El Troll Capítulo 9
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Capítulo 9

CHLOE

—Uy, qué gustazo poder poner los pies en alto y disfrutar de un poco de tranquilidad lejos de los niños. —Mi cuñada se quita las sandalias de una patada y las deja caer al suelo por el extremo de la tumbona.

—Desde luego, se me ocurren formas peores de pasar una tarde de domingo. —Contemplo las volutas de nubes desde detrás de mis gafas de sol.

—Es una gozada estar lejos de los él ha hecho esto , y ella ha hecho aquello , y ¿me das?, ¿puedo?, ¿me dejas ir a…? Todo. El. Día. Por no hablar de tu querido hermano. —Sacude la cabeza—. No sé qué mosca le ha picado estas últimas semanas.

—Ya, a mí tampoco me hizo mucha gracia cuando estuvimos todos en casa de mis padres el domingo pasado. Apenas abrió la boca.

—Es por lo que está pasando con su negocio, que lo tiene hundido. Y creo que, con lo bien que te va a ti… —Se le apaga la voz, pero solo confirma lo que yo ya sospechaba.

—A lo mejor podría ayudarlo, si me lo pidiera. Cualquier cosa es mejor que estos celos horribles.

—Lo sé. —Elsie se espanta una mosca del brazo.

Qué suerte tenemos con este veranillo de San Miguel, aunque también significa que hay moscas por todas partes.

He tenido que empaparme de repelente de insectos, porque lo último que quiero es ir cubierta de picaduras la semana que viene.

No cuando mis fotos van a acabar por todas partes . La emoción me baila en el estómago.

Ruby se estira en el centro del césped.

—Uy, sí, menuda vida de perro —digo, señalándola, y Elsie se ríe.

—En fin, ¿qué me estabas diciendo antes de que llamara el repartidor a la puerta? —Hace un gesto hacia la casa.

—Ah, sí. —Me alegra volver a nuestro tema más alegre—. Leanne quiere que las dos comamos con ella…

—Ooooh, ¿te oyes? ¡Leanne!

Sonrío. —Dice que le encantaría conocerte, y obviamente puedes ir a la sesión de preguntas y respuestas de Waterstones, pero, por desgracia, por la noche tendrías que apañártelas por tu cuenta porque las entradas para la proyección son muy limitadas.

—¿En Londres?

—A lo mejor a ese hermano mío también le apetece salir una noche, así no estás sola mientras yo esté en la proyección.

Invito yo. Ya sé que es con muy poca antelación, pero seguro que mis padres se quedan con los niños.

—Mientras se lo propongo, se me ocurre que esto también podría ser una forma eficaz de ablandar a Matt.

—¿Cuándo era, dices?

—Este martes —le digo—. Y luego la película se estrena para todo el mundo el viernes.

Todavía no me creo que vaya a verla antes que nadie y que, con suerte, hasta pueda conocer a los actores. Y a los lectores; seguro que muchos son gente que interactúa con mis publicaciones de Instagram.

—¿Se te ha olvidado que el martes es nuestro aniversario y que ya vamos a estar en Londres, no te acuerdas? Un espectáculo del West End y un hotel, cortesía de tus padres. Ya se van a quedar con los niños.

—Claro, diez años. Debería tener la fecha grabada a fuego en la memoria.

—Ya te digo, con todas esas pruebas del vestido de dama de honor.

—Todas esas despedidas de soltera improvisadas.

Elsie arruga la cara, encantada. —A la mayoría de las novias les hacen una despedida; ¡yo tuve tres!

—Bueno, pues qué pena. En fin, puedo ir yo sola. Seguro que conozco a más gente aparte de Leanne.

—Mírala ella. —Elsie se inclina desde su tumbona y me da un empujoncito de broma; los dedos le resbalan sobre el repelente aceitoso del que acabo de embadurnarme.

—No lo voy a negar: estoy emocionadísima.

—Alargo la mano hacia mi copa de Pimm’s—.

Es como si me fuera a cambiar la vida. No le cuento que también me da un poco de miedo apañármelas yo sola, ni tampoco que, en medio de la emoción, tengo una sensación de desasosiego cada vez mayor.

No sabría decir qué es; quizá tenga que ver con los hombres cavernícolas que últimamente he tenido que bloquear en las redes.

Elsie estira los dedos de los pies hacia arriba, sin duda admirando el precioso tono plateado que le han puesto en el salón. —¿Qué te vas a poner?

—Cuando entremos, te enseño el vestido. Eso era lo que traía el repartidor. Me lo probé en la tienda y me quedaba grande de cintura, así que tuve que pedir una talla más pequeña.

—Uy, ojalá tuviera yo ese problema. —Elsie pone una mueca—. ¿Es ese vestidazo rojo largo del que me hablaste?

—¡Ese mismo! Me da un poco de reparo llevar un color tan llamativo, pero hay que lanzarse.

—Mientras no te confundan con la alfombra roja en las fotos.

—Ay, madre, ¿cómo no se me ha ocurrido?

—Es broma, boba. Además, habrá un fondo que hará contraste. ¿Qué te vas a poner para la comida y para la entrevista en la librería?

—Me voy a poner ese vestido estampado que llevé en nuestra última barbacoa —respondo—. Con ese y unas cuñas suelo sentirme segura.

—Me encanta que siempre lleves vestidos. —Elsie señala el vestido veraniego largo y vaporoso que llevo hoy—. Yo con vestido parezco boba; estoy mucho más a gusto con camisetas y vaqueros.

—Un día de estos vas a tener que dejarme meterle mano a ese armario tuyo.

—Ay, no, que veo venir una de esas salidas de compras de Chloe y Elsie, y no sé si mis pies lo aguantarían. —Me sorprende que no me recuerde la vez que acabó comprándose unas zapatillas de andar por casa y esperándome en el Costa Coffee.

—Hablando de salidas de compras, también me he comprado un collar y unos pendientes preciosos para el vestido. Tengo cita de peluquería y maquillaje a primera hora del martes por la mañana, y luego me voy directa a coger el tren.

Elsie apura el Pimm’s que le queda en la copa. —Obviamente, no tengo nada de envidia.

—Estarás demasiado ocupada disfrutando de tu aniversario. —Me recuesto en la tumbona y me quedo mirando las ramas que cuelgan sobre mi jardín.

—Espero que el viaje le cambie el humor a Matt. —Elsie hace tintinear el hielo en su copa—. Ah, espera, que tengo que contestar a este mensaje. Contesto esto y luego me enseñas el conjunto completo que te vas a poner.

Mientras Elsie lee su mensaje y empieza a teclear una respuesta, yo también cojo mi móvil.

Es, como suele decir mi padre, un hábito horrible, y de los que parecen imposibles de dejar.

Es como si tuviera que llenar cada momento libre mirando el móvil.

«¿No soportas quedarte a solas con tus pensamientos?

», me dijo cuando fui a comer el domingo pasado.

Quizá no los soporte. Al menos cuando estoy conectada tengo menos probabilidades de sentirme sola.

La gente se ha lanzado en masa a opinar sobre mi último vídeo. En él puntúo del uno al diez las cubiertas de los libros y sus eslóganes. Fue un vídeo más fácil de grabar que otros, pero el ritual de siempre para arreglarme me llevó más de una hora igual.

¿Qué le pasa a esta gente? ¿Por qué te prestan tanta atención?

O es el mismo troll con otro perfil, porque ya he bloqueado a dos en los últimos días, o es uno nuevo. Pero, sea quien sea, se le da bastante bien la puntuación y tiene una ortografía perfecta. Siempre.

Alguien que me sigue ha respondido.

Búscate una vida. Solo tienes envidia. Y voy a denunciarte, seas quien seas. Ni siquiera eres lo bastante hombre para poner una foto de perfil de verdad.

No le ha hecho ni caso, pero @bookishyorkshirelass da en el clavo. Su perfil solo muestra una tétrica silueta gris sobre fondo blanco.

Entonces aparece en la pantalla un mensaje directo de esa misma persona sin rostro.

¿Quién te crees que eres, narcisista de mierda? Con razón estás soltera. Cualquier hombre que se te acercara tendría que hacerse mirar la vista y la cabeza.

—Mira esto. —Un escalofrío se me extiende por todo el cuerpo, a pesar del calor de la tarde.

Mi cuñada le sonríe al móvil mientras teclea en el chat. Pero la sonrisa se le borra al leer mi mensaje.

—¿Es la misma persona de antes? —Entrecierra los ojos por el sol mientras pasa la vista del móvil a mí.

—No lo sé. —Las lágrimas me suben calientes a los ojos—. Pero es horrible, joder, y este es el peor de todos.

—Creía que no contabas nada de tu vida sentimental en internet. —Elsie me devuelve el móvil—. Dijiste que no querías que nadie supiera que estás soltera. De hecho, más de una vez les has dado la brasa a Hannah y a Jonathan con lo importante que es no revelar nada personal en internet.

—Bueno, ese es el tema: siempre lo he mantenido en privado. —Me quedo mirando el mensaje hasta que se me nubla la vista, como si así pudiera asegurarme de algún modo de que nunca existió—. Quienquiera que sea se ha enterado por otro lado de que estoy sola.

—Pero ¿cómo? —Elsie parece desconcertada—. Escucha, tienes que averiguar quién es y conseguir que pare.

—Volveré a denunciarlo a Instagram —digo—. Para lo que va a servir. La última vez solo recibí un mensaje automático diciendo que su equipo de moderación lo revisaría. Y ahí quedó todo. Ni seguimiento ni nada de nada.

—Estarán desbordados con este tipo de cosas. —Me devuelve el móvil—. La verdad, creo que deberías llamar a la policía.

—No van a hacer nada —resoplo—. No por unas palabras en una pantalla. Seguro que, encima, me acusan de hacerles perder el tiempo.

—Inténtalo, al menos. —Elsie tiene la cara seria—. No deberías tener que aguantar esa clase de mensajes.

—La verdad es que da bastante miedo —admito—.

Sobre todo por lo de que estoy soltera. —Echo un vistazo a mi jardín, normalmente un oasis de calma, pero de repente me parece siniestro—.

La otra noche tuve la sensación de que alguien podría haber estado merodeando fuera y, vete tú a saber, alguien podría estar observándonos ahora mismo.

Elsie sigue mi mirada, también nerviosa. —Prométeme al menos que te pondrás en contacto con la policía.