Capítulo 22
Dennise
Jack estaba mucho más fuerte, sus músculos eran herramientas preparadas para el trabajo duro e intenso, pero Tyler no se amedrentó, y creo que era por esa gratificación que esperaba recibir por el trabajo.
—¿Aquí? —preguntó un sonriente Jack.
—Sí, creo que ahí está perfecto —le aseguró Yumi sin apenas mirarlo.
Depositaron el escritorio cerca de la entrada de la oficina, donde se suponía que debía ir el mostrador de la recepcionista. No me hubiera importado que fuese un hombre, pero las circunstancias eran las que eran.
—¿Y cuándo dices que llegará la nueva incorporación? —preguntó Tara, que sostenía a Noa contra su pecho. Tenía que reconocer que como excusa para no ayudar era muy buena.
—Todavía faltan algunos flecos, pero supongo que será cuando terminemos con las reformas. —Yumi señaló hacia la planta superior, donde se escuchaban a los operarios metidos en faena.
—Bueno, ¿y dónde está ese premio que me habíais prometido? —pidió Jack, provocando que Yumi pusiera los ojos en blanco mientras se daba la vuelta.
—Ya voy, ya voy. Pero que sepas que te saldrá caro. —Jack se volvió hacia mí, bastante confundido.
—¿Qué ha querido decir?
—Que este favor —señalé la mesa—te lo va a pagar en carne. Jack ya llevaba suficiente tiempo escuchándonos hablar como para pillar el sentido sexual de aquella frase.
—¡¿Qué?! —El pobre Jack casi se atraganta, mientras su mirada se perdía por donde había desaparecido Yumi.
—¿Y cuándo dices que puedo cobrar mi parte? —Tyler se acercó a mí de forma tentadora, me tomó por las caderas y me pegó a su cuerpo, mientras se relamía los labios como el gatito que se zampó el platito de crema, o que esperaba hacerlo en este caso.
—¡Tyler! —gritó una sorprendida Tara. Eso no le impidió besarme—. Pero ¿qué...? —Sabía perfectamente qué le estaba reprochando.
—¿De verdad quieres que te pague yo? —Pasé mis brazos alrededor de su cuello sin dejar de sonreírle. Esperaba que mi gesto tranquilizase a Tara.
—No aceptaría ese pago de otra persona. —Su intensa mirada me confirmaba que efectivamente, era mi persona la que quería comerse.
—Le diré entonces a Yumi que no abra tu porción de carne de Kōbe. —Las cejas de Tyler se alzaron sorprendidas.
—¿Kōbe?, ¿esa carne japonesa tan exquisita?
—Ahá— le confirmé. Estaba tan cerca, que pude notar su duda interior—. Tendrías que ir a la prefectura de Hyōgo para probar algo como eso —le informé para tentarlo. Podía percibir sus glándulas salivando como locas.
—Pero se supone que esa carne no se comercializa fuera del país. Es imposible que tenga auténtica carne de Kōbe en la nevera —comentó Tara para echar por tierra mi información.
—Ser la hija del embajador de Japón tiene sus ventajas —le guiñé un ojo a Tara antes de alejarme hacia la salida de la oficina.
—Mmmmm —escuché aquel sentido gemido a mi espalda, pero no estuve segura de cuál de los dos lo dejó escapar de su garganta.
—¡Mierda! Menudo día elegí para ir a comer con mi madre. Quizás pueda cambiarlo —dijo Tara.
—¡Ja!, tú no has cargado con esa maldita mesa. La carne es mía. —Jack estuvo rápido marcando su territorio.
—Nuestra —añadió Tyler. Le di una última mirada desde el otro lado de la puerta, para ver cómo sus ojos me seguían con hambre. Tenía la impresión de que el kōbe solo sería el aperitivo.
Media hora más tarde, todos, excepto Tara, estábamos sentados alrededor de la mesa que estaba en lo que era nuestra cocina provisional, disfrutando de un menú puramente japonés.
Yumi había abierto su cofre del tesoro con todas las consecuencias.
Mochi, gyozas de verdura, un potente sake y por supuesto, unas porciones de ternera de Kōbe que estaban para quitar el sentido.
—Esto está de muerte —dijo Jack, mientras se recostaba en su silla y se acariciaba el estómago.
—No has comido carne tan exquisita en tu vida. —Con Yumi y sus tesoros no se podía bromear.
—Mi último cumpleaños, un chuletón de dos kilos de charolais perfectamente madurado y cocinado en barbacoa de leña de arce.
—Jack se llevó los dedos a los labios para besarlos con énfasis—.
Mis padres tienen una granja de cría de reses de raza charolais.
—Levantó la manga de la camiseta para mostrar un tatuaje algo particular, una «Y» y una «J» unidas de una extraña manera.
No pude sonreír ante la idea de que eran la inicial de su nombre y el de mi amiga.
—No es por hacer ningún desprecio —dijo Tyler mirando a Yumi—, pero espero que me invites a tu próximo cumpleaños —añadió mirando esta vez a Jack.
—No es cuestión de cantidad, sino de calidad —dijo Yumi bastante ofendida, mientras empezaba a recoger los platos sucios de la mesa.
—Mucho y bueno es mejor que solo bueno —se justificó Jack de la que contraía los hombros.
—Acabas de saquear su cofre del tesoro, podrías tener un poco más de tacto. Le ha costado mucho conseguir todo esto y lo ha compartido con todos —le susurré a Jack para que entendiese por qué mi amiga estaba dolida.
—Lo siento —se disculpó sinceramente.
—No es a mí a quien le ha dolido —le recordé.
Me puse en pie, terminé de recoger la mesa con la ayuda de Tyler y lo llevé al fregadero.
Me quedé junto a Yumi, porque estaba segura de que necesitaba una amiga que suavizara sus instintos asesinos antes de que masacrara alguna pieza de su cara vajilla.
Si es que la chica incluso nos había servido esas delicias con todo el menaje que tenía guardado para su apartamento.
—Es un hombre sencillo, no se lo tengas en cuenta. —Choqué mi hombro con el de Yumi, consiguiendo un bufido un poco menos agresivo del que esperaba.
—Hombres. —Con esa palabra lo dijo todo.
—Sí, hombres —convine con ella.
—Así que tú y Tyler. —Apareció una sonrisa traviesa en su rostro, señal de que el enfado había quedado relegado por algo mucho mejor.
—Sí —le confirmé.
—La gran depredadora al final ha sido cazada. —Y eso que ella no sabía que yo era una cazadora.
—Creo que sí. —Giré la cabeza a nuestra espalda, donde Tyler y Jack parecían centrados en su propia conversación, ajenos a la nuestra.
—Pues te felicito, el chico parece que merece la pena.
—¿Parece? —pregunté con una ceja alzada.
—Eso me lo dirás tú. El criterio no es el mismo para un socio que para un novio. Pero supongo que, si confiamos en él para apostar nuestro sustento, también puedes confiar en sus buenas intenciones contigo.
—Si falla, siempre podemos disolver la sociedad. —Miré fijamente a Yumi, ella sabía de qué hablaba y de cómo hacerlo.
—Mi tanto sigue afilado. —Nos reímos con ganas por nuestra broma. Realmente no descuartizaríamos a nadie, al menos de forma literal. Aunque… Ray había sido el primero, y la vida es larga, podría no ser el último. Pero algo me decía que no sería Tyler.