Epílogo
El anuncio de Jack fue un éxito. Su cara recién afeitada estaba en la mitad de las vallas publicitarias del país, puede que menos, pero yo me lo encontraba por todas partes.
Y la imagen de su trasero recién salido de la bañera, goteando agua y jabón, había sido la imagen más reproducida de los últimos tres años.
Si hubiésemos cobrado un centavo cada vez que el vídeo se reproducía en la red, seríamos multimillonarios.
Por suerte el ego no se le subió a la cabeza, Jack seguía siendo Jack.
Aunque le gustaba presumir de tener un trasero muy deseado por las mujeres.
Yumi le recordó que no solo lo veían las féminas, sino que le encantaba a muchos especímenes de su mismo sexo, lo que le puso rojo de vergüenza.
Sí, muchos hombres también lo encontraban terriblemente sexy.
Decir que aquella exposición mediática de nuestro representado nos había catapultado al Olimpo de las agencias deportivas, era quedarse corto.
De repente, todo el mundo nos quería conocer, nos quería presentar proyectos o directamente estaba interesado en trabajar con nosotros.
Y por supuesto, toda la gente que busca su porción de fama estaba ahí, esperando agazapada para atacar cuando las cámaras estuviesen cerca.
Como no podía ser de otra manera, ahí estaba Diana, pero estábamos preparados para ella y sus maniobras.
—¿Estás lista? —Asomé la cabeza por la puerta de la habitación de Yumi.
Aunque ya no vivía en la estación de bomberos, habíamos quedado en prepararnos aquí antes de ir a la gala.
No es que fuera la NFL Honors, pero tenía su repercusión mediática, sobre todo en la costa este del país.
Allí nos reuniríamos las agencias deportivas y los deportistas más destacados de la NFL, y cómo no, Jack estaba nominado al premio al mejor running back del año.
Sabíamos que Diana no iba a estar en la gala, realmente una diseñadora de interiores no entraría en un evento así, pero estábamos seguros de que se colaría en alguna de las fiestas de después de la ceremonia.
—Wow, vaya. Estás increíble —alabé a mi amiga.
—Tenías razón, este modelo me hace unas curvas de infarto.
—Su padre no iba a estar encantado de que su hija destacara así en un evento.
¡Diablos! Él preferiría que su hija no fuese.
Pero como dijo Yumi, era mejor bajar la cabeza y pedir disculpas cuando le recriminase, que dejar a Jack solo ante el peligro.
—A tu padre le va a dar un ictus cuando vea las fotos del evento de esta noche.
Tyler y yo estaríamos allí, y haríamos lo posible por protegerlo, pero no podríamos hacerlo contra Diana tan bien como lo haría una acompañante femenina. Verlo con Yumi, haría que Diana quisiera pelear para recuperarlo. Otra cosa es que mi amiga la dejase.
—Ya me ha desheredado, no puede hacerme nada peor.
—No te ha desheredado —le recordé—, solo te ha retirado todas las asignaciones. —Que ella no necesitaba, por cierto. Se las apañaba demasiado bien con su actual trabajo, y eso es lo que más le escocía a su padre, que ella manejase esa fortuna sin que un marido estuviese al mando.
—¿Necesitaremos llevar una bolsa para guardar el trofeo? —Señaló un bolso enorme de Louis Vuitton que estaba sobre su cama.
—Si gana, nada ni nadie podrá arrancárselo de las manos a Jack. —Es más, incluso iría a mear con él, estaba casi segura.
—Vale. Tú sabes más de esto que yo.
Y así, las dos juntas, caminando del brazo, nos dirigimos a la planta inferior.
¿Tengo que decir que me sentí como la princesa del cuento bajando las escaleras, a cuyo pie me esperaba mi príncipe encantador?
Tres semanas y todavía no me había acostumbrado a que me mirase así, como si fuese un ángel bajado del cielo.
—Hoy voy a ser la envidia de todos los tipos de la gala. —Tomó mi mano con cortesía al bajar el último escalón. Repitiendo el gesto con la otra mano hacia Yumi.
—No seas exagerado. —Puse los ojos en blanco ante su comentario.
—¿Tú crees? Algunos se llevarán algún premio, pero yo ya iré con dos de ellos.
—Adulador —le recriminó Yumi, pero con la boca pequeña.
—Bien, chicas, vamos a darle elegancia y glamour a esos pretenciosos —dijo mientras sonreía.
—Sobre todo a una —susurró Yumi a mi lado. No tengo que decir, que Tyler estaba al corriente del asunto de Diana, pero no conocía todo el plan, eso solo lo sabíamos Jack, Yumi y yo.
La que estaba algo enfadada era Tara, porque era la única socia que no iría a la gala. Aunque le explicamos que solo Tyler y yo habíamos recibido la invitación, y que la presencia de Yumi se debía a que Jack iba a llevarla como su acompañante.
En fin, como decía, nuestro chico cumplió todos los pronósticos y se llevó el premio. Decir que estaba pletórico era quedarse corto, derrochaba felicidad por cada poro de su piel. Pero su sonrisa se borró cuando Diana se acercó a él en la zona VIP en la que estábamos a punto de entrar.
La mirada de aquella rata ya advertía de que buscaba montar un espectáculo, uno del que sacase algún tipo de rendimiento, sobre todo mediático. Como alguien dijo: que hablen de ti, aunque sea mal.
—Enhorabuena, Jack. —Su voz sonó demasiado dulce, aunque no lo suficiente como para no tensar la mandíbula de Jack.
—Gracias —respondió secamente. Nuestro correcto y educado chico tejano no era de los que mordían, solo golpeaba en el campo y con un balón en las manos.
—Quería pedirte perdón por lo que hice. —No me pasó desapercibida la presencia de algunas personas captando in situ lo que estaba ocurriendo. Incluso apostaría a que alguno estaría retransmitiendo en vivo.
—Disculpas aceptadas, y ahora lárgate. —Ahí estaba Yumi, aferrando con fuerza la mano de Jack, tomando el control de la situación. No me pasó inadvertido el gesto que hizo él, entrelazando los dedos con los de mi amiga, como aferrándose a ese salvavidas que ella representaba para él.
—¿Y tú que...? Ah, entiendo, me has sustituido. —Tenía que reconocer que Diana era una actriz de primera, su rostro compungido y dolido parecía creíble, pero solo lo parecía.
—No tienes derecho a reclamarme nada, Diana —se defendió Jack.
—Todavía... Todavía siento algo por ti, yo solo... —Cómo le gustaba el drama a esta mujer.
—Sí, tienes un corazón enorme. Tiene que serlo para amar a tantos hombres al mismo tiempo.
O quizás sea que te tiras a todo el que se cruce en tu camino y tenga una buena billetera.
Creo que a eso se le llama prostitución.
Ups —Yumi se llevó la mano a la boca, imitando un gesto de sorpresa—, ¿lo dije en voz alta?
—¿Cómo te atreves? —dijo una irritada Diana. Seguía fingiendo, pero ahora parecía no estar tan cómoda.
—No, ¿cómo te atreves tú a venir aquí buscando protagonismo?
Será mejor que nos dejes en paz y te largues a buscar otro al que exprimir.
Ya no eres nada más que pasado, asúmelo y déjanos en paz.
—Yumi se colocó frente al cuerpo de Jack de forma protectora, mientras él posaba su mano libre sobre su hombro en señal de apoyo.
—Diana. —Era mi momento de rematar el juego.
Sus ojos me reconocieron, aunque parecían confusos al verme ahí—.
Si persistes en tu acoso a mi cliente me veré obligada a solicitar una orden de alejamiento.
Y si lo hostigas por cualquier otro medio, tomaremos las medidas legales pertinentes.
—Ella sabía que yo había estudiado derecho, así que entendió perfectamente que era una advertencia muy seria.
Apenas vaciló un segundo, antes de darse la vuelta e irse.
Mientras observaba su huida con el rabo entre las piernas, reconocí a la persona que probablemente le había facilitado el acceso a la fiesta, y no era otra que su amiga Sondra.
Esa era la espina de Tyler, así que al igual que hizo Yumi, me interpuse entre su mirada y el hombre que había estado a mi lado hasta ese momento.
Más le valía mantenerse alejada de mi chico, porque yo no iba a ser tan educada como Yumi, yo atacaría con toda la artillería.
Seguramente Tyler no necesitaba mi ayuda para mantenerla apartada de él, pero no está de más que una cazadora proteja su presa.