El Troll Capítulo 12
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Capítulo 12

LEANNE

Ver la lista de preguntas que me ha enviado mi agente me pone aún más nerviosa de cara al martes.

Me reclino en la silla, que chirría con el movimiento.

Madre mía, si ya estoy así ahora, con la comodidad y la paz de mi pequeño refugio de escritura, mañana voy a ser un manojo de nervios cuando me plante delante del reparto y de todos mis lectores.

La verdad es que debería estar viendo la tele con mi marido y mis hijos para desconectar, pero, como siempre, ha ganado la adicta al trabajo que llevo dentro.

Hay demasiado que hacer esta noche como para permitirme un rato para mí.

Eamon está de un humor de perros, así que quizá sea mejor quitarme de en medio.

Ya se lo compensaré a los niños cuando pasen estos días.

Selecciono la lista de preguntas, la copio y luego la pego en un mensaje para Chloe. Yo tengo que prepararme para responderlas, pero ella tiene que prepararse para hacerlas. Sé que es mañana mismo, pero espero que le dé tiempo a familiarizarse con las preguntas en el tren.

¡Espero que estés tan ilusionada como yo por lo de mañana!

Añado el mensaje debajo de las preguntas y le doy a enviar.

No sé por qué los eventos como este me ponen tan nerviosa.

Supongo que porque importan. Ya he visto la película, pero mañana por la noche será la primera vez que me haga una idea real de cómo va a calar en un público más amplio.

¿Les encantará o la odiarán? ¿Se llevarán una decepción mis lectores cuando me conozcan en persona y se den cuenta de que no soy distinta de ellos por el simple hecho de haber escrito unos cuantos libros?

¿De que tengo líneas de expresión, arrugas y una barriga fofa con la que tengo que pelearme?

Y luego está el hecho de que estoy acostumbrada a estar sola con mis personajes, encerrada en mi pequeño despacho de casa.

No estoy acostumbrada a andar ahí fuera, a la intemperie, sonriendo para las fotos, dando entrevistas y conociendo a gente nueva.

La forma en que ha despegado mi carrera todavía me parece surrealista.

Hay días en que apenas puedo creer que todo esto esté pasando.

Una vez enviados los dos mensajes, Instagram me devuelve al perfil de Chloe.

Ha aparecido un comentario nuevo debajo de su último vídeo, en el que promociona un libro que me encantó el mes pasado: uno sobre una mujer que descubre que su marido se ve a escondidas con otro hombre y contrata a un sicario para solucionar el problema.

Estar casado contigo bastaría para volver gay a cualquier hombre.

Quizá en contra de mi buen juicio, le doy al botón de responder. El comentario lo acaban de dejar, así que el gilipollas probablemente siga conectado.

Seguro que tú tampoco eres ninguna belleza. Ni siquiera has subido una foto. Déjala en paz, pringado.

Sigo bajando. En el vídeo de esta mañana, en el que enseña su vestido y sus zapatos y habla de la ilusión que le hace el estreno de la película, el mismo canalla ha escrito:

No se puede hacer un bolso de seda con la oreja de una cerda… o en tu caso, con el culo de una cerda.

Chloe no puede haber visto todavía el comentario. Si no, seguro que ya habría bloqueado la cuenta y la habría denunciado.

¿Dónde está el botón de denunciar?

Mantengo pulsado el comentario hasta que aparece la opción en rojo. Denunciar. De entre las opciones que me ofrece, acoso o contacto no deseado parece la que mejor encaja. Luego, cuando Instagram me pregunta a quién le está pasando, selecciono a una amiga .

Después, tengo que contarle a Chloe lo que he encontrado para que ella pueda gestionarlo por su parte.

Parece otro troll nuevo, o el mismo escondido detrás de otro perfil más.

Esta vez, la cuenta tiene un avatar de un hombre con barba y pelo corto.

Me juego lo que sea a que en la vida real no se parece en nada a eso.

Seguramente es tan feo como el culo de cerda con el que acaba de comparar a Chloe.

¿Cómo puede alguien criticar el aspecto de otra persona mientras se niega a dar la cara?

No me imagino vivir con el asedio constante de estos mensajes.

Como autora, estoy acostumbrada a las reseñas negativas, a los comentarios malintencionados y a que la gente haga trizas mi trabajo.

He aceptado que mis libros y mi forma de escribir nunca van a gustar a todo el mundo.

Escribo para los lectores que los disfrutan e intento no darle vueltas al resto.

Pero la mayoría de esas críticas no son personales. Atacan al trabajo, no a mi aspecto ni a mi valía como ser humano. Nada que ver con el acoso que Chloe tiene que aguantar.

Toco el icono de videollamada junto a su nombre y sostengo el teléfono delante de mi cara.

Dejo que suene mientras mi mirada recorre mi acogedor despacho. Miro las estanterías llenas con los veinticinco libros que llevo publicados y una preciosa lámina enmarcada que una de mis amigas escritoras hizo con las portadas de mis libros para conmemorar este hito.

Después, mi mirada se posa en una foto de mi hijo y mi hija: las personas por las que hago todo esto, mi propósito y mi motor en la vida.

Nuestros días viviendo endeudados quedaron ya muy atrás, y estoy más que agradecida de haber salido de aquella época.

Al menos sé que mis hijos nunca vivirán esas mismas penurias.

Precisamente porque pasamos por aquella estrechez, valoro a cada lector y cada libro vendido con cada fibra de mi ser. Y siempre lo haré.

Chloe no contesta, así que le dejaré un mensaje. Solo espero que esté bien.