Capítulo 14
Dicen que los celos son irracionales, viscerales, y era precisamente eso lo que necesitaba para darle el segundo empujón a Tyler.
Lo sentía por Jack, pero era la carta que tenía que jugar si quería ganar la partida.
No, no iba a lastimar a mi nuevo amigo, ni siquiera iba a jugar con él, porque Jack no lo merecía, y Yumi tampoco.
Pero otra cosa muy diferente era lo que Tyler creería.
Colgué el teléfono, mientras sonreía con antelación. No solo estaba feliz por lo que había conseguido para Jack, sino lo que conseguiría con ello.
—Espero que no tengáis planes para mañana por la mañana.
Tenemos una cita con los de Gillette. —Me recosté en mi asiento mientras adoptaba esa postura de «soy lo mejor que te vas a encontrar en tu vida».
Ya saben, ambas manos tras la nuca y los pies sobre la mesa, un tobillo encima del otro, mientras sonreía con arrogancia.
—¿En qué nos has metido? —preguntó un receloso Tyler.
—Tenemos una oferta para el anuncio comercial del año. —Creo que conseguí mucho más que su completa atención.
—Suena a hombre medio desnudo frente a un espejo en el cuarto de baño. —Podía seguirle la idea a Yumi. ¿Qué otra cosa podría unirse a una marca de maquinillas y espuma de afeitar para hombres?
—Eso tendremos que averiguarlo mañana.
—Oh, y yo pienso estar ahí —se autoinvitó Yumi. Y eso que todavía no sabía cuál de nuestros clientes iba a ser el afortunado.
—Supongo que solo necesitaréis un especialista en publicidad, márquetin y un abogado especialista en contratos. —Tara se autoexcluyó directamente en esa lista.
—También necesitamos a alguien que conozca el medio. —Miré directamente a Tyler para incluirle—. No puedes negarte, eres el único.
—Sabes que no puedo negarte nada, princesa. —Me sonrió de forma traviesa, aunque el comentario no le gustó a Tara, que le dedicó una mirada recriminatoria.
—Llamaré a nuestro hombre. Esta tarde tenemos una cita.
Mientras marcaba el número de Jack, no dejé de prestarle atención a Yumi, sabía que le gustaría que fuese su cuerpo el que quedase inmortalizado en miles de vallas publicitarias. Y si no me equivocaba, seguramente habría algún que otro anuncio en la tele.
Tyler
No es que no me gustase el proyecto que nos estaban ofreciendo, bueno, a Jack, pero no podía quitarme de la cabeza la imagen que ellas dos seguramente se imaginaban, esa que había provocado aquel brillo lascivo en sus ojos.
¡Mierda!, ¿qué mujer no imaginaría el cuerpo de Jack desnudo?
Era un tipo con un cuerpo trabajado a conciencia, músculos duros y definidos por los que las mujeres serían capaz de pelear con tal de acariciarlos.
Aquel maldito anuncio no solo era provocativo, incitaría a las mujeres a comprar el maldito pack de afeitado solo para que sus hombres oliesen igual que Jack lo haría en ese instante.
Los hombres lo comprarían solo porque querrían parecerse a él.
¡Diablos!, el anuncio por ahora no era más que una secuencia dibujada en unas cartulinas y ya le tenía envidia.
Me daba igual llevarme el 2.5 % de la cantidad que iba a llevarse el tipo, no soportaba que Dennise se lo imaginase desnudo frente a la pantalla.
Si incluso había un bosquejo de Jack saliendo de una bañera, desnudo, con el agua resbalando por su cuerpo, y terminaba con él enseñando una buena porción de su trasero a la cámara.
Pero había algo peor, y era haber estado presente cuando Dennise le dijo de qué se trataba, y que si bien no era el anuncio de calzoncillos que él hubiese preferido, las mujeres seguramente lo encontrarían incluso mucho más sexy.
¡Sexy! ¡No quería que Dennise lo viese sexy!
El único que tenía que hacerla babear e imaginar escenas calientes debía ser yo.
—¿Puede acompañarme mi agente durante la grabación del anuncio? —Ah no, de eso nada. Dennise no iba a estar presente cuando Jack estuviese denudo. Una cosa es imaginárselo y otra muy diferente verlo in situ.
—Por supuesto que estaré —me adelanté a asegurar.
—Eh, claro. Mientras no interfiera en la grabación —dijo el responsable de márquetin de Gillette.
—La parte artística es cosa suya. Yo solo me aseguraré de que nuestro hombre está cómodo. —Le dediqué una mirada inquisitiva a Jack, haciéndole entender que una mujer allí no sería precisamente la mejor opción. ¿Y el tipo se reía? ¿Qué tenía de gracioso?
—Me ducho casi a diario con más de dos docenas de hombres, creo que me sentiré cómodo si hay alguno menos. —Ah, era eso. Me moría de ganas por quitármelo de encima.
Jack
—Vas a convertirte en el hombre del momento —me aseguró Dennise.
—¿Tú crees? Es solo un anuncio.
—¿Recuerdas los comerciales de Pepsi de 2004 con David Beckham?
—Pero él es conocido a nivel mundial. Yo no.
—Confía en Yumi, las redes sociales echarán fuego con ese anuncio, ella se encargará de darte una publicidad que ni imaginas.
¿No has visto cómo se les han abierto los ojos a los de publicidad de Gillette en cuanto ha expuesto su plan de ataque?
Están dispuestos a darle un buen pico para que haga su magia.
—Volví la vista hacia la pequeña japonesita.
Quién lo diría, tenía a un pequeño cerebro de las redes sociales trabando para mí.
—¿De verdad es tan buena? —Quería alguna prueba.
—Dale un producto, el que sea, y lo grabará en la retina de cualquier persona que use Tik-Tok, Instagram o cualquier red social que puedas imaginar.
—Tendré que creerte.
—Yo nunca te mentiría. Y hablando de gente mentirosa. Tengo que advertirte de algo.
—Me estás asustando.
—Cuando tu nombre esté en la cumbre, habrá cierta persona que hará todo lo posible por pegarse a tu nueva fama.
—¿Te refieres a Diana? —Decir su nombre todavía dejaba un regusto amargo en mi boca.
—Creo que será el momento de hacerle pagar por lo que hizo. —Eso me gustaba.
—Ya sabes que me apunto a lo que sea, pero me gustaría algo que le doliese realmente. Algo como lo que hiciste con Ray. —Clavé mi mirada sobre ella, para que entendiese que estaba dispuesto a todo.
—Encontraremos algo. —Su sonrisa malvada me dio esperanzas de que realmente sería algo bueno, aunque no precisamente para Diana.