El trofeo (Cazadoras 3) Capítulo 21
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Capítulo 21

Tyler

Llevar una camisa de repuesto en el coche era una gran idea, no solo para estar presentable si ocurría un accidente que estropeara la que llevaba puesta, como aprendí tras un incidente con cierto bebé.

También porque así ahora podía lucir un aspecto más o menos presentable sin tener que pasar por casa a cambiarme.

Ni de broma iba a dejar a Dennise sola con tanto hombre por allí cerca.

Tener esa imagen en mi cabeza, la de ellos advirtiendo ese brillo que solo el buen sexo deja en los ojos de una mujer, despertó unas ganas terribles de ponerles a cada uno de ellos en su sitio.

Dennise era mía, nada de compartirla, aunque fuese en su imaginación.

Yo estuve en ese lado por mucho tiempo, y sabía perfectamente lo que habría en su cabeza.

Revisé cómo iban las reformas en la planta superior, advirtiendo más de una mirada demasiado interesada en las chicas por parte de los obreros.

¿Sabían ellas dos lo peligroso que resultaba que tantos hombres supieran que dormían solas en el edificio?

Necesitaban que un hombre las protegiera.

Tuve que ponerle a más de uno en su sitio cuando le dispensaron a mi chica alguna mirada maliciosa, o escuché algún comentario que no era apropiado.

Lo bueno es que entre hombres nos vale solo con una mirada para poner a cada uno en su sitio.

—¡Auch! ¡Para, para! —gritó Dennise desde su ¿cómo debería llamarlo? ¿Apartamento provisional? Me acerqué hasta la puerta y la vi aferrando precariamente uno de los extremos del escritorio sobre el que la noche anterior habíamos establecido el principio de nuestra relación de una manera muy física.

—Ya te dije que no íbamos a poder —le recriminó Yumi desde el otro extremo—.

¿Me harás caso de una vez? Los chicos de la obra pueden hacerlo, son muchos y están fuertes —le sugirió.

Por el gesto de mi chica, la idea no le entusiasmaba, y a mí tampoco.

No quería a ninguno de esos tipos curioseando en el apartamento de mi chica.

¡Diablos!, su ropa interior estaba en una de esas cajas transparentes de almacenaje, cualquiera podría verla.

—¿No sería mejor que dejéis esto en manos de un tipo fuerte? —me ofrecí, mientras entraba en la habitación.

—Está claro que no has cargado a pulso este trasto —me recriminó Yumi con una extraña sonrisa.

Espera, ¿y ese sonrojo en las mejillas de Dennise?

¿No le habrá contado...?— Por cómo os miráis, diría que este mueble tiene mucho que contar.

—Aquella maldita sonrisa suya... ¡Diablos!

, no le había dicho lo que había ocurrido, pero vivía en la planta de arriba, y yo anoche aporreé la puerta hasta que Dennise abrió.

Seguro que nos vio entrar. Con eso tendría suficiente para hacerse una idea del resto.

—Eres una cotilla —la acusó Dennise sin confesar realmente nada. Abogados.

—¿Os ayudo o no? —Me crucé de brazos esperando su respuesta.

—Yo nunca rechazo ayuda cuando me la ofrecen, si es que realmente la necesito —sopesó Yumi—.

Pero de los honorarios mejor que se encargue aquí mi socia.

—Yumi señaló con el pulgar en dirección a Dennise, mientras dejaba su posición libre y se dirigía hacia el lado de Dennise para cargar entre las dos por ese lado.

—Oh, seguro que llegamos a un acuerdo. —Mi chica me guiñó un ojo de forma cómplice. Esperaba que fuese el mismo pago que yo tenía en mente. Tendría que parar a comprar otra caja de preservativos.

Con las nuevas posiciones tomadas, izamos la mesa apenas unos centímetros, pero enseguida vimos el problema, y era algo más que el peso.

—¿De qué demonios está hecha? —protesté.

—Metal. — Yumi golpeó un par de veces sobre la superficie, para hacer énfasis con el sonido metálico que se produjo.

—Tiene sentido, es el material menos combustible que conozco. —Era una vieja estación de bomberos, no meterían madera, conglomerado o plástico. Era el despacho del jefe, tendría que ser resistente, pero tampoco muy caro. La mesa parecía sacada de una de esas oficinas de los años setenta.

—El problema es que no podremos girarla para salir por ahí —añadió Dennise. Estaba totalmente de acuerdo.

—Sobra una persona —dije señalando a ambas.

—¿Lo ves? Nos hace falta otro tipo fuerte. Llamaré a alguno de los operarios para que nos ayude con esto. —Yumi empezó a alejarse para ir a por esa ayuda, cuando Dennise la detuvo.

—Tengo una idea mejor. —Sacó el teléfono de su bolsillo—. Llamaré a Jack. Tenía que venir un día de estos a pulir lo de sus redes sociales contigo, ¿no? Pues hoy es un buen día.

—Seguro que tiene mejores cosas que hacer que conseguirse un tirón en la espalda.

—Es un chico fuerte —le recordó Dennise mientras se ponía el teléfono al oído.

—Pero es un profesional que no puede lesionarse. —¿Qué le ocurría a Yumi? ¿Por qué ese empeño en que nos ayudase uno de los operarios en vez de Jack? ¿No habría alguno que le interesara?

—Hola, Jack. Necesitamos mover una mesa muy pesada.

Hemos conseguido un ayudante, pero necesitamos otro chico con buenos músculos.

—Dennise me dedicó una mirada provocativa, mientras se mordía el labio inferior.

Sí, yo era ese otro tipo musculoso, justo el que estaba pensando en cobrarse este servicio de forma anticipada—.

Gracias, sabía que podría contar contigo.

—Dennise cerró la llamada—. Vendrá a mediodía, cuando termine el entrenamiento.

Pero a este te encargas de pagarle tú. —Yumi abrió los ojos cuando Dennise la señaló directamente.

—Yo. No creo que pueda pagarle de... —sus ojos se desviaron hacia mí. Oh, vaya, sabía perfectamente lo que yo iba a cobrar por mi ayuda, y pensaba que tendría que pagarle a Jack en la misma moneda.

—Tendrás que compartir tu cofre del tesoro. —Dennise se inclinó hacia Yumi de forma amenazadora, provocando la sorpresa y consternación de su amiga.

—No, eso está esperando una ocasión especial —se defendió.

—Todo esto es cosa tuya, así que tendrás que apechugar. —¿Qué tramaban estas dos?

—Te odio. —Los ojos de Yumi se estrecharon sobre Dennise antes de salir de la habitación. Pero tanto Dennise como yo sabíamos que lo que había dicho su amiga no era verdad, y la sonrisa en el rostro de Dennise me lo confirmó.

—¿Vas a contarme de qué va todo esto?

—Yumi tiene una candidata para el puesto de recepcionista y le prometió que tendría su propio despacho.

—Tiene que ser realmente buena con los teléfonos —deduje. Aunque según mi punto de vista, una recepcionista no necesitaba una mesa tan grande.

—Digamos que Yumi tiene algunas deudas que saldar y que nosotros a cambio conseguiremos mucho más que una recepcionista. —Tenía que averiguar mucho más, porque ahora se suponía que también era mi empresa.

—¿Y cuánto nos va a suponer al resto asumir ese gasto?

—Mucho menos de lo que estás pensando. No será gratis, pero seguro que llegaremos a un acuerdo beneficioso para todos. —Dennise me guiñó un ojo de forma cómplice.

—¿Tú te encargarás de esa negociación? —La atraje hacia mi cuerpo, aprovechando que estábamos solos en la habitación y que no había curiosos a la vista.

—Si tú me lo pides, seguro que podré hacer un hueco en mi apretada agenda. —Sus dedos se deslizaron por mi nuca, arrancándome un placentero cosquilleo premonitorio.

—Entonces será mejor que te vaya dando algún incentivo para motivarte. —Besé sus labios con calma, saboreando lo que esperaba que fuese el primero de muchos besos ese día. ¡Demonios!, iba a mover una mesa que pesaba una tonelada, merecía un pago enorme por mis servicios.