El trofeo (Cazadoras 3) Capítulo 8
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Capítulo 8

Tyler

Cada día era más difícil que el anterior, porque siempre descubría algo en Dennise que me arrastraba más hacia el fondo.

Su manera de entender la vida, el trabajo, de buscar la diferencia correcta, de transformar lo sencillo en especial.

Todo en ella me atraía sin remedio y hacía que todos mis esfuerzos por apartarme fuesen una lucha inútil.

Su cuerpo me tentaba, su personalidad me desarmaba, pero lo que no podía evitar era sentirme atraído por el magnetismo que la convertía en única.

La oficina era lo que nunca habría esperado, pero funcionaba.

A nuestra manera, habíamos creado un curioso caleidoscopio, donde el estilo de cada uno se fundía con el del otro para crear algo diferente y único.

¿Quién incluiría un espacio infantil para un bebé en un lugar de trabajo?

Bueno, Yumi fue la que se encargó de todo, pero algo me decía que había sido cosa de Dennise.

Soltaba argumentos por su boca que era casi imposible rebatir, fuera y dentro de las negociaciones.

Eran como losas de miles de kilos que soltaba frente a tus pies, desafiándote a intentar moverlos.

No entendía cómo aquel idiota de Ray la había dejado escapar, yo no sería tan estúpido.

—Bueno, ya está. —Y luego estaba Jack y sus constantes visitas.

De acuerdo, las chicas y yo le considerábamos más que un cliente, era un amigo, pero el tipo pasaba demasiado tiempo metido en las oficinas complaciendo todas las peticiones que las chicas le pedían.

Y ese día no podía ser diferente. Ahí estaba, con su sonrisa de un millón de dólares y un cinturón de herramientas sujeto a la cadera.

Bueno, aquella sonrisa valía más de cincuenta millones, podía dar fe de ello.

—¡Genial! —Yumi saltó de su escritorio dando palmaditas, como una niña de seis años a la que su madre acaba de decirle que irían a Disneyland el fin de semana. Corrió hacia el edificio principal sin más. Y cómo no, Jack fue detrás para saciar su curiosidad.

—¿Quieres que te ayude con eso? —le preguntó Jack.

Yo tampoco pude evitar querer saciar mi curiosidad, así que me acerqué a la puerta y me encontré a Yumi cargando un enorme cuadro y dirigiéndose a la sala de deporte de las chicas.

No quería volver, porque la primera vez que la vi no pude evitar imaginármelas allí, golpeándose, sudando y gimiendo por el esfuerzo... Demasiado para mi cordura.

—No. Tú ya has hecho suficiente. —Así era Yumi, autosuficiente, igual que Dennise.

¿De verdad nos necesitaban tanto como nosotros a ellas?

Todavía le sigo dando vueltas a por qué cedieron ante mi petición.

¡Idiota!, pues claro que lo sabes, fue por Noa.

Una mujer como Dennise no dejaría a una madre soltera como Tara luchando sola aquella batalla.

Me regodeé interiormente cuando no consiguió meterlo a la primera en lo que ellas llamaban su santuario.

No necesitaba a los chicos, solo lo justo para pequeñas cosas con las que ellas no podían arreglárselas solas, como poner algunos anclajes para cuadros en la pared.

Tenía que reconocer que Jack era un tipo bastante apañado, un chico para todo que sabía lo que hacía.

¡Claro que estaba celoso de él! ¿Creen que no había visto la forma en que se les iban los ojos a las chicas detrás de su trasero?

¡Diablos! incluso Tara, que había jurado no volver a caer en las manos de un hombre, lo seguía con la mirada cuando el tipo pasaba por delante.

El timbre de la puerta de acceso nos hizo girar la cabeza hacia la recién llegada.

Dennise cruzó una mirada conmigo, para después desviarla.

¿Se sentía incómoda ante mi presencia? Cada día estaba más tentado a ir donde ese maldito terapeuta y cogerle por la pechera.

¿Qué diablos le hacía para que después de sus sesiones no se atreviese a sostenerme la mirada?

—¡Dennise! —gritó Yumi desde la sala contigua a la oficina.

—¿Ya está? —preguntó mientras se acercaba.

—Vamos a colgarlo. —Ellas dos se metieron, dejándonos a Jack y a mí fuera.

Él y yo nos miramos de forma cómplice. Solo teníamos una manera de averiguar a qué venía tanto misterio y era intentar entrar. Pero no sería en ese momento. Si algo había aprendido durante estos días en los que trataba de alejarme de Dennise y de lo que me provocaba era a tener paciencia.

Jack y yo observamos cómo colocaban el cuadro al otro lado de la pared traslúcida, allí, a más de tres metros de altura.

Recé interiormente para que la luz que golpeaba desde detrás del edificio nos diera una pequeña muestra de lo que había allí.

Tanto Jack como yo advertimos que sería más que una pista lo que podríamos conseguir, porque aquel maldito cuadro se perfilaba a este lado, haciendo más que regalarnos una ligera idea de lo que exhibía.

Los trazos eran perfectos, cargados de color, mostrando una forma poco definida de la que debía ser la imagen real.

El aire escapó de mis pulmones cuando fui consciente de lo que era: una mujer asiática que mostraba un intrincado tatuaje en la espalda.

Su figura se retorcía con sensualidad, tratando de mostrar su secreto al observador, pero consiguiendo mucho más.

Su elegante cuello de cisne se curvaba con erotismo, mientras su mano apenas rozaba el perfil de su rostro, dándole un toque de inocencia.

Era perfección y pecado en un mismo lote.

—Hermoso —escapó de los labios de un pasmado Jack a mi lado.

—Sí que lo es —convine con él.

—Tengo que verlo. —Con un movimiento rápido se giró hacia la puerta, decidido a entrar en aquella sala y contemplar aquella bella figura femenina con toda la definición que se merecía.

Como un burro detrás de una zanahoria, seguí sus pasos, atrapado por el deseo de ver más.

Quizás, con un poco de suerte, aquella mujer podría sacar de mis sueños calientes a cierta abogada a la que no podía seducir.

—¡Quietos ahí vosotros dos! —el grito de Tara nos detuvo a un metro de atravesar el umbral de la puerta—.

El santuario de una chica es inviolable, a menos que estéis dispuestos a perder lo que os convierte en hombres.

—Su mirada fue directa hacia nuestros genitales, que protegí con mis manos en acto reflejo, y no fui el único.

—El primero que consiga entrar que saque una foto y se la mande al otro —susurró Jack a mi oído. Bueno, al menos en esto estábamos juntos.