El trofeo (Cazadoras 3) Capítulo 24
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Capítulo 24

Iba a matar a Yumi, lenta y dolorosamente.

Sus maquinaciones habían traído a nuestra hacker ante mí.

La verdad, no habría pensado que lo era, su atuendo era más bien el de una universitaria que acababa de salir de clase, no el de alguien que va a presentarse a una entrevista de trabajo.

Fue precisamente esa seguridad de que no necesitaba hacer mucho esfuerzo para conseguir el trabajo lo que despertó mi desconfianza.

—¿Tienes alguna experiencia con centralitas? —pregunté, aunque J.T. parecía más centrada en averiguar dónde se ubicaban todos los objetos de nuestra oficina. Si algún día nos robaban, ya sabía quién había hecho la inspección sobre el terreno.

—Hoy en día hay en el mercado cientos de sistemas automatizados para centralitas, cualquiera serviría para un negocio como el suyo —respondió ella.

—No es lo que te he preguntado —dije cortante, provocando que su avispada mirada se centrase directamente sobre mí.

—He implantado un par de servicios de comunicaciones telefónicas y de mensajería en tiempo real para organizaciones privadas y no han tenido queja de mis servicios.

Lo que hayan hecho después con ello no es asunto mío.

—En otras palabras, una organización que los utilizó en actividades poco o nada legales.

—Entonces no es recomendable que les pidamos referencias. —Su boca se ladeó con una mueca ante mi comentario.

—Mejor no. —Algo se iluminó en mi cerebro en aquel momento, consiguiendo entrelazar algunos comentarios pasados de Yumi con lo que tenía frente a mí.

—Ella es nuestro hacker, ¿verdad? —le pregunté directamente a mi amiga.

—Hice un trato con ella —se disculpó.

No me gustaba lo que mi amiga estaba haciendo, me había mentido, y de alguna manera traicionando. No me gusta que la gente me engañe, y no lo esperaba de ella.

—Mira, no quiero problemas —J.T. se puso en pie—. Yumi solo quería ayudarme. Pero si eso le mete en apuros contigo, mejor me voy y problema solucionado. —Mientras se alejaba hacia la puerta, aprecié el dolor que aquella situación le provocaba a Yumi, pero no era por mí, sino por J.T.

—Si eres tan buena como siempre dice Yumi, ¿por qué trabajar aquí por un sueldo tan mediocre? Con tus otros trabajos sacarías mucho más dinero —le pregunté. J.T. se detuvo y se giró para responderme. Su cuerpo parecía derrotado, cansado de una larga lucha que no llevaba a ninguna parte.

—La mayoría de la gente para la que hago ese tipo de trabajos no son respetables, por decirlo de forma delicada.

De alguna manera todo eso en lo que se mueven acaba metiéndose en tu vida.

Y no estoy hablando de problemas con la ley, nunca me han detenido.

Pero cuando llevas mucho tiempo en mitad de un estercolero, al final te acabas acostumbrando al olor, y yo no quiero que eso me ocurra.

Cuando Yumi me explicó lo que estabais haciendo con ese tipo y su amiga, me pareció que había algo más que solo desenterrar trapos sucios, queríais exponer su parte dañina y hacerles pagar por ello, aunque a vuestra manera.

Realmente es el motivo por el que me metí en este mundillo, para ser un poco Robin Hood y ayudar a los de abajo, sacudiendo si es posible a los de arriba, y que conste que no estoy hablando de robar ni nada de eso.

Yo solo soy un ratón de biblioteca, solo que, en vez de libros polvorientos, meto las narices en la gran red.

Si sabes buscar, lo encuentras todo, incluso lo que la gente quiere esconder.

—Sus ojos parecían sinceros, al igual que sus palabras.

—Me gusta la sinceridad, es lo primero que tienes que saber —miré a Yumi—. El que mi amiga me ocultase esto lo solucionaremos ella y yo más adelante, pero, de momento, vamos a empezar por sacar a la luz todo lo que teníais tramado vosotras dos —las señalé a ambas.

—¿Vas... vas a contratarme? —preguntó desconcertada J.T.

—Eso depende de lo que pidas y nosotros podamos darte. Todo se decidirá en la negociación. Es para lo que estoy aquí, ¿no es así? —miré a Yumi directamente, encontrándome con su sonrisa. Casi no tuve tiempo de prepararme para el salto que pegó hacia mí y su abrazo rompehuesos.

—Sabía que lo harías.

—Tranquila, todavía no hemos llegado a un acuerdo. —Palmeé su espalda para apaciguar su arrebato emocional.

—Oh, pero lo harás. Eres la mejor en eso. —Se sentó en la silla de nuevo y se acomodó a la expectativa.

—¿Y bien? ¿Qué teníais pensado? —pregunté a J.T.

—Yo solo necesito la seguridad de que mis necesidades estarán cubiertas.

Un trabajo con el que cubrir gastos, un lugar donde acomodar mi equipo, donde vivir...

—Mi cabeza giró bruscamente hacia Yumi. Por eso la muy ladina decía que la recepcionista no llegaría hasta que terminasen las obras. Quería alojarla aquí.

—¿Tu compañera de piso? —De ninguna manera iba a meterla en el mío, no ahora que tenía en mente que Tyler y yo lo compartiésemos. En mi plan no había espacio para una incómoda compañera de piso extra, porque sería un estorbo para nuestras relaciones íntimas.

—Más bien había pensado en tu actual apartamento. —Yumi puso cara de estreñida, o es que estaba pidiéndome algo entre perdón y permiso, no estoy segura.

—¿El despacho del jefe de la estación? —pregunté sorprendida. Si incluso para mí era pequeño, no quería ni imaginar para alguien que hablaba de acomodar su equipo. Eso sonaba a que ocupaba una habitación, por lo menos.

—Una cama, un baño y un sofá. Si no tengo que compartirlo con nadie y tiene una puerta con llave, para mí es perfecto —detalló J.T.

—Salvo por el sofá, es lo que tienes tú ahora —me recordó Yumi.

—Sí, bueno. Ahora que hemos sacado ese trasto del despacho, supongo que cabría un sofá —reconocí.

—Puedo colocar mi equipo aquí y realizar mi trabajo mientras me encargo de vuestra recepción. Realmente paso la mayor parte del tiempo detrás de una pantalla en un escritorio. —Deslizó una mirada sobre la mesa que habíamos instalado ese mismo día.

—De acuerdo, recibirías a los clientes y los paquetes, gestionarías las llamadas y todas esas cosas que hace una recepcionista.

Y a cambio nosotros te ofrecemos alojamiento y una estación de trabajo para tus actividades extralaborales.

Espero que no consumas mucha electricidad, porque entonces tendremos que reducirte el sueldo. —J.T. se permitió sonreír.

—Oh, no tendréis que preocuparos por eso, lo prometo.

—Espero que no sea nada ilegal. —J.T. se mordió el labio inferior. Sí, lo era.

—Eh, puede que mi gasto energético sea el doble que el de cualquiera de los vuestros, pero lo compensaré con servicios extra.

—¿Como por ejemplo? —Crucé los dedos mentalmente, porque si realizaba esas labores por las que anteriormente le habíamos pagado, por mí estaba bien, muy bien.

—Puedo gestionar todo lo relacionado con la web de la empresa, el posicionamiento global, el SEO.

—Y ayudarme con la visibilidad en las redes sociales —añadió rápidamente Yumi.

—Sí, también con eso —confirmó demasiado rápido J.T.

—Incluye también todos los trámites burocráticos que se puedan hacer online.

—Eso lo haría una recepcionista normal. —J.T. puso los ojos en blanco, como si no hubiese asumido ya que eso era parte de su trabajo.

—Está bien. Entonces tendrás que servir de apoyo en las necesidades digitales de los miembros de la compañía. —Era mucho pedir, pero J.T. pareció meditarlo seriamente.

—Incluye la comida y el agua caliente y seré tu esclava. —Me tendió la mano para cerrar el trato.

—De acuerdo. Redactaré un contrato con todas esas especificaciones. —Le estreché la mano para cerrar el acuerdo.

—¿Quieres ver el apartamento? —se ofreció una entusiasmada Yumi.

—¿Puedo?

—Puedo enseñártelo, pero ya te aviso de que no es gran cosa —dije de la que me levantaba con intención de ir hacia allí, instándola a seguirme.

Abrí la puerta de la oficina del jefe de bomberos, mi apartamento, y le dejé que lo explorase junto con Yumi. Yo me quedé en la puerta, ya sabía lo que había allí dentro, no necesitaba abarrotar la estancia con más gente. Así parecería más grande.

—¿Ves? Aquí cabe un pequeño sofá y una mesita. Y puedes poner una tele aquí enfrente. —Ya salió Yumi y su vena de diseñadora de interiores.

—Pero no te hagas ilusiones todavía, aún lo necesito. Hasta que no terminen las obras de mi apartamento ahí arriba no podré cedértelo —grité, para que pudiesen escucharme desde la habitación, o probablemente el baño, por donde sospechaba que andarían.

—Eso podemos solucionarlo —escuché el susurro de Tyler a mi oído, lo que me hizo sobresaltarme. Este hombre se movía como un gato.

—¿Solucionarlo? —pregunté, para después recibir un breve beso en mis labios.

—Mi oferta sigue en pie. Vente a vivir conmigo. —Me atrapó por la cintura, pegándome a su cuerpo.

—No es necesario. —Él puso los ojos en blanco.

—Discrepo. Necesitamos desesperadamente a esa ¿recepcionista? —Así dejaba claro que no le importaba el motivo por el que yo cediese mi apartamento.

—Puede que algo más —dije, rodeando su cuello con mis brazos.

—¿Lo ves? La necesitamos, ya. ¿Cuándo puedes tener listas tus maletas?

—¿Impaciente por tenerme a tu merced?

—Tremendamente.

—Tenemos que negociar.

—Te expondré mis argumentos: cama grande y ducha enorme.

—¿Tendré hueco para mi ropa? ¿Qué te parece medio armario y un par de cajones?

—Mmmm —fingió sopesarlo—. ¿Prometes no acaparar todo el baño con tus potingues?

—Solo la mitad, lo prometo.

—Bien, creo que tenemos un acuerdo. ¿Firmamos?

—En todas las páginas. —Su boca me besó después de decir la última palabra. Sí, me gustaba cómo Tyler y yo firmábamos nuestros acuerdos.

—¿Ves lo que te decía? Es imposible andar por aquí sin ver a estos dos haciendo cochinadas. Mejor que se larguen y hagan esas cosas bien lejos de los pobres. —Tyler podía llevarme a otro mundo con sus besos, pero escuché perfectamente las palabras de Yumi.

Bien, ya había conseguido atrapar a mi trofeo. Tendría que poner al día a Desiré.