Capítulo 17
Tyler
No pude apartar la vista de su vehículo mientras se alejaba.
Mi cabeza era un hervidero de buenos y malos pensamientos.
Sabía que había hecho lo correcto, ella no merecía que la utilizase para aliviar el calentón que me había provocado.
Entiéndanme, sí que Dennise era la única que podía aliviarme, pero no merecía que la tratase como un objeto, merecía que la tratase con un mínimo de respeto.
Un encuentro sexual en la parte de atrás de un coche no está mal, pero no para una primera vez.
Ninguno de los dos éramos adolescentes sobrepasados por un exceso de hormonas.
Cuando ya no pude ver su coche, suspiré aliviado.
Era tremendamente duro echarse atrás, pero lo hice.
Había fantaseado con sostenerla entre mis brazos más de una y más de cien veces, pero tenerla a mi merced, sentir la suavidad de sus labios...
había sido más que glorioso, demoledor. Me había llevado toda mi fuerza de voluntad no caer completamente.
Dennise había resultado ser tal y como imaginaba, puede que más, y eso que mis expectativas eran altas, muy altas.
El regreso a mi apartamento fue demasiado largo, lo digo porque no dejaba de darle vueltas a la cabeza, imaginando cómo sería nuestro encuentro al día siguiente.
Tendría que armarme de paciencia para aguantar y mantener la distancia, porque no quería que Tara me asesinara con la mirada cuando me viese besarla.
Porque no iba a contenerme, iba a tomar esa boca a la primera oportunidad que se presentase.
Sí, realmente sería muy largo, demasiado, y quizás Dennise vería extraño que volviésemos a aquella distancia profesional que habíamos mantenido hasta el momento. ¡Diablos!, ni yo quería pasar por ello.
Un destello a mi derecha me hizo reconocer una parafarmacia, enviando una señal inequívoca a mi cerebro.
Quizás con un poco de brusquedad, me desvié hacia el estacionamiento.
Era una locura lo que había pensado, pero nada iba a detenerme.
Entré a la tienda y salí poco después con el paquete de preservativos.
En el aparcamiento subterráneo ni siquiera había tenido lo básico, pero eso no iba a volver a ocurrir.
Abrí la caja y metí el contenido en el bolsillo del pantalón.
Salí de nuevo a la carretera, pero no seguí el mismo camino que llevaba anteriormente.
Tenía un nuevo objetivo en mente, y este me llevaba hacia las afueras de la ciudad.
Iba a ir a la vieja estación de bomberos, y si Dennise no me rechazaba a manguerazos, terminaría lo que había empezado unos minutos antes.
Dennise
Observé mi rostro en el espejo, deteniéndome en mis labios hinchados. Aquel resto del arrebato pasional de Tyler me hizo sonreír. En poco tiempo apenas quedaría rastro, pero tampoco me importaba. Había ocurrido y nada ni nadie podría cambiarlo.
Me cepillé los dientes, retiré los restos de maquillaje de mi rostro y me recogí el pelo en un cómodo moño para dormir.
El pijama no era muy glamuroso, solo un pantalón ancho de yoga y una camiseta desgastada que debía haber retirado hacía tiempo, pero para dormir me sobraba.
Lo mejor de todo, si los operarios de la reforma llegaban antes de que me diese tiempo a vestirme, no se asustarían si me veían con esa pinta ir a la cocina a desayunar.
Lo que se dice sexy, no era. La única preocupación que tenía por las mañanas era calzarme con unas deportivas, porque no sería la primera vez que me clavaba algún trocito de escombro en la planta del pie.
Estaba escupiendo el colutorio en el lavabo, cuando creí escuchar el timbre de la puerta. Era demasiado tarde para una entrega de paquetería, pero si de algo estaba segura era de que fuese quien fuese sabía que no se había equivocado de dirección.
Salí de las dependencias del jefe de la estación, que se habían convertido en mi apartamento desde que empezaron las reformas en la planta superior.
Giré la vista hacia la escalera que comunicaba con la planta de arriba y vi a Yumi observándome mientras bajaba.
Ella tenía la misma cara de desconcierto que la mía.
—Ya abro yo —le indiqué. Yumi asintió conforme. Ya me imaginaba que no estaba muy dispuesta a abrir la puerta con aquel aspecto, como dije en su momento, Yumi era extremadamente coqueta.
Como mujer acostumbrada a vivir sola, jamás se me ocurriría abrir la puerta sin saber quién estaba al otro lado, así que activé la pequeña pantalla por la que podía ver a nuestro visitante.
—¿Tyler? —pregunté mientras le abría la puerta.
Normalmente él no llamaría a la puerta de la estación, entraría directamente por el acceso a nuestra oficina.
Antes de poder preguntarle por qué no había usado ese acceso, su boca estaba sobre la mía, reclamándome de forma posesiva. ¿Protestar? ¿Detenerlo? Ni loca.
—No podía esperar a mañana para terminar lo que hemos empezado —consiguió decir mientras me conducía hacia dentro y cerraba la puerta a su espalda.
No me dio tiempo a analizar si la risilla que escuché era la de Yumi o si era alguna de las vocecillas que a veces me susurraban en mi interior. Dejé que Tyler me llevase donde quisiera, que hiciese conmigo lo que tuviese en mente, porque hasta el momento estaba haciendo un buen trabajo.
Sus manos recorrieron mi cuerpo con urgencia, prestando atención a cada parte que tenía a su alcance con sus largos brazos. Y sus dedos no solo eran suaves y cálidos, sino que eran unos exploradores de primera, porque rápidamente encontraron el camino bajo mi camiseta.
—¿Tu habitación? —preguntó sin dejar de volverme loca con sus manos y la abrasadora presión de su cuerpo.
Apenas pude estirar un brazo para señalar la puerta a mi espalda. ¿Hablar? No podía, porque mi boca había decidido que era mejor besarlo que pronunciar inútiles palabras.