El trofeo (Cazadoras 3) Capítulo 20
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Capítulo 20

La alarma de mi teléfono resonó en la habitación, aunque tardé unos segundos en darme cuenta de lo que realmente significaba.

No solo era hora de levantarse, sino que tenía el tiempo justo de ducharme y vestirme antes de que llegasen los operarios de la reforma.

No había preparado mi ropa la noche anterior, como solía hacer antes de irme a la cama.

Es lo que tiene que tus cosas estén amontonadas en una esquina del despacho o metidas en cajas en el almacén.

El caso es que tendría que correr para que aquellos hombres no me sorprendiesen a medio vestir.

Nada peor que me viese de esa manera un carpintero, albañil, electricista o lo que fuera que pasase por allí.

No solo tenía una imagen que mantener, sino que ese tipo de operarios suele ser de piropo fácil y suele quedarse mirándote más de lo correcto.

No quería nada de eso con Tyler cerca, no quería que pensase que yo era una chica fácil.

Salí de la cama como si el colchón estuviese en llamas, maldiciendo en un susurro para no despertar a mi compañero de cama. Abrí el grifo y ni siquiera esperé a confirmar que el agua estaba lo suficientemente caliente para entrar bajo la cascada.

—¡Mierda! —Demasiado fría. En fin, así me despejaría antes, porque realmente lo necesitaba. Habíamos dormido poco y ejercitado mucho, mi cuerpo necesitaba un poco más de descanso para recuperarse.

—¿Dennise? —La voz de Tyler me llegó desde el otro lado de la mampara. Su cuerpo desnudo me recordó todas las locuras que hicimos la noche anterior, haciendo que el agua fría resbalase por mi cuerpo sin sentirla.

—Te desperté, lo siento. —Me centré en mirar su rostro, porque si lo hacía más abajo...

—No voy a dejar que huyas. —Abrió la cristalera para meterse en el pequeño habitáculo junto a mí. Si ya de por sí era pequeño, con él dentro era casi imposible moverse. Su rostro no contenía esa expresión picante que esperaba, sino que estaba realmente serio.

—No estoy huyendo, es solo que voy tarde —me justifiqué.

No podía pensar con su cuerpo desnudo tan pegado al mío.

No nos tocábamos, pero podía sentir el calor que emanaba.

Sus ojos parecían buscar algo en lo más profundo de mis pupilas, mientras su mano se deslizaba con tímida delicadeza sobre mi sien, apartando el pelo que el agua había deslizado sobre mi rostro.

—No quiero que pienses que esto ha sido una locura y mucho menos un error, porque no lo ha sido.

—Un poco loco sí que ha sido. —Traté de sonreír, intentando quitarle hierro a la situación, pero no lo conseguí. Tyler seguía mirándome de una manera tan decidida e intensa que dejaba pocas dudas de lo importante que era para él.

—Es lo que ocurre cuando escondes semanas de deseo, que cuando encuentra una salida, ya no hay quién lo detenga —confesó.

—¿Se... semanas? —dije balbuceante. Él confirmó con un ligero movimiento de cabeza.

—He deseado besarte desde aquel día en Central Park. —Eso significaba que había caído antes de que yo siquiera pensase en atraparlo.

—No sabía... —¿Qué le iba a decir? ¿Que no soy consciente de lo que mi imagen provoca en los hombres? ¿Del magnetismo que una cazadora proyecta intencionadamente a su alrededor?

—Eso ya no importa. Lo sabes ahora. —Noté un suave masaje en la cabeza. Los dedos de Tyler estaban haciendo espuma con el champú sobre mi cabello. ¡Me estaba enjabonando!

—¿Y ahora...? —Quería que él me dijera hacia dónde iba a ir esto.

—Iremos hasta donde tú quieras llegar. —Inclinó mi cabeza hacia atrás, para aclarar el jabón. Me dejé hacer sin prestar resistencia. En ese instante entendí lo que sintió el personaje de Meryl Streep en Memorias de África cuando Robert Redford le lavó la cabeza. Me sentí mimada, cuidada, preciada.

—¿Como en una relación, quieres decir?

—Una muy seria. —Era difícil pensar con sus manos pasando el gel por mis brazos. Con un movimiento, me giró para continuar con mi espalda y nalgas y...—. No voy a dejarte escapar ahora, Dennise. —Su susurro llegó tentadoramente sexy junto a mi oído.

—Tyler —gemí su nombre. Su mano estaba acariciando pecaminosamente esa parte de mi anatomía que quedaba las piernas.

—Aquí no hay espacio para hacer lo que quiero hacerte, pero cuando lo haga, habrás firmado un contrato de exclusividad que me ocuparé intensamente de que cumplas. —Sus palabras, su voz, todo me hacía vibrar.

—Creía que eso ya lo hicimos anoche —le recordé, provocando una sonrisa que sentí crecer en mi oreja.

—Lo de anoche no fue más que una declaración de intenciones.

—Me giró de nuevo para quedar uno frene al otro—.

Lo que vamos a cerrar ahora es un compromiso a largo plazo.

—Podía sentir todo su cuerpo demasiado cerca del mío.

Incluso el bolígrafo con el que íbamos a firmar nuestro contrato presionando contra mi abdomen.

Aunque llamarlo bolígrafo no era hacerle justicia.

—Mmmm. —Sonreí mientras pasaba las manos detrás de su cuello—. Antes tendremos que detallar cada punto de ese contrato —ronroneé.

—Cuento con ello. —Sus manos agarraron mi trasero para pegarnos tanto como fuese posible.

—¿Estás seguro de que quieres negociar conmigo? Soy un hueso duro de roer y muy exigente. —Sonreí con malicia, provocando que sus dedos se clavaran un poco más en la carne de mis posaderas.

—Que no sirva de precedente, pero pienso ceder a cada una de tus exigencias. —Su mano estaba haciendo un recorrido peligrosamente caliente entre el valle de mis nalgas.

—¡Quieto! —Su expresión se tensó, pero obedeció.

—Dennise —suplicó.

—No pienso ir por ahí caliente como una mona en celo hasta que puedas terminar con lo que tratas de empezar. —Traté de salir de la ducha, aunque como dije, era complicado moverse en tan poco espacio. Escuché su carcajada a mi espalda.

—Pues no huyas y terminémoslo —sugirió. El timbre de la puerta me recordó el motivo por el que eso no era buena idea.

—Hay un montón de hombres ahí afuera esperando para entrar y terminar mi apartamento.

¿Crees que no se darán cuenta de lo que estaremos haciendo tú y yo aquí dentro encerrados?

¿Que no nos escucharán? ¿Que no verán mi aspecto de recién follada cuando salga?

—Esa última frase le hizo sonreír con orgullo.

—Así sabrán que estás bien servida. —Puse los ojos en blanco ante su comentario.

—No quiero que me imaginen haciendo esas cosas contigo. —Tyler sonrió, hasta que se dio cuenta de hacia dónde iban mis indicaciones.

—Tendré que partirles la cara uno a uno si lo hacen —dijo serio.

—No lo harás, porque necesito que terminen de una vez mi reforma. Quiero dormir en una cama grande, y ducharme en un baño que no parezca de juguete. —La mención del baño le hizo volver a sonreír.

—Siempre puedes venir a mi apartamento hasta que terminen —sugirió, mientras se secaba el cuerpo antes de ponerse los pantalones.

—¿Me estás pidiendo que viva contigo? —le acusé.

—No es mala idea —sopesó—. Así podríamos ducharnos juntos todos los días. —Alzó las cejas de forma sugestiva cuando dijo la palabra «juntos».

—Hombres. —Puse los ojos en blanco al decirlo.

—No —besó fugazmente mis labios antes de ponerse a atar los botones de la blusa que me había puesto—, solo yo.