi derecha, y de inmediato vuelvo la mirada hacia el enorme ventanal a mi izquierda y la puerta que da a mi terraza privada.

Ojalá pudiera dar marcha atrás en el tiempo hasta esta tarde, cuando estaba completamente sobria y sentada ahí fuera al sol con mi taza de té.

¿Estoy viendo visiones? Me froto los ojos y busco el móvil.

El corazón me late en el pecho a cien por hora.

Debería mirar afuera para asegurarme, pero me da demasiado miedo descorrer la cortina.

O quizá debería llamar a la policía, pero seguramente me darían la respuesta de siempre y me harían sentir como una paranoica que les hace perder el tiempo.

La verdad, seguramente sea solo mi imaginación después de los mensajes de estos días.

Pero lo que sí sé es que esta noche no puedo quedarme aquí sola de ninguna manera.

Justo cuando estoy escribiendo un mensaje para pedir ayuda, doy un grito ahogado.

Acabo de recordar lo único que no hice cuando volví a entrar esta tarde para ducharme y cambiarme. Lo primero a lo que debería estar prestando atención mientras recibo estos mensajes asquerosos y con esos raros merodeando no solo fuera, sino ahora también dentro de mi casa.

No cerré con llave la puñetera puerta de la terraza.

Pulso enviar y consigo llegar tambaleándome hasta la puerta. Pero, al descorrer la cortina, una figura aparece al otro lado del cristal. Antes de que pueda hacer nada, abre la puerta de un tirón y me hace retroceder hasta que vuelvo a caer sobre la cama.

Intento gritar, pero lo único que parece salir de mí es una especie de silbido mientras se me sube encima, un peso opresivo a horcajadas sobre mi pecho.

—No… Por favor. —Me retuerzo bajo su peso, intentando liberarme mientras alarga la mano hacia una almohada. ¿Es la misma persona que estuvo en mi casa? ¿Me ha seguido hasta este hotel? Lleva la cara cubierta, así que no tengo forma de saberlo.

Justo cuando intento formularle esa pregunta a quien me ataca, una oleada de vómito me sube por la garganta, y entonces me aprietan una almohada contra la cara.

El ardor repentino en el pecho es como un fuego que se enciende dentro de mí mientras intento apartarme la almohada con todas mis fuerzas.

O me ahogo con mi propio vómito o me asfixian.

Doy patadas y me retuerzo con todo lo que me queda mientras oigo un gruñido por el esfuerzo de mantenerme la almohada apretada contra la cara mientras yo sigo vomitando.

Pero, a medida que se me acaba el oxígeno y la oscuridad se espesa ante mis ojos, me doy cuenta de que esta es una lucha que no puedo ganar.

Me vienen a la mente mis padres, mi sobrino y mi sobrina, y cuál será su reacción cuando reciban la noticia de que estoy muerta.

Nunca volveré a ver a mi querida Ruby… ¿quién cuidará de mi perra?

Todo porque quien ha irrumpido en mi habitación de hotel ha venido con una sola cosa en la cabeza.

Asesinato.