Capítulo 6
LEANNE
—Por supuesto que no es ningún timo: soy la de verdad. ¿Qué puedo decirte para convencerte? Ya sé… hazme una pregunta que solo yo sepa responder.
En esta época de spam y estafas, debería haber imaginado que Chloe sospecharía que soy una impostora. Sobre todo teniendo en cuenta que es la primera vez que hablamos.
—Eh, espera un momento, no se me ocurre nada. —Chloe se queda callada un instante—. Ah, ya sé… dime cuántos libros has escrito.
—Veinticinco —contesto sin dudar. Normalmente pierdo la cuenta de por dónde voy, pero como es todo un hito, el número se me ha quedado grabado.
Chloe se ríe. —Seguramente ha sido demasiado fácil. Ya sé, ¿cuál es la primera frase de tu último libro?
Se viene arriba.
—¡Ahí me has pillado! —Echo un vistazo a mi estantería—. A lo mejor tengo que hacer trampa y mirarlo.
Cuando ya he dejado atrás la escritura y la edición de un libro y he empezado una historia nueva, con personajes completamente nuevos a los que conocer, solo puedo centrarme en lo que tengo entre manos.
Para algunos autores, los libros son sus hijos, pero para mí, una vez terminados, se convierten en caballos de tiro que suelto para que se abran camino por el mundo.
—¿Te refieres al prólogo o al primer capítulo?
—No hace falta… te creo, Leanne, de verdad.
—Chloe suena casi como si se disculpara al ceder—.
Pero ¿por qué me llamas? O sea, es increíble que lo hagas…
es que me has dejado de piedra. Y es un verdadero honor, claro…
madre mía, ¿me estás oyendo parlotear? Siempre hago lo mismo cuando estoy nerviosa.
No tengo ni idea de por qué se pone tan nerviosa por hablar conmigo. Ni por qué le pasa a nadie. Siempre me desconcierta que a la gente se le trabe la lengua en mi presencia. Para mí, y para toda la gente de por aquí, sigo siendo la Leanne Delaney de siempre.
Es cierto que tengo el tipo de trabajo que hace levantar alguna ceja.
Conozco al menos veinticinco maneras de cargarme a un marido y seguramente tengo el historial de búsquedas más turbio en muchas millas a la redonda.
Pero, en realidad, mi vida es dolorosamente normal.
Saco los cubos de la basura, empujo el carrito por el Tesco y me paso todas las mañanas estresada intentando sacar a las niñas de casa a tiempo para el autobús del colegio.
Sigo discutiendo con mi marido, más que nunca, de hecho, desde que dejó su trabajo porque gano de sobra para mantenernos a los dos.
El problema es que apenas tengo tiempo para estar con él, sobre todo entre semana.
Una vez le prometí que mi carrera nunca se interpondría en nuestra vida familiar, pero ahora que todo ha despegado, esa promesa se está volviendo imposible de cumplir.
Aun así, tiene una vida cómoda. Puede hacer lo que quiera, cuando quiera. Por desgracia, no parece bastarle.
—En realidad te llamo porque tengo una propuesta.
—Miro el reloj al otro lado de mi despacho.
Solo me queda una hora antes de que las niñas salgan del colegio, una hora antes de que la paz y la tranquilidad den paso al caos habitual de media tarde que trae su regreso—.
Pero debería haberlo dicho nada más descolgar…
espero que no te importe que te llame así, de sopetón.
—Claro que no —responde—. Estoy en una nube.
Me encanta su acento de Yorkshire… es muy distinto a como sonamos aquí abajo, en los Cotswolds. Suena cercana y campechana, igual que en sus vídeos. Estoy deseando conocerla en Londres, y también a todos los lectores que han ganado una entrada para ver el primer pase de la película.
—Mi agente me ha soltado otro evento de repente —empiezo—. Es el mismo día que el estreno, así que sé que estarás en Londres. Es por la tarde.
—¿Otra invitación? —Suena sin aliento de la emoción—. ¿En serio?
—Es mejor que eso. Voy a hacer una sesión de preguntas y respuestas y una firma en el Waterstones de Piccadilly —continúo—. Y no se me ocurre nadie mejor que tú para entrevistarme.
—¿Yo? —Su voz sale como un chillido.
—Pues claro… ¿quién si no? Los lectores se van a volver locos.
—¿Tú crees?
—Por supuesto. —No me puedo creer que tenga que tranquilizarla—. No hace falta que te recuerde la cantidad de seguidores que tienes en Instagram. Mi agente y yo prepararemos incluso las preguntas, así que lo único que tienes que hacer es formularlas.
—Voy a estar de los nervios, pero por supuesto que sí, un millón de veces sí.
Se nota que le he alegrado el día, y eso me encanta.
—Entonces te enviaremos todos los detalles.
Se queda callada otra vez, como si le estuviera dando vueltas a algo.
—¿Estás bien, Chloe?
—Sí, mira, esto es echarle un poco de morro, pero voy a preguntártelo sin más.
—Adelante.
—A mi cuñada, Elsie, también le encantan tus libros, y me preguntaba si habría alguna posibilidad de invitarla a bajar a Londres. La verdad es que me da cosa moverme sola; tengo un sentido de la orientación pésimo. —Se ríe.
Me reclino en la silla. Odio que pase esto. Hemos recibido muchísimas peticiones para acompañantes, pero no podemos aceptar ninguna.
—El cine va a estar hasta los topes —respondo—. Y la productora solo me ha asignado un número limitado de entradas.
—He visto tus publicaciones ofreciéndolas a tus lectores; por eso lo decía… y Elsie ha leído todo lo que has escrito. Pero si ya están cogidas todas…
—No habría película sin mis lectores. Y sin ti, por supuesto —añado—. Pero sí, todas las entradas para la película ya están agotadas; ahora bien, Elsie puede venir contigo a Londres para el evento de la librería. Podríamos comer todas juntas antes… invito yo.
—Vaya, se lo propondré —responde—. La verdad es que seguro que no lo va a dudar ni un segundo.
Me río, pero luego titubeo. —Hay otra cosa que necesito comentarte ya que estamos hablando.
—¿Sí?
Miro la pantalla del ordenador, la foto de perfil anodina de unas nubes. —Es sobre ese troll que ha comentado en tus últimas publicaciones.
Anoche se lo mencioné a Eamon durante la cena, algo de lo que me arrepentí al instante. Me dijo sin rodeos que no me metiera; pero no puedo. Ni de broma… las mujeres tenemos que apoyarnos entre nosotras.
—Ah, sí, lo he bloqueado —responde—. ¿El de la puesta de sol como foto de perfil?
—Sí, ese sí lo vi, pero ¿no has visto al otro? —Vuelvo a abrir el vídeo de Chloe en el que ha compartido primeras frases de algunos de sus thrillers favoritos.
—No… creo que no.
—El último comentario apareció solo unos minutos antes de que te llamara.
—Espera, que el portátil está cargando. —Se le apaga la energía de la voz, y al instante me siento culpable por haberle estropeado la ilusión de su próximo viaje a Londres—. Voy a echar un vistazo.
—Dedicas tanto tiempo y tanta energía a lo que haces que no te mereces que esa gentuza te arruine unas publicaciones tan buenas.
—¡Ay, no! —dice al cabo de unos instantes, con voz preocupada—. Tienes razón… y este es aún más asqueroso.
Tiene que estar mirando el mismo mensaje que yo.
No sé cómo consigues tantas visualizaciones con la mierda que publicas. En serio, mírate: menudas pintas. Eres fea, tienes una voz asquerosa y solo te dan likes por la ropa hortera que llevas.
Respiro hondo. No quiero decir lo que estoy a punto de decir, pero no me lo perdonaría nunca si pasara algo. —Lo que más me preocupa es el emoji del cuchillo, Chloe. Parece una especie de amenaza.
—Madre mía. —Suelta una risa forzada—. Es justo el tipo de cosa sobre la que podrías escribir en tus libros.
—Ya se me ha pasado por la cabeza —respondo—. Encontraré al cabrón y me lo cargaré en una historia. Al menos con la gente que no me cae bien sí puedo hacerlo.
La risa de Chloe suena más relajada esta vez. —He visto una foto de ese cartel que tienes en la cocina.
—«Cuidado, o acabarás en mi novela» —decimos al unísono antes de echarnos a reír las dos.
—Ahora en serio, a esta lamentable excusa de ser humano hay que denunciarla en Instagram.
¿Denunciaste al otro troll? —Podría señalar aquí que podría ser la misma persona a la que ha bloqueado, que quizá haya conseguido abrir otra cuenta.
No sabría decir qué es peor: varios trolls acosándola o una sola persona muy persistente.
—No parecía que sirviera de nada —responde—. Con algunas de estas grandes empresas ni siquiera puedes hablar con una persona de verdad; todo son bots.
—Pues deberías intentarlo, desde luego.
Vuelvo a mirar el mensaje. El emoji del cuchillo es inquietante. Me he topado con lo peor de la sociedad desde que mis libros llegaron al gran público, y no puedo decir que haya recibido nunca nada que me perturbara hasta este punto. —Y si por ahí no consigues nada, deberías acudir a la policía.
—¿A la policía? —Su voz vuelve a sonar tan aguda como al principio de la conversación—. No me imagino que vayan a hacer nada por unos comentarios en Instagram. Además, tendrían que encontrar a quien esté detrás de ellos.
—Hoy en día tienen medios de sobra para eso. Seguro que pueden rastrear la dirección IP.
—Vale, tienes razón. Pondré una denuncia sin falta.
—Mantenme al tanto —le digo—. En fin, será mejor que vuelva al trabajo. Siempre se nota cuando tengo una fecha de entrega encima. —Echo un vistazo a mi despacho ordenado—. La casa está impecable, y hasta he adelantado algo de papeleo esta mañana.
—Ha sido una pasada hablar contigo, Leanne.
—Lo mismo digo. Ahora cuelga y ponte a asegurarte de que ese troll se lleve su merecido.