Capítulo 16
Dennise
Una manera de diferenciar a un chico de un hombre es poner a prueba el control que tiene sobre sí mismo, y no hay mayor debilidad que sus hormonas.
Un chico caerá más pronto que tarde, un hombre aguantará como un valiente, aunque la tentación sea grande, constante y persistente.
Pues bien, Tyler había demostrado que esa barrera hacía tiempo que la había sobrepasado.
Me estaba costando demasiado empujarle hacia el abismo que él se empeñaba una y otra vez en esquivar.
Desiré insistió en que no debía ser yo la que se lanzase sobre él.
Se debe dejar creer a la presa que es la que ha decidido ir a por ti, y que han sido sus esfuerzos los que han conseguido con éxito la hazaña de conquistarte.
«¿Por qué?», le pregunté. «Sencillo», respondió, «porque un macho alfa nunca dejará que lo atrapen, él es el cazador supremo y, como tal, es el que elige y caza a su presa.
El león siempre se come a la gacela, nunca es al revés, o al menos ese es su concepto.
Nosotras simplemente dejamos que lo crean».
Despertar sus celos no había sido complicado, solo tenía que desplegar con sutileza mis armas de mujer, y el pobre Atkins cayó como todo jugador sobrecargado de testosterona.
Con esos tipos siempre es fácil, porque son gallos de corral que quieren marcar su territorio.
Tyler, por el contrario, estaba en un juego diferente, él no tenía que conseguir conectar conmigo, porque se suponía que me tenía al alcance de la mano cuando quisiera.
Pero estaban ahí, esos momentos en que Atkins coqueteaba conmigo y que a Tyler le escocían ligeramente, como si el tipo no tuviese derecho ni siquiera a intentarlo.
Hay quien pensaría que lo mejor para despertar del todo esos celos sería aceptar una cita con Atkins, pero se equivoca.
¿Por qué? Porque estaríamos sembrando una planta venenosa que arraigaría con fuerza, provocando esos celos y esa desconfianza de forma reiterada en el futuro.
No, lo que buscamos es que sepan que no cederemos ante cualquier otro avance masculino, porque la única vez que lo hemos hecho ha sido con ellos.
Eso les da la confianza de que son los únicos que han conseguido el premio, y que nadie podrá arrebatárselo, porque no está al alcance de todos.
Sí, ellos pueden sentir celos, cada hombre es distinto y pueden venir de serie, pero no los habremos provocado nosotras ni los habremos abonado.
Un poquito de celos no está mal, porque eso les mantendrá alerta y no desatenderán a su mujer, pero demasiados pueden estropear lo que podría ser una estupenda relación.
Si un hombre empieza a fiscalizar con quién te relacionas, lo que llevas puesto, o si no le gusta que otros hombres te presten atención, será mejor que salgas de esa relación corriendo.
Cuando salimos del restaurante, Tyler estaba en ese estado de protección de su territorio, aunque vigilante, no activo, pero lo que le empujó más hacia mí, metafórica y físicamente, fue la entrada en el ascensor de un grupo de ejecutivos demasiado contentos y desinhibidos.
Como esperaba, Tyler se puso protector conmigo, interponiéndose entre ellos y yo.
El caso es que éramos demasiados allí dentro como para poder mantener un espacio personal aceptable, así que Tyler tuvo que invadir el mío.
Ese era el paso que estaba esperando, y lo aproveché.
Primer paso, mirarlo a los ojos directamente.
Según cómo se haga, esa mirada puede transmitir odio, miedo, o como fue en mi caso, excitación y vulnerabilidad.
Realmente no me costó demasiado, porque Tyler olía demasiado bien.
Las malditas mariposas que dormían en mi vientre despertaron con la primera inhalación, enviándole señales inequívocas a cada parte de mi cuerpo.
Lo necesitaba, no de la manera que necesitas un escudo de protección, sino como el agua que apagaría el fuego que estaba empezando en mi interior.
Pero aquel maldito control que lo retenía era demasiado fuerte y sabía que aguantaría hasta conseguir alejarse de nuevo.
Su responsabilidad con Tara era mayor que su necesidad, así que tuve que inclinar la balanza de mi lado.
Sus ojos vagaron hacia mis labios en una ocasión, lo que me dijo que estaba tentado a besarme, así que me imaginé que realmente sucumbía a esa tentación.
Mis labios hormiguearon, sintiendo aquel abrasador contacto que llevaba esperando demasiado tiempo.
Los calmé con una tímida y lenta pasada de mi lengua, consiguiendo que el fuego en la mirada de Tyler sufriera una explosión incontrolable.
Había echado gasolina en aquella hoguera, era el momento de sentir la deflagración.
—Quiero besarte. —Aquel deseo verbalizado me dijo que deseaba caer, pero que necesitaba saber que yo estaba dispuesta a recibirlo en mis brazos. Un rechazo y se alejaría herido, pero no atacaría. Tyler era un caballero con todas las letras. ¿Cómo no iba a desearlo?
—Pues hazlo. —Le di mi permiso para romper aquella frontera.
Su invasión sería bien recibida. Y sí, lo he dicho bien, invasión, porque Tyler no tuvo compasión.
Tanteó el terreno, hasta que notó que pisaba suelo firme y después atacó, sin clemencia, con toda la artillería que llevaba tiempo guardando en un profundo bunker.
Los dedos de mis pies se enroscaron con deleite cuando aquellos atrevidos dientes atraparon la carne trabajada de mi labio inferior, provocando un escalofrío agradable por todo mi ser.
Como imaginaba, Tyler no conquistaba, Tyler sometía, y lo hacía de una manera que no dejaba ni un pequeño resquicio para la duda.
Iba a entregarle a ese hombre todo lo que me pidiera, lo sabía.
—Id a una habitación —dijo alguien por detrás. Creo que me sonrojé.
Tyler me dedicó una sonrisa traviesa, antes de tomar mi mano y obligar a las puertas a mantenerse abiertas para arrastrarme hacia el estacionamiento.
Iba a un ritmo demencial que mis pies no podían seguir con aquellos altos tacones.
Sí, eran demoledores, me hacían unas piernas de escándalo, pero no estaban hechos para correr.
—Tyler, no puedo... —Él se giró bruscamente, me tomó en volandas y me apoyó con algo de brusquedad contra una de las columnas del subterráneo.
No me hizo daño, pero me inmovilizó con su cuerpo con una necesidad física que me hizo estremecer.
¿Excitado? Aquel apéndice que se clavaba entre mis piernas decía que sí, y mucho.
—¡Dios! —Su frente se apoyó en la mía, como si fuera un puerto seguro en mitad de la tormenta—.
Tengo que detenerme ahora, o no podré controlarme.
—Aquella lastimosa confesión me encantó y asustó a partes iguales.
Estaba en el punto que había tratado de llegar hacía tiempo, y no podía permitir que se echase atrás, no ahora.
—Tyler —gemí suplicante, mientras pasaba una de mis manos detrás de su nuca, reteniéndolo. Necesitaba que su boca avanzase esos escasos dos centímetros hacia la mía, necesitaba que volviese a besarme y calmase mi necesidad.
—No. —Con delicadeza retiró mi mano, frustrándome—. Si no me detengo ahora, acabaré follándote en el asiento de atrás de mi coche, y no quiero eso para nuestra primera vez. —¿Qué?, ¿no era tierno?
—Tyler. —Iba a decirle que no me importaba, que mi cuerpo estaba tan caliente que me serviría ese asiento, la columna en la que estábamos apoyados y que incluso no me habría importado hacerlo en el maldito ascensor.
—No. —Besó rápidamente mi boca, para alejarse hasta que nuestros cuerpos dejaron de tocarse—.
Cuando esté dentro de ti, será en un lugar donde pueda dedicarte el tiempo que necesito para saborearte.
Quiero ver tus ojos cuando te lleve al orgasmo, quiero que no contengas tus gemidos porque no habrá nadie más que yo para escucharlos.
Mereces mucho más que un revolcón rápido en un coche.
—Tyler —gemí de nuevo su nombre, porque no me salían más palabras. A mí me servía ese revolcón en el asiento trasero del coche, porque lo tendría ahora. ¿No entendía que estaba más allá del punto de combustión?
Con una maniobra rápida, las manos de Tyler tomaron las mías para llevarlas sobre mi cabeza, como si temiese que un roce mío terminase con aquella poca resistencia que le ayudaba a hacer lo correcto.
Y sí, su resistencia debía de ser tan poca como la mía, porque frotó mi parte baja con su ingle, dejando en llamas aquella necesitada parte de mí.
—Esto es solo un aplazamiento, Dennise. —Me besó con pasión, breve e intensamente, para después liberarme y alejarse con un gruñido que me encendió aún más.
¡Dios!, era una bestia luchando por escapar de su jaula—.
Será mejor que te meta en tu coche y salgas de aquí.
—Tomó mi mano e hizo precisamente eso, llevarme hasta mi coche, meterme en el asiento del conductor, cerrar la puerta y observarme a través del cristal.
No se movió hasta que me alejé. Si las miradas matasen, la suya me habría devorado entera.
Salí de aquel estacionamiento subterráneo físicamente frustrada, pero sonriendo como una bellaca. Tyler había caído, sería mío. Y por lo que había probado, nuestro primer encuentro carnal iba a ser incendiario.