Capítulo 18
LEANNE
Esta ha sido una de las mejores noches de toda mi vida. Vale, quizá no tan especial como los días en que nacieron mis hijos, pero no le anda muy lejos.
Que adapten tu libro al cine es el sueño de cualquier autora, y mientras recorro con la mirada los setecientos ochenta y cuatro pares de ojos clavados en la gran pantalla, me concedo un momento de orgullo y gratitud.
Esos escenarios de ahí arriba los creé yo, y a esos personajes les di vida dentro de mi cabeza. Esa es mi historia desplegándose… una historia que echó a andar como el germen de una idea un día que paseaba al perro.
Todo el mundo parece estar disfrutando de la película hasta ahora y, que yo sepa, no queda ni una sola butaca libre en toda la sala.
Estoy rodeada del reparto, del equipo, de invitados VIP, de ganadores de concursos, de prensa, por no hablar de los miles de fans que se agolpaban en Leicester Square cuando llegamos.
Espero que muchos sigan ahí fuera después de la película.
Conocer a mis lectores es la mejor parte del trabajo.
Le aprieto la mano a Eamon. —Lo hemos conseguido —susurro. Por suerte, parece estar disfrutando de la velada y, por primera vez en la vida, se le ve orgulloso de verdad. Normalmente no muestra mucho interés por mi carrera, solo por sus frutos.
Pero, en muchos sentidos, él también ha hecho sacrificios.
Los tres primeros años que me dediqué por completo a escribir los pasamos sin vacaciones, sin ropa nueva y apañándonos con nuestro coche destartalado.
Y, como me recuerda a menudo, lleva muchos más años que esos casado con alguien que, o bien anda desaparecida en algún lugar imaginario dentro de su propia cabeza, o bien está físicamente ausente mientras escribe.
La madre de Eamon es un encanto, eso sí, y habría estado aquí con nosotros hoy, pero no le gustan los trenes.
Ni las multitudes. Mi suegra es mi primera lectora, mi correctora y quien me pega la patada en el culo que necesito cuando me falta la motivación o cuando pienso que mi borrador es una auténtica basura.
Sin ella empujándome, con suerte habría escrito un solo libro; no digamos ya veinticinco en estos últimos años.
Miro de reojo a Chloe. No me quiere decir qué le pasa, por más veces que se lo he preguntado mientras estábamos en la alfombra roja.
Sí, posó para las fotos con los actores, charló con los lectores y dio unas declaraciones a la prensa, pero la luz que le brillaba en los ojos esta tarde se le ha apagado esta noche.
Es como si se limitara a cumplir el expediente.
Un par de veces la he visto con el móvil, pasándose los dedos por debajo de los ojos como si intentara que las lágrimas no le estropearan el maquillaje, y metiéndose una copa tras otra del champán de cortesía.
Ella misma me ha dicho que no bebe mucho, así que algo tiene que haber pasado para dejarla así.
Me pregunto si tendrá algo que ver con esos malditos mensajes.
O quizá tenga que ver con la conversación que antes le vi mantener con Eamon fuera, en el vestíbulo, cuando yo volvía de dejar que unos cuantos fans se hicieran selfis conmigo.
Ninguno de los dos parecía contento con lo que fuera que estuvieran hablando, pero, en cuanto me reuní con ellos, nos hicieron pasar aquí para la presentación previa al pase.
—A lo mejor puedo ayudarte con eso que te preocupa. —La pillo junto al secador de manos del baño de señoras cuando termina la película. Se tambalea; encima se ha bebido una botella entera de vino durante el pase. Normalmente no voy controlando lo que bebe nadie, pero estoy preocupada.
—Leanne —me llama una chica desde la cola del baño—.
¿Nos hacemos un selfi? —Al menos es una fan simpática.
Esta tarde se nos acercó una que me dijo que se me habían subido los humos, y luego le soltó a Chloe que debería buscarse una vida propia en vez de ir a remolque de mí.
Las dos nos quedamos mirándola, boquiabiertas.
Vamos, ¿qué narices se puede responder a ese tipo de comentarios?
—Un momentito. —Le sonrío a la chica—. Solo necesito hablar un segundo con mi amiga.
—Estoy bien. —Chloe se sacude el pelo y se ajusta el tirante del vestido—. Es solo lo del troll ese. Mañana te lo cuento todo.
—¿Por qué no me lo cuentas hoy? No soporto verte tan hundida.
—Esta noche es tuya . —Me devuelve la sonrisa, pero noto que le cuesta—. En serio, puede esperar hasta mañana. Nunca volverás a tener una noche como esta, y deberías disfrutar cada momento.
Y lo he hecho de verdad.
Me duele la cara de tanto posar para selfis, tengo la voz ronca de tanto hablar por encima del ruido de la gente y siento que se me van a caer los pies después de seis horas embutidos en estos tacones absurdos, pero no lo cambiaría por nada.
—Voy a intentar coger un taxi para volver al hotel. —Chloe aparece a mi lado, y por sus hombros caídos noto que se ha venido todavía más abajo.
—¿Tienes uno reservado? —le pregunto, y niega con la cabeza.
—Siempre puedo coger el metro si no consigo parar ninguno —responde. Arrastra las palabras y se tambalea aún más que en el baño.
—Quédate con ella. —Le aprieto el brazo a mi marido—. Voy a decirle a nuestro chófer que la lleve al hotel. No la pierdas de vista hasta que esté a salvo dentro del coche.