Capítulo 19
Dennise
La cama era demasiado pequeña para dos personas, estaba pensada para que durmiese solo el jefe de bomberos.
Pero ahí estábamos Tyler y yo, encajados como un puzle de dos piezas, tratando de que ninguno de los dos nos cayésemos por el precipicio.
Creo que en mi caso no sería posible, porque su brazo me aferraba por la cintura como una resistente banda de acero imposible de quebrar.
Mi trasero se ajustaba perfectamente al espacio entre su abdomen y sus muslos, dejando mi zona íntima tentadoramente cerca de su ingle.
¿Incómoda? Después del tratamiento sexual al que me había sometido, hacía falta algo más que su pene cerca de mi vagina para sonrojarme.
Nos quedamos dormidos así, haciendo la cucharita en aquella cama demasiado pequeña para dos personas, pero ni loca iba a sacarle de ella para enviarlo a su casa. Ahora que había traspasado la línea, tenía que retenerlo a este lado tanto como pudiese.
No sé si Tyler se había convertido en un experto gracias a la tutela de Marco, o si él ya tenía aquella excelente base, el caso es que no podía quejarme del maratón sexual que habíamos tenido esa noche.
Hay hombres que con eyacular una vez ya están para el arrastre, o consideran que ya no merece la pena hacer ningún esfuerzo más, o tal vez su cuerpo no puede recuperarse con rapidez.
No es el caso de Tyler, al menos conmigo.
Después de hacer que me corriera sobre el escritorio dos veces, me llevó a la cama donde me dio otro orgasmo más.
Me dejó exhausta y satisfecha, y puedo decir que él se encontraba igual que yo, sobre todo por la sonrisa arrogante y satisfecha con la que se durmió.
Y lo sé porque no pude resistirme a echarle un vistazo antes de cerrar los ojos.
Normalmente no me habría acostado con aquel olor a sudor encima, aderezado con toda clase de fluidos sexuales.
Pero estaba tan cansada y tan a gusto entre los brazos de mi amante, que ni siquiera pensé en ir a darme una ducha.
Tampoco es que hubiese podido hacerlo sola, porque Tyler parecía bastante reacio a dejarme ir.
Posesivo era una palabra que probablemente se quedaría corta.
Tendría que haberme sentido incómoda por dormir sin apenas poder moverme, pero el agotamiento hizo que no lo notase.
Puede que caer en los brazos de Morfeo no fuese la única razón por la que estaba en la gloria, sino por aquellos sueños eróticos y puede que pornográficos que me acompañaron durante el sueño.
Todavía podía sentir los dedos mágicos de Tyler acariciando mi clítoris con delicados a la vez que intensos movimientos, haciendo que el calor de mi bajo vientre se encendiese con lujuria.
Sus labios depositaban tiernos besos sobre la sensible piel de mi hombro, haciéndola erizar con su cálido aliento, mientras se movía hacia mi cuello.
El ritmo lento y demoledor de sus dedos ya estaba haciendo estragos ahí abajo, cuando otro dedo se deslizó en mi ya lubricada vagina.
Aquella endiablada combinación me estaba llevando a un estado de completa locura.
Deseé que aquel dedo fuese sustituido por su miembro, para que me llenase completamente, y mi deseo se materializó.
Sentí como la cabeza de su pene penetraba en mi vagina, estirándola deliciosamente.
Entró un poco, para después salir y tomar de nuevo un pequeño impulso que lo llevó un poco más adentro.
Necesitaba más, un poco más, solo... Pero una maldición precedió a su completo abandono, dejándome vacía y anhelante.
Fue entonces cuando me di cuenta de que aquello no era un sueño.
Abrí los ojos con brusquedad, al tiempo que escuchaba a Tyler rebuscando entre su ropa hasta encontrar un preservativo. Regresó a la cama rasgando el pequeño paquete, pero yo ya no estaba esperando plácidamente su regreso, estaba de rodillas sobre el colchón, observando sus maniobras.
—Lo siento, yo... —No sabía si estaba disculpándose por haberme despertado, por haberme abordado sexualmente mientras dormía, o porque había interrumpido nuestro momento altamente caliente y me había dejado en mitad de lo mejor.
—Échate —le ordené. Tyler tardó un segundo en entender, pero cuando lo hizo, obedeció con presteza. Se tumbó sobre la cama y esperó—. Póntelo. —Señalé su miembro erecto, que esperaba ese preservativo que había ido a buscar.
Puede que su pene se hubiese relajado ligeramente, pero creció de nuevo desafiante mientras observaba su diestra maniobra.
—¿Y ahora? —preguntó expectante.
—Voy a montarte, vaquero. —Su rostro se ilusionó con notable lujuria.
Con la ayuda caballerosa de sus manos, me coloqué a horcajadas sobre sus muslos, preparada para empalarme con aquel rígido mástil que suplicaba por mi cercanía.
Tomé su cálida cabeza, entre mis dedos mientras con la otra mano despejaba el camino para su avance.
Tyler no se quedó quieto, sostuvo el tronco de su inhiesto apéndice para que las nerviosas palpitaciones de la anticipación no lo desviaran de su camino.
Me deslicé con calculada lentitud por toda su cálida superficie, hasta que noté sus muslos debajo de mi trasero.
No pude contener el prolongado gemido que escapó de mi garganta.
Definitivamente, había escogido a un semental bien dotado, no iba a tener quejas sobre su tamaño.
Como prometí, lo cabalgué como una amazona experta, arrancándole exclamaciones que habrían hecho enrojecer a cualquier mujer.
Sus manos me sostuvieron por las caderas con firmeza, aunque con cuidado, como si temiese mi fuga o que me rompiese en cualquier momento.
No iba a ocurrir ninguna de las dos cosas.
A medida que notaba la intensidad de lo que estaba creciendo en mi interior, aceleré el ritmo.
Me incliné hacia adelante para conseguir mayor fricción, propiciando además que Tyler le brindase una húmeda atención a uno de mis pechos.
Estaba cerca, me faltaba casi nada. Pero para Tyler eso debía de ser demasiado tiempo, porque introdujo su mano entre nuestros cuerpos para frotar aquel punto que necesitaba un extra de estimulación para lanzarme al éxtasis orgásmico.
Me corrí con fuerza, sin contenerme, dejando fuera cualquier inhibición que pudiese albergar.
Aquello era placer abrumador en estado puro, y para aumentarlo solo necesité sentir como Tyler se derramaba en mi interior, aunque contenido por aquella barrera plástica que nos pondría a salvo de posibles embarazos.
Su grito reverberó en la pequeña habitación, haciendo temblar mis tímpanos con deleite. Yo era una cazadora, una leona, y acababa de encontrar a mi león.
Mi cuerpo se desplomó completamente sobre el agitado cuerpo de Tyler, el cual me recibió como si fuese un tesoro, envolviéndome en sus firmes brazos.
—Eres increíble. —Sus ojos me observaban con adoración, mientras sus dedos se deslizaban con reverencia sobre mi mejilla. Mi leona interior rugió con satisfacción, esa presa sería solo y para siempre, mía.