El trofeo (Cazadoras 3) Capítulo 23
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Capítulo 23

Cuando regresamos a la mesa, Tyler estaba apartado, hablando por teléfono, mientras Jack garabateaba sobre una servilleta de papel. Como muestra de que no seguía enfadada con él, Yumi le puso una taza del café que habíamos preparado.

—Gracias. —Los ojos de Jack se alzaron tímidos y algo tristes hacia ella, como si le estuviesen pidiendo disculpas. Era como uno de esos cachorritos adorables que adornan las paredes de algunas oficinas. ¿Cómo podía alguien seguir enfadado con él?

—¿Leche y azúcar?

—Solo leche. —Yumi le tendió la jarra para que se sirviese lo que quisiera.

—Vaya, es precioso. —Yumi tomó la servilleta de Jack, admirando más de cerca el dibujo.

—Solo es un garabato. —Movió los hombros para quitarle importancia.

Yo había notado que lo hacía cuando no quería que su mente divagase por otros caminos, como por ejemplo la mala sensación que se le había quedado después de que le recriminase el pequeño desprecio que le había hecho al acto de sacrificio de Yumi, por decirlo de alguna manera.

Jack era un hombre muy sensible, aunque pareciese un adolescente despreocupado todo el tiempo.

—¿Puedo quedármelo? —Jack sonrió ante la petición de Yumi.

—Puedes hacer con él lo que quieras.

—Vale, pero tendrás que firmarlo. —Le devolvió el trozo de papel para que lo rubricase— Quién sabe, algún día puede que valga millones. —Ni Jack ni yo supimos si lo decía en serio o en broma. Así todo, él lo firmó.

—Ojalá, así podrás venderlo y sacar algo de dinero por él. —La mirada de Yumi indicaba que estaba tramando algo, pero no sabía qué.

—Tengo testigos, me has dado tu consentimiento. No podrás reclamarme nada si lo hago —amenazó.

—No pienso hacerlo. —Jack alzó las manos en señal de rendición pacífica.

—Siento la interrupción —se disculpó Tyler antes de sentarse de nuevo a la mesa. Su expresión no era buena.

—¿Algún problema? —pregunté.

—Peter Miller y Karl Johnson quieren que me reúna con ellos. —Ahora entendía.

—Se han tomado su tiempo. —El rostro extrañado de Tyler se giró hacia mí por mi comentario.

—¿Tú lo sabías?

—Les hemos arrebatado tres activos de mucho peso en algo menos de un mes. Que quieran tratar de parar esa sangría volviendo a contratarte es un movimiento que ya esperaba —expliqué. Los ojos de Tyler se entrecerraron.

—No volvería a trabajar con ellos, aunque fuesen la única agencia deportiva del país. Antes me iría a trabajar al extranjero —sentenció.

—Yo tampoco apruebo sus métodos, ni la forma con la que tratan a los que deberían ser sus auténticos clientes —desvié levemente la mirada hacia Jack—, pero llámame mala, yo disfrutaría enormemente de ir a esa reunión para restregarles su pérdida por las narices.

—Tanto Jack como Tyler alzaron las cejas, sorprendidos.

—Sí que eres mala —dijo Jack con una sonrisa.

—Esa es mi chica —me apoyó Yumi.

—Los tiburones solo respetan a los que son como ellos, al resto los devoran. No estaría mal que viesen que tú también tienes dientes, así no volverán a tratar de morderte.

—Admiro tu determinación y tus agallas, pero Starline es la agencia deportiva más importante de toda la costa Este, y nosotros solo somos una pequeña agencia que apenas acaba de despegar —explicó Tyler.

—Quizás yo tenga más fe en nuestra proyección de futuro. De todas formas, estás en posesión de la única arma que puede hacerles daño.

—¿Y esa cuál es? —preguntó curioso—. Porque está claro que la honorabilidad no es.

—El dinero. Y antes de que te pongas a comparar, te diré dónde tienes que mirar. Antes contabas con un sueldo fijo y una bonificación por cada trato que cerrabas, ¿correcto?

—Así es —confirmó.

—Ahora cuentas con el 25 % del porcentaje que nos corresponde como agentes, de todos los contratos que tramitamos, en grupo —nos señalé a los tres—. ¿Tengo que hacerte la cuenta de lo que llevamos ingresado?

—Mucho más. Pero no tengo que ir a contarle a ellos lo que ingreso ahora.

—Yo creo que sí, porque es exactamente lo que ellos han dejado de meter en sus bolsillos. —Alcé las cejas un par de veces, para que notase hacia dónde quería ir.

—Dónde les duele. —Tyler sonrió—. Sí que eres mala.

—Qué va —me defendió Yumi, mientras se estiraba a mi lado para estrujarme en un pequeño abrazo—. Mi chica es como los delfines, seres adorables e inteligentes, pero que son capaces de ahuyentar a los tiburones a golpes.

—Quien siembra vientos recoge tempestades —recitó Jack las palabras de la Biblia.

—Entonces tendré que ir a esa reunión y soplar bien fuerte —dedujo Tyler.

—No, debes convertirte en Thor y lanzar unos cuantos rayos. Así saldrán corriendo cada vez que te vean venir. —Imaginarme a Tyler con el traje de Thor y su martillo en alto me dieron ganas de... Ejem, mejor lo dejaba para cuando estuviésemos a solas.

—Thor, me gusta. —Aquella sonrisa diabólica envió una descarga eléctrica a mi zona inferior. Pues iba a ser cierto que el chico sabía meterse en el papel—. ¿Te gustaría venir? —Se inclinó tentadoramente hacia mí.

—¿Cuándo es esa cita? —pregunté.

—Esta tarde. —Sí que les habían entrado las prisas a los de Starline.

—Me temo que no va a ser posible, rey del trueno. Tu valquiria y yo tenemos una reunión con nuestra nueva recepcionista —intervino Yumi.

—Ya que va a ser empleada de Maratón, ¿no deberíamos estar presentes también Tara y yo?

—¿Toda la junta directiva de Microsoft está presente cuando contratan a un nuevo programador? Esto no es una fusión empresarial o algo por el estilo —le quitó importancia Yumi.

—Está bien. —Aunque Tyler no parecía del todo convencido, y le entendía.

¿Qué estaba tramando Yumi? ¿Por qué tenía que estar yo en aquella reunión?

De acuerdo, me gusta tener cierto control, y meter a alguien a trabajar prácticamente en nuestra casa me hacía desear saber todo lo posible sobre esa persona antes de darle la llave.

¿Sería ético investigar a un posible empleado?

En fin, conocería a nuestra nueva recepcionista/algo más y ya decidiría sobre la marcha. Si me daba mala espina ya podía buscarse otra cosa.